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La apuesta argentina

Fan de Messi y del toque

GERARDO MARTINO apuesta por el fútbol vistoso y honesto, alejado de las artimañas

ABEL GILBERT / Buenos Aires

«En algún momento, Messi jugará en el Newell's Old Boys», había pronosticado el que era su entrenador, Gerado Martino. El Tata, como le llaman desde su niñez, nunca imaginó, en el momento de expresar ese anhelo de hincha, que le esperaba un futuro como entrenador del Barça, nada menos que al lado del mejor del mundo. «Me costaría decirle algo», dijo en aquella entrevista a Fox Sport, consultado sobre esa situación remota que ahora se hace realidad.

Nacido en la ciudad de Rosario en 1962, el Tata fue un volante exquisito. Debutó en 1980, a los 17 años, y ganó tres campeonatos. «Tenía mucha técnica, pero era vago, no corría. Ahora ya no se juega como yo jugaba. Hasta 1987, fui número cinco, después (José) Yudica me puso de enganche, siempre con volantes sacrificados al lado», se definió Martino años atrás.

Es fanático de los leprosos, como son conocidos los aficionados de Newell's, como Jorge Messi, padre de Leo, quien sabe lo que significa el nombre de Martino para ese club. Y pensar que, en sus inicios, despertó cierta controversia. ¿Quién era ese muchacho que no paraba de protestar en la cancha? «Al principio, todo me fastidiaba: los fallos del árbitro, la arrogancia del rival, un mal pase de un compañero...». Si el primer Martino fue irascible, el tiempo (y las circunstancias) lo sosegaron. «Hasta los 27 años, acumulaba 13 expulsiones, y 12 eran por protestar. Después, cambié bastante, maduré».

Martino se lucía con su toque y una zancada elegante, al borde de la displicencia. Era temperamental y, a la vez, de una emoción contenida a la hora de saborear las victorias. «Por mi forma de ser, casi no grito los goles. Como jugador, también era poco expresivo, muy aburrido. Siempre despotriqué contra los que saltan los carteles y se trepan al alambrado. Yo lo hice una sola vez, cuando fuimos campeones en el 90», recuerda

Consagración en Paraguay

Fue jugador del seleccionado nacional, pero nunca logró la continuidad necesaria. En 1998, inició su carrera como director técnico. No le fue bien en Argentina, pero tuvo su revancha en Paraguay, donde consagró al Cerro Porteño y al Libertad en numerosas oportunidades. Asumió la conducción del seleccionado paraguayo en el 2007. Lo clasificó para Sudáfrica 2010 y logró el segundo puesto en la Copa América 2011.

La figura de Martino quedería asociada al Newell's, al que dirigió en 1991 Marcelo Bielsa. De él heredó no solo una manera de mirar el fútbol (la vocación ofensiva, la obsesión por el trabajo semanal) sino, también, un código ético. Hasta incorporó algunos modismos e inflexiones a la hora de hablar de quien ha sido su referente. «Cuando te comparan con alguien que te gusta, está todo bien, no te vas a quejar. Quizá hasta terminas trabajando muchos años por eso: hay 19 equipos que quieren a Bielsa y como no lo pueden contratar, llaman al otro. La etiqueta me favorece, ¿para qué me voy a ocupar de desmentirlo todo?». Jorge Solari, padre de Santiago Solari, exjugador del Madrid, fue otro de los técnicos que dejaron su huella en el Tata.

Martino estaba cómodo en Paraguay cuando Newell's caminaba por un desfiladero que apuntaba a la pérdida de la categoría. Volvió para darle una mano al equipo de sus amores. Logró convencer a algunas de sus exestrellas (Maxi Rodríguez, Heinze...) para pelear por el mismo sentimiento. No solo logró salvarlo del temido y vergonzante descenso; los rojinegros ganaron el reciente campeonato argentino y perdieron por penaltis en las semifinales de la Copa Libertadores ante el Atlético Mineiro de Ronaldinho.

Martino se fue de Newell's asqueado por la lógica del fútbol argentino, donde un entrenador es destituido si pierde tres partidos consecutivos, y por la violencia letal que rodea a los estadios. Si algo no esperaba el Tata, es este regalo del cielo: llegar al Barça de Messi.