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Los jugadores del Barça, el periodismo y las redes sociales: portavoces de sí mismos

El uso de Periscope por parte de Piqué ha puesto en cuestión el rol de los informadores y ha aventado la tensa relación entre el vestuario azulgrana y parte de la prensa

Albert Guasch

Dani Alvés, de vacaciones con su novia.

Dani Alvés, de vacaciones con su novia.

No hace falta un olfato desarrollado para percibir que en el vestuario del FC Barcelona corren vientos hostiles hacia la prensa deportiva. Recordemos los hechos: Gerard Piqué 'puentea' a los micrófonos tras los partidos y se comunica con sus seguidores a través de la aplicación Periscope. Y editorializa sobre ello: "Las zonas mixtas están muy bien y atenderé a la prensa siempre que me toque. Los periodistas son buena gente y hay que atenderlos. Pero a veces pasa lo que pasa: contestas y te cortan; luego emiten lo que quieren, solo las respuestas y las palabras que interesan para vender más. Aquí no hay malentendidos, que últimamente han habido demasiados".

No es el único caso de jugador puesto a amonestar a la clase periodística. Cómo olvidar la crudeza de Dani Alves a través de Instagram. "Hoy somos objetos utilizados por la prensa para que ellos se beneficien, para que ellos vendan periódicos. Cada vez más se habla menos de fútbol, de estrategia, de las jugadas, de los regates, de los goles, de las paradas y del espectáculo. Qué puta basura que son". Sí, dijo para vender más periódicos... Qué amargo sentirla como una expresión antigua.

El magnífico lateral que es Jordi Alba también vociferó a cuenta de algo tan trivial como una cartulina amarilla que no le enseñaron ante el Arsenal. "O yo no estuve en el encuentro o algunos medios de comunicación vieron otro encuentro. Y COMO ESTO, MUCHAS OTRAS COSAS.... Confirmar y despues informar". Una nota en Instagram que venía con hashtags explícitos y en caja alta, para resultar más exclamativos: #DEJAR DE MANIPULAR INFORMACION #BASTA YA DE ENGAÑAR A LA GENTE 

REVISAR COMPORTAMIENTOS

Se podrían incluir en este repertorio las frecuentes frases impacientes de Luis Enrique en las ruedas de prensa. O el incidente físico del padre de Neymar con unas cámaras en posición paparazzi. Es evidente que el respeto hacia el periodismo escasea en el seno del brillante vestuario azulgrana. ¿Están cargados de razones los futbolistas? Siempre cuesta juzgar la sensibilidad de otros y el grosor o finura de su piel. Pero se diría que esta desconfianza no es nueva. Puede que sea consustancial al oficio de estrella del balompié. El tiempo suele curar estas heridas. En las cabinas de comentaristas abundan exfutbolistas que en su época de gloria deportiva trataban al de la libreta con desdén clasista.

"Me consta que en el vestuario del Barça existe un malestar con algún segmento del periodismo", anota Joaquim Maria Puyal

No obstante, parece que en estos momentos ha hecho poso una animadversión más agria que en otras épocas. La decisión de Luis Enrique de vetar a los medios de comunicación en el avión del equipo refuerza esa impresión. "Antes la relación entre el periodista y el jugador era más cercana y personal. Ahora me consta que en el vestuario del Barça existe un malestar con algún segmento del periodismo por cómo se les representa en algunas informaciones", apunta Joaquim Maria Puyal, de Catalunya Ràdio, que entiende la nueva relación en el marco de "un problema complejo".

¿Vamos a ser cada vez menos necesarios los periodistas como intermediarios entre los protagonistas y los aficionados? "Vivimos en una época en que los avances tecnológicos ofrecen nuevas posibilidades y no podemos hacer otra cosa que adaptarnos. Además, el periodismo y su modelo de negocio están en crisis y el propio periodista ha perdido fuerza y personalidad. Los protagonistas pueden ahora dar su versión sin pasar por la intermediación periodística. Nosotros como colectivo debemos revisar nuestros comportamientos y fortalecernos frente a las presiones del poder y la empresa", opina Puyal.

COMO MULTINACIONALES

Es sabido que en los últimos años el periodismo deportivo ha cambiado. Se ha ampliado a territorios más rosa, más histriónicos, espectacularizando las piezas informativas y teatralizando los debates. Es fácil pensar en este sentido en las tertulias televisivas de la noche y noticiarios del mediodía, que son los que enojan principalmente a los jugadores. Pero no somos inocentes los medios generalistas cuando nos dejamos seducir por la tentación del clic con titulares llamativos. Ante este panorama, puede resultar comprensible que los futbolistas opten primariamente por convertirse en sus propios portavoces a través de la infinita variedad de las redes sociales.

"Los futbolistas, con sus millones de seguidores, son multinacionales andantes", comenta Xavi Martín, exdirector de comunicación del Barça

Neymar, Piqué y Alves forman, quizá, el tridente más prolífico. Y lo son, no solo por el prurito de hablar con voz propia a sus seguidores y ningunear de paso al periodismo, lo cual tampoco es estrictamente así, porque, aunque muy a cuentagotas, entrevistas siguen dando. Son prolíficos porque existe un negocio. "Son multinacionales andantes", apunta Xavier Martín, exdirector de comunicación del FC Barcelona. "Las empresas están interesadas en asociarse a un deportista como Piqué con 12 millones de seguidores. O con Neymar, con toda una industria a su alrededor. Estos jugadores saben monitorizar su presencia en las redes. Algunos tienen detrás a un ejército de expertos en comunicación. Han aprendido a gestionar su marca personal mejor que el propio club", opina. Apelan, básicamente, al 'voyeurismo' del aficionado con un contenido atractivo. ¿O no es más entretenido ver a Piqué enseñando de forma desenfadada sus bocatas de Nutella (marca al canto) y bromeando con sus compañeros en el autocar que unas declaraciones ante los micrófonos en la zona mixta?

Martín explica que en su época al frente de la comunicación del Barça hubo un intento por establecer un protocolo en el uso de las redes sociales. Sin éxito. No cuesta entender la razón. E intentó también abrir a la prensa el vestuario tras los partidos, como en la NBA o la NFL, para "desbunkerizar", dice, el espacio íntimo. Lo logró en las secciones, no en el fútbol. Ahí dentro solo accede el fotógrafo oficial. Ni siquiera la televisión del club.

En este aspecto, no es el Barça distinto al Madrid o cualquier otro club. Un muro separa ancestralmente a las estrellas del fútbol y los periodistas. Y los organizadores de las competiciones no han hecho nada por derribarlo. En las motos, en la Fórmula 1 o el Tour, los protocolos de atención a los medios son estrictos y regulares. Malos tiempos, pues, para el intermediario balompédico.

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