29 oct 2020

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El último compromiso

Sin bajar la guardia

Guardiola quiere asegurar la Copa tras reconocer que el equipo se siente «feliz y honrado» por los elogios recibidos

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
BARCELONA

Las paredes de la sala de prensa de la Ciudad Deportiva Joan Gamper todavía goteaban emoción, sensibilidad, coraje, valentía, empuje. Más de 10 y 12 ojos de algunos de los presentes estaban húmedos, emocionados, temblorosos ante lo que habían presenciado cuando apareció Pep Guardiola para mostrarse, cómo no, el hombre más feliz del mundo por haber transportado a miles de hogares catalanes la satisfacción, no solo de un nuevo título, el 13, perdón, el 14 (él cuenta su ascenso a Segunda B con el filial como primer logro), sino también la imagen de un Barça, el suyo, que juega de maravilla y recibe los elogios del mundo entero, incluso de los brasileños.

Pero, minutos antes de que el auténtico mejor entrenador del mundo apareciese en la sala de prensa, en esa misma mesa se cababa de proyectar algo maravilloso (¡no se lo pierdan, por favor, les temblarán las manos, llorarán de emoción y agradecimiento¡), el magistral y enternecedor documental Soufian, el nen que volia volar, obra de cuatro locos de TV-3

en el que relatan la lucha por ser alguien, grande, inmenso, de un niño marroquí, de 11 años, instalado desde hace años en Manlleu, que perdió las piernas por culpa del síndrome Laurin-Sandow (malformaciones en los dedos, tibia, peroné...) y cuyo lucha por superar su situación, siempre con una sonrisa, le lleva a admirar a Leo Messi hasta que la Pulga le dice un día en el Camp Nou: «Lo siento, Soufian, tú me admiras a mí, pero sos vos quien ha de servirnos de ejemplo a todos los demás». Anoten la fecha: 2 de enero, TV-3, 22.30 horas. Pura televisión, cine y gallina de piel.

SERVIR DE EJEMPLO / Nada que ver con el día a día de la élite futbolística, que ha prestado a su mayor estrella para completar, otro más, el sueño de un nuevo culé, nacido en Marruecos, cuyos padres, Mimoun y Ouafae, están, desde hace años, totalmente integrados en la vida de la sociedad catalana. «No he visto el documental, no, pero me han hablado de él», explicó ayer Guardiola. «Y, evidentemente, para nosotros es maravilloso que el mundo, los niños, la gente se fije en este equipo y lo tome como ejemplo de trabajo, entrega, disciplina y muestren su admiración por unos jugadores que lo dan todo, todo, en el campo. Estos jugadores no engañan y puede, sí, que los niños sean los primeros en detectar esas cosas. Insisto, el mayor orgullo que tenemos es jugar para la gente y hacerles felices. Ojalá dejemos ese poso en la gente: gente honrada que pelearon por cumplir con su trabajo, por hacer feliz a los demás».

Y, en ese sentido, Guardiola sabe que no puede hacer feliz a todo el mundo, de ahí que pasara de puntillas por el término «partidillos» utilizado por Mourinho para felicitarles. «Estamos en Navidad, no le demos importancia. También dijo que era más difícil ganar la Champions y, en eso, le doy la razón». El míster sobrevoló su renovación con igual habilidad: «No me agobia que empecéis a hablar de eso. Cuando lo decida, lo sabrá el presidente. Y ya os digo que no depende de que ganemos o no. Sé lo que hago y cuándo he de hacerlo. Que la gente esté tranquila».

NI RASTRO DE NEYMAR / Guardiola llegó al entrenamiento previo al partido copero de esta noche («peligrosísimo, esto es el deporte de élite: vienes de ganar un Mundial y te pueden dejar sin la Copa») procedente del colegio de su hija Valentina donde bailaba y cantaba en la despedida del año. Y se le veía feliz, sonriente, suelto. También puede que esa felicidad viniese de la hora larga que pasó con Villa en la Quirón. «Le vi muy bien y eso es bueno, porque su felicidad puede influir en acortar los plazos».

Guardiola espera que los elogios, «que no se pueden cuantificar», aumenten la fuerza de su equipo y suponga un impulso positivo. «Insisto, esos piropos son maravillosos, pero no te coloca en octavos de final de la Copa del Rey, así que espero que el equipo salga tensionado y con deseos de hacer un gran partido».

La charla acabó, cómo no, con una referencia a Neymar. ¿Es cierto que le pidió que le fichase para el Barça? «No, no es cierto. No hablé con él. Ni una palabra. Bueno sí, me saludó y emitimos, los dos, unos sonidos guturales, simplemente, no más».