El regreso más esperado

La cuadratura del cuatro

Cesc cierra el largo viaje de ida y vuelta para recuperar una camiseta que era suya

Las primeras botas, del número 29 (derecha), y unas de las últimas.

Las primeras botas, del número 29 (derecha), y unas de las últimas. / JORDI COTRINA

5
Se lee en minutos
JOAN DOMÈNECH
BARCELONA

Las lágrimas que derramó ayer Carlota Fàbregas eran las mismas que se le escaparon cuando su hermano se marchó en el 2003. La emoción que las provocó era distinta. Cesc se fue a Londres para labrarse un porvenir como futbolista. Sin que nadie le despidiera, hiriendo al aficionado culé que lo interpretó como un gesto de traición. Carlota se echó las manos a la cara, sentada en la tribuna del Camp Nou, cuando le vio aparecer con la camiseta del Barça y el 4 a la espalda. Igual que hace ocho años. Pero detrás de ella había 30.000 personas aplaudiendo el regreso a casa del hijo pródigo. Cerrando la cuadratura del cuatro.

LA FORMACIÓN «Vino el Espanyol y vendrá el Barça»

La carrera de Francesc Fàbregas Soler (Arenys de Mar, 4 de mayo de 1987) se ha caracterizado por la precocidad. Una característica común en los grandes talentos, tipo Leo Messi.«A los 16 debuté con el Arsenal, a los 18 jugué una final de la Champions, a los 19 participé en un Mundial, a los 21 fui capitán del Arsenal»,relató ayer. No lo contó para exhibir su historial, sino para reconocer que era un privilegiado.

Nunca lo habría imaginado Cesc cuando a los 7 años empezó a jugar a fútbol sala en el colegio La Presentació, a los 8 simultaneaba sus presencias con el CF Arenys y, al año siguiente, con el equipo alevín, con niños mayores que él.

A los 10 le fichó el Mataró. Su talemto era conocido en el Maresme.«Vino el Espanyol, y vendrá el Barça»,avisó un técnico del Mataró a Francesc Fàbregas padre. Los dos grandes tenían un convenio con el club. Ese primer pulso lo ganó el Barça, que fichó también a Pereira. Años más tarde, el Espanyol volvió a la carga con el mismo resultado. El Barça lo dejó en el Mataró aquella temporada de primer año de alevín, en la que coincidió con Sergio Sánchez, el excentral del Espanyol que tuvo una dolencia cardiaca en el Sevilla y con quien se reencontrará en la primera jornada de Liga cuando el Barça visite al Málaga. Cesc entrenaba los martes y los jueves con el Mataró; los lunes acudía a Barcelona para entrenarse con sus futuros compañeros.

LA EVOLUCIÓN De Albacete a Helsinki y luego a Londres

En el alevín A del Barça que entrenaba Rodolf Borrell se gestaba la célebre hornada del 87. Cesc coincidió con Gerard Piqué, Marc Valiente, Marc Pedraza y Víctor Vázquez. Al quinteto de capitanes se les unió, en el Infantil A, un chaval callado que se llamaba Leo Messi. El equipo se tornó imbatible en Catalunya. Campeón sucesivamente de Liga hasta la categoría cadete A. El último entrenador de Cesc fue Tito Vilanova, la mano derecha de Guardiola.

Aquel equipo jugaba con el 3-4-3 que instauró Johan Cruyff a pesar de que hacía un lustro de la marcha del holandés. Seguramente por influencia de Carles Rexach. Vilanova intuyó que de aquel vivero saldrían futbolistas para el primer equipo. Pero no fue el único. Los directivos del Barça, aquella temporada, bastante tenían con la crisis que vivía el club como para atender a la cantera.

Los ecos de aquel equipazo llegaron a oídos de Francis Cagigao, un ojeador gallego que trabaja para el Arsenal. Empezó entonces el proceso de captación que sigue el club inglés. Cagigao se quedó prendado delcuatro,de Cesc. Lo siguió cinco partidos. Un técnico inglés viajó a Barcelona para analizarle otros cinco partidos y luego, los dos coincidieron en otros cinco antes de avisar a Arsène Wenger, la figura plenipotenciaria de los gunners.

Cesc y el Barça encadenaron la Liga, la Copa y el Campeonato de España al batir al Athletic en Albacete. Fue su último partido de azulgrana. Después partió al Mundial sub-17 de Finlandia -España perdió la final ante Brasil por 1-0 en Helsinki- y de ahí a Londres. Le esperaba Wenger.

LA CONSOLIDACIÓN El primer récord de precocidad

No era la primera vez que le veía, sino la segunda. Había viajado a Londres con Francesc y Núria, sus padres, de incógnito meses atrás. Era un desplazamiento de cortesía. Cesc ya tenía representante, Joseba Díaz.«Era necesario ya entonces. En el Barça te hacían firmar un contrato que por lo menos tenía 30 páginas»,explicó Cesc padre. Les llevaron a Saint Albans, la casa del Arsenal. Les enseñaron las instalaciones, el comedor,la parábola del biombo:el obstáculo que separa al equipo de reservas del primer equipo. Entraron en una sala y, en una aparición efectista, irrumpió Wenger para presentar la oferta y los planes que tenía para Cesc. El jugador, en la frontera de los 16 años, alumno de ESO, quedó boquiabierto. Sobre todo porque el futuro en el Barça era negruzco. No había interlocutor en el club, sumido en una crisis institucional con Gaspart y un inminente proceso electoral. Tuvo que comunicar su marcha con un burofax a las oficinas.

Era un contrato de cuatro años, diseñado como una beca. Viviría en una casa particular. El Arsenal invitó a Albert, Jaume y Toni, sus mejores amigos, para que pasaran un fin de semana en Londres con él. Francesc y Núria fueron avisados del debut. Fue el 23 de octubre del 2003 en la Copa de la Liga ante el Rothertam. Cesc tenía 16 años y 177 días. Fue su primer récord de precocidad.

EL REGRESO Un compromiso de vuelta ya firmado

Noticias relacionadas

Inicialmente no estaba previsto que jugara con el primer equipo hasta la segunda temporada, pero entonces ya convivía con Henry, Campbell, Ljunberg, Senderos (su compañero de residencia) y compañía.«Wenger me ha ofrecido el 4 de Vieira»,llamó Cesc ilusionado a Arenys. Tres años después (2008), le entregó el brazalete de capitán.

Por entonces, el Barça ya andaba al acecho. Se planteó recuperarle en el tramo final de la era Rijkaard para sustituir a Deco, pero el fichaje de Guardiola y la moción de censura a Laporta sumieron al Barça en la incertidumbre. El Real Madrid quiso anotarse un fichaje propagandístico. Predrag Mijatovic, el director técnico durante el mandato de Ramón Calderón, le ofreció 6 millones limpios anuales y cinco años de contrato. Se llevó una negativa. La misma que escuchó el emisario de turno madridista que una vez al año le tanteó. Cesc ya miraba al Camp Nou. Hace más de un año que se comprometió, con el Barça de Laporta, firmando un contrato provisional a la espera de que el Arsenal le abriera la puerta para volver a casa.