26 may 2020

Ir a contenido

LA CONMEMORACIÓN DE UNA CONQUISTA

Los héroes de la segunda Euroliga del Barça: "Tocamos el cielo en París"

El club celebra el 10º aniversario del triunfo de uno de los equipos más fuertes en la historia de la competición europea

Luis Mendiola

Los jugadores del Barça posan con sus trofeos tras la final  / THOMAS COEX (AFP)

Los jugadores del Barça posan con sus trofeos tras la final 
Los jugadores del Barça mantean al técnico Xavi Pascual en plena celebración
El capitán Grimau riega con cava a todos sus compañeros tras recoger el trofeo

/

Este sábado se cumplirá el décimo aniversario de la segunda Euroliga de baloncesto del Barça. El título levantado al cielo de París un domingo 9 de mayo del 2010, siete años después de estrenar el palmarés en el Sant Jordi, culminó una de las actuaciones más dominantes que se recuerdan en una final.  Así como ‘El último baile’ recupera estos días en un documental de Netflix la figura de Michael Jordan como rey de la NBA, el recuerdo de la final de París devuelve la imagen de uno de los equipos más fuertes de la historia de la competición.

 “Hablando con mucha gente estos años, la impresión es que aquel es uno de los tres mejores equipos que ha habido en la Euroliga. Es una cuestión de gustos. Para algunos puede ser el mejor, para otros el segundo. Pero no hay duda de que está entre los tres mejores”, afirma Xavi Pascual en conversación con este diario. La historia de esa conquista se recoge en el documental “Siempre nos quedará París” realizado por Euroleague Basketball Insider, que pone el foco sobre aquella temporada arrolladora del Barcelona, que le permitió sumar el segundo título europeo del club en en una brillante final frente al Olympiacos (86-68) y que coronó a Juan Carlos Navarro  como el MVP europeo .

Aquella’ final four’ devolvió el orgullo al barcelonismo, como punto álgido de una etapa triunfal (4 ligas, 3 copas, 4 supercopas....),  colocó al Barça en el primer plano de la escena internacional  (en octubre de ese año venció a los Lakers de Bryant y Gasol en el Sant Jordi en un extraoficial pulso entre los campeones de Europa y de la NBA), y consolidó amistades que aún perduran.

“Hablando la pasada semana con Ricky (Rubio) y Victor (Sada), salió el tema de la Euroliga y lo recordamos como si fuera ayer. Es el año que tenemos más presente de nuestras vidas”, cuenta Jordi Trias. Aquel grupo que nació en la ‘final four’ del 2010, mantiene abierto aún un chat de Whatsapp  e intenta reunirse un par de veces al año en torno a una barbacoa.  “Al acabar esa temporada, yo tenía solo 19 años, pero le dije a Jordi que creía que ese sería el mejor año de mi carrera en conjunto. Han pasado 10 años y no me equivocaba”, apunta Ricky Rubio en una charla con El Periódico, desde su residencia en Barcelona donde aguarda el reinicio de la NBA.

“¿Qué nos hacía tan especiales? La química que creamos”, recuerda Roger Grimau, que era el capitán y sigue en el club, dentro de su estructura técnica. “Ganamos, sí. Pero nos reímos y disfrutamos. Acababan los entrenos y nos quedábamos hablando, tirando de medio campo,  salíamos a comer o cenar. En las concentraciones, 7 u 8 jugadores jugábamos a cartas en la habitación de alguno. Construimos un grupo muy especial”, explica. “ Lo mejor que se hizo en un equipo con tanta estrella como se reunió aquel año fue controlar los egos  y que cada uno supiera su rol y su papel”, valora Ricky.  

La época del sextete

No podría entenderse aquella conquista sin la ebullición de un club que vivía una época dorada. Meses antes, el Barça de Guardiola había logrado el sextete, la temporada perfecta. Aquella sensación de invulnerabilidad se había traslado también a las secciones. Laporta quería construir un proyecto ambicioso para el Palau y lo puso en manos de Pascual en la pista y de Joan Creus en los despachos.

Podría decirse que la victoria en la final frente a un Olympiacos de estrellas (Papaloukas, Teodosic, Kleiza, Childress, Bourousis...) empezó a construirse un año antes con una derrota en Berlín. Cayó el Barça en la semifinal de la ‘final four’ del 2009 frente al CSKA (78-82), lanzado por una actuación descomunal de Siskauskas (29 puntos). Pero esa derrota fue una motivación más. “Fue allí donde nos conjuramos para volver al año siguiente y ganar”, desvela Pascual.

Navarro, sonriente, sostiene el trofeo de MVP de la final / Amarko djurica (REUTERS)

Con la base del equipo que conquistó el título de Liga del 2009 (Sada, Navarro, Grimau, Trias, Lakovic, Basile, Vázquez...), con un núcleo importante de gente de casa, el Barça se reforzó de forma inmejorable en el mercado de verano. Del CSKA llegaron Morris y Lorbek; del Unicaja, Ndong; del Baskonia, Mickeal y del Joventut, Ricky Rubio. No parecía existir techo para aquella plantilla.

Solo dos derrotas

"Es el mejor equipo tácticamente que he entrenado nunca”, valora Pascual. “Cuando empezamos la temporada, todos sentíamos que era nuestro año, pero lo decíamos en voz baja. Los fichajes eran buenos,  los que estaban en casa tenían ese grado de madurez especial. Y al final fue así”, reflexiona el técnico. “Todos los jugadores, excepto yo, que tenía 18 años, estaban en su mejor momento. Navarro, Mickeal, Lorbek, Ndong, Vázquez....y eso coincidió con un staff técnico muy bueno. Cualquiera de los 12 hubiera sido titular en cualquier equipo. Daba gusto vernos jugar ”, añade Ricky.

No perdió un solo partido el Barça en la fase regular de aquella Euroliga, solo uno en el Top 16 y un partido en el cruce frente al Madrid de Messina, al que eliminó por 3-1 en unos ‘play-off’ apasionantes, llevándose las dos últimas victorias de la cancha blanca con dos exhibiciones de Navarro y Ricky. “Fue la primera vez que no celebramos el clasificarnos. Hasta entonces parecía que llegar a la ‘final four’ era un título.  Ese año llegamos con mentalidad de ir a ganar”, remarca Trias.

La semifinal emparejó al Barça con el CSKA, su verdugo de un año antes, al que superó por 64-54 después de un partido muy trabado. “Tengo grabada en la mente una conversación con Creus tras la semifinal en la que le decía que tenía  sensación de que no habíamos sido nosotros”, rememora Pascual. “Y Joan, que siempre era muy positivo, me dijo: ‘Tú tranquilo, en la final lo conseguirás’, con esa naturalidad que te decía las cosas. Y en la final sí que fuimos nosotros. Hicimos un partido muy completo. Nos dejamos ir y jugamos muy bien”.

El triunfo frente al CSKA en la semifinal solo hizo que acrecentar el cartel de favorito del Barcelona, que llegó a París escoltado por cerca de cinco mil aficionados, convencidos de que ese era el año para cruzar un umbral que se la había negado en el mismo escenario, el Palais Omnisports de Bercy, en 1991 y en 1996 con el maldito tapón de Vrankovic

Momentos imborrables

“No soy de los que lo recuerda todo”, apunta Grimau. “Pero de esa final tengo algunos momentos imborrables, como una ‘bomba’ de Juanqui en el tercer cuarto, y cuando entró,  pensé: ‘Ganamos seguro’. El momento de saltar a la cancha para hacer la rueda por donde estaba la gente del Barça, y es sensación de que no tocaba con los pies en el suelo, y mis ojos húmedos. Y después ese instante para la historia de levantar el trofeo, que intenté alargar todo lo que pude, un momento espectacular que no olvidaré, porque yo era un niño cuando las finales de la Jugoplastika y lloré cuando se perdieron. Y estar en ese instante allí, era la culminación de mi vida en el baloncesto”.

Busqeuts, Bojan y Piqué, como unos aficionados más, en un momento de la final / VALENTÍ ENRICH

Antes de aquella final, Pascual y su equipo técnico (Agustí Julbe, Chema Berrocal, Iñigo Zorzano) prepararon el terreno emocional  con un vídeo que pasaron a los jugadores en el hotel donde estaban concentrados, en el que recibían mensajes de sus familiares. Pero en la charla, el técnico de Gavà intentó revestir su mensaje de normalidad. Antes de saltar a la cancha, Navarro, poco dado a discursos, lanzó su propio mensaje, muy en la línea de Johan Cruyff:  “Salid a disfrutar de este momento, porque no sabemos si lo volveremos a vivir”. El grito que salió del círculo de jugadores fue unánime: “All in’ (todos dentro, implicados), el mismo que repitieron una y otra vez durante toda la temporada.

Laporta y los futbolistas, en la grada 

Pete Mickeal, con 10 de sus 14 puntos en el primer cuarto se encargó de abrir el camino hacia la eternidad. Pero todos acabaron por aparecer. Navarro, con sus 21 puntos, fue el MVP. Pero Vázquez y Ndong, con cuatro tapones casi de inicio, marcaron la ley en la zona. Morris y Lorbek anotaron triples importantes. Ricky marcó el ritmo. Sada tuvo un papel clave con el marcaje a Papaloukas después de no jugar ni un minuto en la semifinal. Y la final se tiñó de color azulgrana rápidamente, mientras Laporta, que siguió el encuentro desde la primera fila, junto a Piqué, Puyol, Xavi, Bojan y Busquets, no paraba de espolear a la grada. “Ahora valoro mucho más aquel título”, cuenta Ricky. “Era mi primera final y la gané y recuerdo a Basile diciéndome: ‘no es tan fácil como te crees; no es llegar y ganar’. Él llevaba muchos años intentándolo”.

“Un título siempre es muy especial, pero este en concreto, es incomparable. En ese momento tocamos el cielo en París. Si alguna vez había soñado con el éxito era eso. Se me hizo muy especial”, admite Pascual que confiesa un secreto. Solo ha visto algunas partes de esa final. Ni una sola vez completa desde aquel día. Pero este sábado se sentará en el sofá frente al televisor, a eso de las ocho de la noche, y volverá a revivirla, consciente de que ese partido forma ya parte de la historia.