NOVEDAD EDITORIAL

Suárez, el genio olvidado

El periodista Gil Carrasco recupera en un libro la figura de Luis Suárez, el único Balón de Oro español que el Barça no apreció y que tuvo que ir al Inter para ser reconocido

Suárez controla el balón ante un jugador del Zaragoza en un partido de Liga en el Camp Nou.

Suárez controla el balón ante un jugador del Zaragoza en un partido de Liga en el Camp Nou. / ARCHIVO

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Sabiendo ya que Luisito Suárez iba a jugar su último partido vestido de azulgrana y con el equipo medio lisiado tras la batalla de Sarrià, los jugadores del Barça llegaron a Berna próximos al agotamiento mental y físico. Orizaola determinó que al césped del Wankdorf de Berna, la tarde del 31 de mayo de 1961, salieran Ramallets, Foncho, Gensana, Gracia, Vergés, Garay, Kubala, Kocsis, Evaristo, Suárez y Czibor. Al entrar en el estadio, Kocsis dijo: "No me gusta". Algunos compañeros le respondieron que no fuera gafe. Pero Kocsis y Czibor presentían el gafe. No podían olvidar que siete años antes, en 1954, habían perdido con Hungría la final del Mundial ante Alemania (2-3) (...).

Suárez ya había sido traspasado al Inter, pero en Berna fue el mejor del Barça. Organizó el juego como siempre, corrió de un lado a otro, se hartó de dar pases en profundidad y sudó la camiseta como el que más. Suyo fue el centro preciso desde la derecha que permitió a Kocsis cabecear a la red el 1-0. Era el minuto 20 y el equipo azulgrana era infinitamente superior a su adversario. Sin embargo, el Benfica le dio la vuelta al resultado antes del descanso con un gol de Águas y otro de Ramallets en propia puerta; el portero barcelonés, fallecido en el 2013, se justificó afirmando que el sol le había deslumbrado. El panorama se oscureció en el minuto 10 de la segunda parte, cuando Coluna agarró una tremenda volea desde el borde del área. Suárez insistía en sus lanzamientos largos a las bandas y el Barça atacó sin parar, pero los postes cuadrados del Wankdorf devolvieron tres balones de Kocsis, Kubala y Czibor -tres húngaros--, hasta que Czibor, a falta de un cuarto de hora, atizó un zurdazo que sería el 2-3 definitivo. Kubala, que jugó lesionado, fue una sombra de sí mismo pegado a la banda derecha (...)

La espina clavada

Hablando de la final de Berna, Suárez considera que fue «la nota negativa» de su paso por el Barcelona. «De todas las finales que he jugado es la única que perdí --indica-- y, sin embargo, por cómo se desarrolló el partido, era la que tenía que haber ganado. Se me quedó esa espinita clavada porque la Copa de Europa es una competición muy grande».

El verano de 1961 marcó así el final azulgrana de Luis Suárez, un futbolista de oro cuya carrera se adornó con diamantes en Italia --vestido de negriazul fue tres veces campeón de Liga y ganó dos Copas de Europa-- y el triste comienzo de los años de plomo del Barça --ninguna Liga entre 1961 y 1974--, que cayó en una vorágine de altas y bajas y en una lamentable sucesión de entrenadores.

Aquel verano, además de Suárez, se marcharon Kubala y Ramallets (retirados); Czibor, que fichó por el Espanyol, y Tejada, traspasado al  Madrid. La retirada de Kubala fue temporal, pues en 1963 descolgó las botas, cruzó la Diagonal y se fue al Espanyol (...). Para un club tan grande como el Barça no hay factura de un nuevo estadio que justifique la venta de un jugador como Suárez. Un estadio, por cierto, presupuestado en 1954 en 90 millones de pesetas y que acabó costando 288 (...).

El caso es que, en 1961, las cuentas no le cuadraban a la directiva, la oferta del Inter por Suárez era muy jugosa --cuando Allodi habló de 25 millones de pesetas, "en el Barcelona no creían que fuera verdad", dijo Suárez tiempo después-- y Helenio Herrera seguía llamando al jugador para que se fuera con él a San Siro. No obstante, es probable que si el Barça le hubiera hecho una buena contraoferta, Suárez lo habría pensado dos veces.

Al no ser así y, decepcionado por la difícilmente asimilable antipatía que le expresaba parte del público, Suárez dio el paso que tenía que dar. Si a uno no lo quieren en una empresa y hay otra que lo está esperando con los brazos abiertos y con una compensación material que casi triplica la establecida, el sentido común aconseja cambiar de aires. Si el razonamiento de Suárez para irse fue lógico y humana y económicamente comprensible, no lo fue, en cambio, la actitud del club azulgrana. ¿Nos atrevemos a imaginar que, a causa de una deuda agobiante, el presidente del Barça se desprendiera de Messi? Es curioso: el Barça no reparó en gastos para construir el Camp Nou y poder llenarlo de gente que quería ver a Kubala, pero miró el dinero con lupa para acabar de pagar el nuevo estadio. Y por eso traspasó a Suárez. Esa fue la razón principal, pues la división entre kubalistas y suaristas ya no tenía razón de ser. Kubala tenía 34 años y estaba en la última estación (se bajó del tren azulgrana el mismo año, 1961, de la marcha de Suárez al Inter) y Luisito tenía 26 y estaba reconocido como el mejor futbolista de Europa. Para su propia desgracia, el Barça prefirió la materia al espíritu (...).

Mejor olvidar

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Suárez prefiere olvidar. Practica la máxima de que el hubiera no existe --si todo el barcelonismo lo hubiera querido, como quiere y adora ahora a Messi; si el Barça hubiera tenido la voluntad de conservarlo, haciéndole una contraoferta que le hiciera desechar lo que le ofrecía el Inter (...)--, por lo que al rememorar el ambiente, las circunstancias y las causas de que saliera del Camp Nou y entrara en San Siro, lo hace con pocas palabras: "Yo estaba bien en la ciudad y en el club, con los compañeros, con todos los compañeros, incluido Kubala, ¡eh!, pero la mitad de la gente no me quería. Y el Inter me pagaba más del doble, y Helenio Herrera me reclamaba. Así que...".

Extracto de 'Luisito. El Balón de Oro que el Barça no supo apreciar' (Editorial Saldonar).