27 nov 2020

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Dos estrellas, dos mundos

Messi vuela entre récords hacia otro doblete: balón y bota de oro

«Es increíble, puede ser el más grande de todos los tiempos», afirma Wenger

MARCOS LÓPEZ
BARCELONA

Messi festeja su primer gol al Madrid, el miércoles.

Messi festeja su primer gol al Madrid, el miércoles. / JORDI COTRINA

En Brasil, Ronaldo, aquel extraterrestre que aterrizó en Santiago en octubre del 1996, se removió asombrado el pasado miércoles en un plató de Globo TV. En Londres, entretanto, Arsène Wenger, el técnico del Arsenal, no daba crédito a lo que acababa de ver por la televisión. En Madrid, sobre la pradera del Santiago Bernabéu, Leo Messi era alzado por Xavi, su compañero, amigo y socio, para que el madridismo supiera quien es realmente «el puto amo» del fútbol.

«Fue un gol maravilloso», dijo Ronaldo, exjugador del Barça y del Madrid, recientemente homenajeado por Florentino Pérez en el templo blanco. Se refería a ese momento en que Messi se disfrazó en el Bernabéu de Maradona. Una vez más. En el primer gol, según el propio Ronaldo, demostró que también sabe marcar «como un delantero centro», como si fuera un Etoo de la vida o un Hugo Sánchez. Agazapado a la espalda de Xabi Alonso y colándose furtivamente en el área blanca entre cuatro madridistas para batir a Casillas al primer toque tras un preciso, y a la vez fuerte, centro de Afellay.

OCHO SEGUNDOS DE MAGIA / Pero Ronaldo no se refería al 0-1. Con ser bonito y valioso no tuvo la dimensión maradoniana del 0-2. En ocho segundos, Messi decidió que el camino más corto para llegar a Wembley era trazar un eslalon inolvidable. Tuvo tan solo la colaboración de Sergio Busquets en el inicio de la jugada. Más bien se apartó Busi del escenario cuando le dejó la pelota -dos imperceptibles toques- para que nada perturbara tan bella obra. Agarró el balón Messi y nadie se lo quitó. Dio incluso la sensación de que iba derribando jugadores con la mirada. Lass no pudo atraparle, Sergio Ramos se asustó al verle pasar como un cohete, Albiol quebró su cintura ante tanto regate y Marcelo siempre podrá decir que vio en primera fila una de las obras cumbres de Messi.

¿Y Casillas? Solo le faltó decir su frase preferida cuando juega contra el Barça: «Yo flipo». Quien flipaba en silencio era Mourinho, ya sentado en la tribuna del Bernabéu. «Fue un gol maravilloso, quedará siempre en la historia del fútbol», pregonó Ronaldo, relatando los prodigios técnicos del gol. «Conducía todo el rato el balón muy cerca de su pie. Cada paso suyo, era un toque. Era muy difícil frenarlo, casi imposible por lo rápido que es», añadió el exjugador.

PEQUEÑAS MOLESTIAS FÍSICAS / Mientras el mundo se pregunta donde está el límite de Messi -¿existe realmente?, el argentino no pisaba ayer el campo de la ciudad deportiva. Masacrado a golpes en el Bernabéu, no salió a entrenar y Guardiola decidirá hoy si juega mañana en San Sebastián o le da descanso. No sufre ninguna lesión muscular y solo goza de unas horas de relax en su infinita carrera hacia la leyenda, persiguiendo otro doblete: Balón de Oro, sería el tercero consecutivo, y Bota de Oro, premio al máximo goleador europeo. Firma números de otra época (52 goles en 50 partidos) y marca de todas maneras: el 0-1 con la izquierda, el 0-2 con la derecha. «Es increíble, puede ser el jugador más grande de todos los tiempos», proclamó Wenger, el técnico del Arsenal.