11 ago 2020

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LA HISTORIA

Yo no fui quien inventó esto

POR JOHAN CRUYFF

Lo escribo de entrada, en el primer párrafo, y así, luego, podemos hablar de más cosas, de muchas más cosas relacionadas con esa idea que hemos decidido llamar La Masia. Esto no es cosa mía. Ni de nadie. Que quede claro que esto es cosa de muchos, de demasiados, como para que alguien ¿no importa el nombre y no importan las veces que sea citado como hacedor del milagro¿ crea que puede convertirse en el creador de ese concepto, de esa filosofía. Ni mucho menos. Así que, al igual que el resto de citados, agradezco el piropo pero no, esto no es cosa de uno. Ni de dos. Ni de diez. Es un asunto coral, muy coral.

Si esto está ocurriendo es porque muchos, empezando por todos los que dirigieron el club, decidieron seguir empujando en esa dirección pese a que, a veces, el equipo grande, el profesional, el del Camp Nou, no apostara en esa dirección. No importó, la gente que mandaba siguió apostando por la cantera, por La Masia, por los de casa. Y eso, amigos, forma parte del éxito actual pues, llegado el desánimo, el desencanto, hubiesen podido abandonar la cantera. Y no lo hicieron.

Más. Supongamos que, implantada esa idea, los ojeadores no encuentran jugadores adaptables a ese estilo. O que, si los encuentran, resulta que los técnicos que los preparan en La Masia no aciertan a la hora de crear escuela, estilo, la manera de jugar. Pongamos que queremos pequeños y los que mandan dicen que tienen que ser grandes, que con jugadores pequeños no se gana a nadie. Nada de eso ocurrió y todo el mundo siguió remando en la misma dirección.

¿Saben qué fue lo que me hizo pensar en todo ello? Se lo contaré: el escaso eco que los éxitos de los juveniles tenían en el equipo grande. Cuando llegué como jugador, en 1973, el equipo juvenil que entrenaba Laureano Ruiz acumulaba títulos y más títulos año tras año. Pero, al parecer, sus chicos no servían para el equipo profesional. Eso, comparado con nuestro Ajax, no tenía demasiado sentido.

Por eso, cuando regresé como técnico al Barça, decidí que todos nos pareciéramos en el estilo de juego. Ese sí fue un primer paso. Y eso fue bastante fácil porque los equipos de Laureano Ruiz ya jugaban a la holandesa. ¿Quieren tres ideas rápidas? Estas: aparición de la figura del 4, jugar con extremos-extremos y reciclar a extremos desgastados en laterales ofensivos y peloteros.

A partir de ahí surgieron otros conceptos. Sin duda, la filosofía de tener el balón y la broma de «si lo tenemos nosotros, no lo tienen ellos y no nos pueden atacar ni hacer gol». O aquella otra broma, real, auténtica, pronunciada un día por Charlie Rexach de que «correr es de cobardes». Es decir, no tiene sentido creer que vas a ganar simplemente si corres más que el rival.

Alguien, todos, decidimos que el Barça siempre mimaría a la cantera y siempre tendría la intención de jugar así. E, insisto, pese a que algunos técnicos, como Bobby Robson, Louis van Gaal o Llorenç Serra Ferrer, decidieron jugar con otro estilo, siempre hubo quien mantuvo las brasas por si, algún día, otro técnico quería volver a jugar así. Por eso fue vital que algunas generaciones ¿como la de Guardiola, Ferrer, Amor o Sergi¿ triunfasen, tuviesen éxitos, ganasen títulos. Pero también lo fue, sí, que otras, como la llamada Quinta del Mini, con De la Peña, Celades o Roger, sin tanto glamur o triunfos, demostrasen a los chicos que debían trabajar duro porque podían llegar a jugar en el Camp Nou como ellos.

Al fin y al cabo, amigos, lo más hermoso de La Masia es que sus habitante sepan, porque así lo refleja su historia, la de la residencia, la del club, la del primer equipo, su museo, sus vitrinas, que es posible llegar a jugar en el Barça formándose en casa y ser, como ocurre ahora, el alma del equipo.