la situación de los dos grandes

Una Copa, dos mundos

Guardiola se lleva a toda la plantilla para festejar el pase a la final mientras el Madrid aguarda con inquietud al Sevilla

Mourinho atiende a una pregunta en la sala de prensa de Valdebebas.

Mourinho atiende a una pregunta en la sala de prensa de Valdebebas. / AGUSTÍN CATALÁN

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JOAN DOMÈNECH
BARCELONA

Como si se tratara de la primera oportunidad que tiene de clasificarse para una final, y será la número 34 que dispute de la Copa del Rey, el Barça viaja hoy con toda la plantilla a Almería. Una prueba del entusiasmo que late en el vestuario de poder disfrutar de un nuevo éxito, reforzada esta vez con el cómodo 5-0 que obtuvo en la ida. El Madrid, en cambio, recibe al Sevilla, el vigente campeón y que eliminó a los azulgranas el año pasado, con la inquietud instalada en el cuerpo. También defiende un margen favorable (0-1), pero en el Bernabéu no las tienen todas consigo. Todo apunta, sin embargo, a que habrá el sexto clásico en la final que se jugará el 20 de abril.

La misma copa engloba dos mundos muy distintos. La ilusión del Bar-

ça contrasta con la preocupación del Madrid, más allá de la abismal diferencia de juego y de resultados que presentan. Ocho a cero en títulos en las dos últimas temporadas es una hemorragia que José Mourinho ha sido incapaz de detener. Ni con sus instrucciones en el campo ni con su verborrea en la sala de prensa. Más inexpresivo y contenido, Guardiola prefiere que sean sus hombres los que hablen sobre el césped. Ahí, sobre el tapete, no hay color.

EL «ÉXITO» DE SER FINALISTA / Guardiola solo se encarga de echar agua al vino. Mejor dicho, de mantener tapado el vino porque no ha llegado la hora de las celebraciones. Tal vez en el avión de regreso desde Almería se descorche alguna botella. Siempre con el verbo condicional por delante, el entrenador azulgrana calificó de «éxito» el más que probable pase a la final. «Es la más bonita de la temporada, aunque la de la Champions es más prestigiosa», dijo. A ese avión se subirán también Puyol y Jeffren, lesionados.

«Viajamos todos porque todos los jugadores habrán sido partícipes de la clasificación», explicó Guardiola. En contraste con el generoso reparto de elogios a todos los componentes del vestuario, Mourinho se dedicó ayer a extender un manto de excusas para justificar la caída del Madrid. Al parecer, el declive de su equipo se ha producido por la ausencia de Pepe, uno de los cinco centrales que tiene en nómina. Sin ningún de autocrítica a la gestión del equipo, tanto por la dirección técnica como por la renuncia a dosificar a sus hombres, Mourinho fue más allá y achacó el declive físico del Madrid a la falta de costumbre de los jugadores de competir dos veces por semana. Es decir, al fracaso de años anteriores por no prosperar en la Copa ni en la Champions.

UN RECUERDO FRESCO / Guardiola, fiel también a su estilo, optó por refugiarse en la precaución. A pesar del colchón del 5-0 de la ida, idéntico al que tuvo el Barça en los cuartos ante el Betis. Precisamente los instantes de angustia que vivió en el Villamarín reforzaron la argumentación de ayer. «El recuerdo está demasiado fresco como para que nos confiemos», dijo, antes de proclamar que la mejor manera de defender un resultado es salir a ganar.

«Antes de un partido hay que tener miedo a perder», expuso Guardiola, sin poder ocultar tampoco que el Barça puede batir a cualquiera que se le plante por el camino. Algo irrefutable, vista la cantidad de víctimas que han quedado en la cuenta. Del Madrid al Manchester United, pasando por el Estudiantes de la Plata y acabando por el Hércules, donde el Barça se sacó la espina del 0-2 de la primera vuelta. Horas después, el pinchazo del Madrid le brindaba siete puntos de ventaja al frente de la clasificación.

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NI LA LIGA CHIPRIOTA / Un margen nada desdeñable, pero en absoluto definitivo. «Ninguna Liga se decide en enero, ni la chipriota», aseguró Guardiola. Un mensaje muy distinto al de Mourinho, que pronosticó la sentencia del campeonato si el Madrid se retrasaba a seis puntos del Barça. Son siete. Aunque fueran 12, la actitud del técnico azulgrana no cambiaría. Es un incógnita predecir siquiera el grado de autosuficiencia que exhibiría su colega portugués.

El listón de Guardiola es mínimo. «El objetivo es seguir compitiendo como hasta ahora. Eso ya será un éxito, ganemos algo o no».