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UN ANTIDIVO EN EL BANQUILLO

Laso, el triunfo de la normalidad

El título de la Euroliga en Belgrado consagra al técnico del Madrid, sometido a la lupa desde su llegada

Luis Mendiola

Pablo Laso, en un momento de la final de la Euroliga ante el Fenerbahçe

Pablo Laso, en un momento de la final de la Euroliga ante el Fenerbahçe / ALKIS KONSTANTINIDIS (REUTERS)

Después de firmar el pasado domingo uno de sus mejores resultados en el banquillo, de tumbar al Fenerbahçe de Zeljko Obradovic en su propia casa, en Belgrado, y de levantar la segunda Euroliga de su palmarés, Pablo Laso (Vitoria, 13 de octubre de 1967) se apartó unos minutos de la celebración del Real Madrid y se refugió en el silencio de su propio vestuario para disfrutar del momento. Tan solo hizo una llamada para compartir su felicidad. A su mujer, presente en las gradas del Kombank Arena, acompañada de sus tres hijos. “Era el momento de los jugadores”, argumenta.

El título europeo de Belgrado, la décima Copa de Europa del Madrid, ha encumbrado a Luka Doncic, el ‘chico maravilla’ con el que sueña la NBA; ha sido una recompensa merecida para Sergio Llull, el héroe del madridismo, que ha peleado durante ocho meses y medio por recuperarse de una lesión de ligamento cruzado de la rodilla derecha. Pero por encima de todo ha dejado un triunfador: Pablo Laso, un “tipo normal”, como acostumbran a definirle quienes trabajan con él en el día a día. Alguien que aún intenta disfrutar de un concierto de Love of Lesbian al lado de su mujer, que es capaz de saborear cada párrafo de “Patria”, el libro del Premio Nacional de Narrativa, Fernando Aramburu, o de rematar una jornada de baloncesto, sentado en el sillón de casa viendo uno los partidos de los 'play-off' de la NBA o una buena serie de televisión.

Muchos recelos

No solo eso. Laso es ante todo un resilente. Alguien que ha acabado por imponer un estilo que cautiva y llena las 15.000 localidades del Wizink Center, la cancha madridista, superando los muchos recelos que generó desde su llegada al banquillo blanco en el 2011; un espléndido gestor del vestuario, como destacan sus jugadores (“es el entrenador perfecto para el Madrid”, asegura Llull), y el continuador de una de las sagas del baloncesto español (su padre Pepe Laso es un histórico exjugador y extrenador), un deporte que es toda su vida.

Para entender lo que es el técnico vitoriano en el Madrid, el ascendente que ha conseguido en el vestuario, solo hay que echar un vistazo a las redes sociales, a la cantidad de mensajes de felicitación de exjugadores como Darden, Pocius, o Mirotic. O repasar el discurso de agradecimiento uno por uno a sus jugadores después de eliminar al Panathinaikos y lograr el pase a la ‘final four’. 

Los números de Laso, desde que llegó al banquillo del Madrid, no pueden ser más contundentes. En los siete años que lleva dirigiendo el banquillo blanco, el Madrid ha disputado 20 de las 28 finales posibles. Y ha ganado 14 (2 Euroligas, 3 Ligas ACB, 5 Copas del Rey, 3 Supercopas de España, una Copa Intercontinental). Su llegada ha devuelto al primer plano del escenario a un club que en los 25 años anteriores a su etapa, sumaba tan solo 13 títulos.

No ha sido un año fácil, además, para él. Y eso que ha vivido momentos muy complicados en el club. Como sus primeros años conviviendo con la mejor etapa de Xavi Pascual en el Barça. O en el verano del 2014, cuando la junta del club blanco pedía su cabeza por la derrota en la prórroga de la final de la Euroliga frente al Maccabi.

Entonces solo la defensa cerrada de Alberto Herreros y Juan Carlos Sánchez, los responsables de la sección,  salvó a Laso, aunque acabaron cayendo sus ayudantes. Pero en el curso actual ha vivido al límite por las lesiones que han afectado a 12 de sus 17 jugadores. “Uno de mis hijos se puso a llorar porque sabe todo lo que sufre su padre», confesó en la fiesta de celebración, dándole un tono terrenal a la conquista. En el fondo, Laso representa el triunfo de la normalidad.

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