Análisis

Los cinco golpes del Barça

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Elías Israel
Elías Israel

PERIODISTA

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El despertar del Real Madrid de la lona ha sido duro y frío, muy frío para los aficionados blancos. Cinco goles que, en la dura resaca, se traducen en cinco golpes.

El primero fue constatar ante 400 millones de testigos que la bandera del fútbol está en manos de su eterno rival de una manera definitiva. El Madrid es peor que el Barça y la mejor manera de empezar a solucionarlo es reconocerlo. Es un Barça que escribe en presente la historia del fútbol mundial. Un equipo de culto.

El segundo golpe tiene que ver con Mou, que eligió el peor momento posible para dejar de ser Mou. No reconoció esta vez esa enorme diferencia futbolística. Se traicionó a sí mismo. Es un técnico acostumbrado a intercalar trampas y minas al rival. Eso es lo que le ha dado su impresionante currículo en el Oporto, el Chelsea y el Inter. Sin embargo, el portugués fue políticamente correcto con el gusto del club y la crítica, dejó su piel de camaleón y se llevó la lección de su vida. Nunca había recibido cinco goles. Guardiola lo superó en todo.

El tercero tiene que ver con el señorío y el liderazgo. El que siembra vientos, recoges tempestades. Lo cierto es que la animadversión que provocan, sobre todo, Mou y Cristiano Ronaldo, envalentonó a todo el barcelonismo, desde el graderío hasta el terreno de juego, y la orquesta azulgrana se tomó el partido como algo personal. Sirvió su venganza en plato frío, hablando donde hablan los equipos del fútbol y con la voz más sutil, en forma de juego, que uno recuerda.

Triste fue el epílogo que decidió poner Sergio Ramos al partido con una patada tremenda y sendos manotazos a dos amigos como Puyol y Xavi. Como triste colofón, excepción hecha de Xabi Alonso, el silencio más absoluto. Ni siquiera unas disculpas a la afición del capitán Casillas. Raúl siempre daba la cara en las noches negras. ¿Dónde están los líderes? Por eso, sobró el gesto de Piqué con el rival aún en el campo. Saber ganar también forma parte de esa grandeza. Los profesionales, aún embargados por la máxima felicidad, deben respetar al rival herido.

El cuarto pasa por la cantera. El grado de identificación que se alcanza con los hijos futbolísticos que son los canteranos es inigualable en el mercantilizado mundo del fútbol. Ocho chicos de casa acabaron el partido en el Barça y casi fue metafórico que Jeffren culminase la obra de arte de su equipo con el gol que cerraba el mejor partido desde que Guardiola es técnico, que ya es decir. Desde La Quinta del Buitre, otro equipo que jugaba francamente bien y que generaba gran empatía, el Madrid no ha hecho más que dar tumbos con sus chavales. En Valdebebas hay una buena fábrica para los rivales.

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El quinto, el más doloroso, tiene que ver con la carga de profundidad de Pep en su rueda de prensa. Además de cantera, habló de un legado (Cruyff-Rexach) y de un proyecto. Un golpe sin citar en la línea de flotación del Real Madrid, donde se han visto muchos tumbos, un carrusel de entrenadores de distinto pelaje y una falta de proyecto deportivo lamentable, que invita a una gran reflexión.

P.D. : Los grandes equipos también se miden por las veces que se levantan. El Real Madrid, sin ser excelso, tiene un gen. Siempre vuelve.