Orgullo de: Badalona (7)

El cómic en el que 'Loulogio' plasma su orgullo por Badalona: “Esta ciudad es mi hogar”

Isaac Sánchez (Loulogio) posa para El Periódico junto a un ejemplar de su obra ’Baños Pleamar’.

Isaac Sánchez (Loulogio) posa para El Periódico junto a un ejemplar de su obra ’Baños Pleamar’. / José Luis Roca

  • La gran ciudad catalana está en el centro de la última obra del dibujante Isaac Sánchez, quien se dio a conocer por su humor en 'Youtube' como 'Loulogio'

  • "Mi hogar está en Badalona y no hay nada que se le parezca", asegura Sánchez, que pone en valor el carisma, la historia y la identidad del municipio

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Àlex Rebollo
Àlex Rebollo

Periodista

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Aunque el dibujante y exhumorista Isaac Sánchez (1981), más conocido como 'Loulogio', hace más de veinte años que no vive en Badalona, todavía considera a esta ciudad como su hogar: “Esas calles forjaron lo que soy y no puedo más que quererlas”.

En Badalona Sánchez residió hasta los 17 años, cuando su familia se mudó a Martorell, aunque la etapa que recuerda con más cariño es la que ocupa su infancia, hasta los 12 años aproximadamente. "Con los años viví en Martorell, Barcelona o Madrid, pero nunca llamaré hogar a otro sitio. Mi hogar está en Badalona y no hay nada que se le parezca", asevera.

En ese periodo de tiempo, vivía con su familia en los ya finados Baños Pleamar, un recinto de unos 1.000 metros cuadrados ubicado a mitad de camino entre la estación de trenes y el Pont del Petroli y que, entre los setenta y los noventa, funcionaba a la vez como restaurante, embarcadero, espacio de recreo y vivienda. El lugar tenía una piscina, un gimnasio, una pista de básquet, un palomar y vivían también otros animales como perros y patos, los cuales tenían su propia piscina.

A este lugar, que ahora ocupa el restaurante L’Estupendu, a su familia y a la Badalona de principios de los noventa dedica Sánchez su último cómic, titulado justamente ‘Baños Pleamar’. “Es una historia que siempre he querido contar. Quería que quien lo leyera viviera ahí por algún tiempo, en este lugar tan carismático y con tantísima personalidad”, explica el exhumorista, que se dio a conocer en 'Youtube' en su canal 'Loulogio' con creaciones como la 'La Batamanta', una de las joyas de internet hace una década.

Ilustración de Isaac Sánchez de la playa de Badalona.

/ Cedida por Dolmen Editorial

La historia que Sánchez plasma a lo largo de la obra se ubica en el momento álgido de los restaurantes de playa de la ciudad. El autor recuerda cómo, con los Juegos Olímpicos de Barcelona y la bonanza turística, Badalona “se llenó de gente” y que, durante la temporada de verano, el restaurante estaba abarrotado durante todo el día.

La Badalona de Loulogio

"Mi hogar está en Badalona y no hay nada que se le parezca", asevera Sánchez

Por entonces, para él lo normal era levantarse y encontrarse con cientos de personas que estaban comiendo, bebiendo y riendo y con el trajín de su familia sacando platos sin parar. Su habitación se encontraba a escasos metros de las mesas de los comensales, en unos pasillos situados tras la cocina y que su familia había construido diez años atrás “como buenamente pudo”. Ahí se encontraban los diferentes dormitorios que acogieron, en un momento u otro, a los ocho miembros que componían su familia.

Una vez amanecido, Sánchez explica que solía colocarse en la barra y ayudaba vendiendo helados. Y encima de la nevera que los almacenaba fue justo donde empezó a dibujar sus primeras historietas, algunas de las cuales, serigrafiadas por el relieve de la superficie de la nevera, todavía conserva.

Así, los Baños Pleamar eran frecuentados principalmente por familias, grupos de jóvenes que iban a la playa y, sobre todo, pescadores. El local contaba con un pequeño varadero donde los marinos dejaban sus barcas. “Además, muchos de los pasillos que teníamos no se usaban para tener habitaciones, sino que eran habitáculos donde los pescadores guardaban sus enseres. "Incluso los motores de las barcas, con ese olor a gasolina que impregnaba todo”, rememora Sánchez.

Ilustración de Isaac Sánchez de los antiguos Baños Pleamar.

/ Cedida por Dolmen Editorial

En contraste, cuando finalizaba la temporada veraniega, el local y el barrio quedaban desiertos. Por una parte, Sánchez lo celebraba porque tenía todo el recinto para jugar con sus muñecos, hacer sus películas o practicar trucos con el monopatín en la piscina, ya vaciada.

Sin embargo, el dibujante también recuerda como, especialmente en los 90, “tenías que tener un poquito de ojo, porque en las zonas menos concurridas era donde suceden más los delitos. Además, en esa época el tráfico y el consumo de droga golpeó muy fuerte, no solo en Badalona, sino en todos lados”.

Los baños de Badalona

"En esa época el tráfico y el consumo de droga golpeó muy fuerte", rememora

Los Pleamar no eran los únicos baños de la ciudad. De hecho, durante la segunda mitad del siglo XX, la costa de Badalona se llenó de estos locales en los que tanto podías ir a comer una paella a pie de playa como alquilar casetas donde cambiarte i directamente darte un baño en la piscina.

Hoy, este modelo de locales multidisciplinar está prácticamente extinto y el último gran vestigio es el local La Donzella de la Costa, espacio que se construyó en 1962, y a donde algunos bañistas de la playa de Badalona aún acuden tras darse un chapuzón en el Mediterráneo a dejar sus cosas y cambiarse en sus casetas de madera que tienen alquiladas, todavía más antiguas y que datan de 1929.

Dolors Nieto, historiadora del Museu de Badalona, explica que esta tradición empezó a desarrollarse aún muchos años antes. “En 1880, Titus instaló unas barracas de madera en la playa y donde los vecinos podían bañarse en una pequeñas piscinas, que se llenaban con agua salada”, señala Nieto. En 1998, La Concha Badalonesa logró también que le dieran permiso para levantar una estructura similar. No obstante, Nieto matiza que este equipamiento se instalaba y desinstalaba cada año.

Ilustración de Isaac Sánchez la piscina de los Baños Pleamar.

/ Cedida por Dolmen Editorial

Con el cambio de siglo, cada vez más asociaciones, algunas de las cuales llegadas de fuera de la ciudad, montaban sus propias casetas en verano. “Fue un procedimiento habitual hasta la llegada de la Guerra Civil. Eran espacios donde los socios podían pasar el rato o cambiarse para darse un baño”, comenta la historiadora.

La contaminación de la playa

De todo ello, salieron algunos baños que se fueron consolidando, algunos más privilegiados y otros más obreros. “A partir de finales de los 60 muchos se derrocaron y se quedaron los más consolidados, como el Titus o La Donzella”, remarca Dolors Nieto. Sin embargo, muchos de estos espacios desaparecieron o se transformaron durante la década de los noventa y principios de los 2000 a raíz de la ley de costas aprobada a finales de los ochenta.

Además de los cambios legales, las piscinas de los baños también empezaron a caer en desuso. De hecho, Sánchez afirma recordar vagamente la de los Baños Pleamar en funcionamiento. “En el 92 creo que dejaron de usarla. Las playas ya estaban más limpias y se usaba menos, así que mi familia se quitó bastante lío con ello”, destaca.

Durante años, las aguas fecales y de las industrias cercanas se abocaban sin control, por lo que vecinos y visitantes de otras ciudades preferían tomar el sol en la playa e ir a refrescarse a los baños. Así, no fue hasta que a mediados de los ochenta, cuando se instaló el colector transversal del Besòs para tratar las aguas residuales -el cual, tras el aumento poblacional, ahora no tiene suficiente capacidad para absorber todo el agua que llega cada vez que llueve-, que este problema se resolvió.

Orgullo obrero y cultura andaluza

El último cómic publicado por Sánchez es también un homenaje a su padre, un comunista andaluz que marchó a Catalunya tras seducir a una monja de clausura de familia falangista, quien sería su esposa y madre de sus hijos, gracias a su habilidad cantando y con quien, antes de trasladarse a Badalona, malvivió en una barraca del Somorrostro.

En mi zona había bastante inmigración del sur. Pocas veces el catalán era la lengua de uso en el restaurante. La mayoría de gente no solo no hablaba catalán, sino que tenía un acento que delataba su origen de forma evidente”, explica el dibujante, quien también destaca con nostalgia que se siente orgulloso de haber aprendido y vivido el idioma y la cultura catalana.

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A lo largo de las páginas de ‘Baños Pleamar’, Sánchez también pone en valor el duro trabajo que realizaba su familia en el establecimiento. “Cuando uno convive con el trabajo duro, con todas esas luchas diarias y con personas que hacen lo que pueden por salir adelante, tienes una perspectiva de la vida mucho más justa. Al final, la clase trabajadora es la que hace que todo funcione. Luego estamos los tontos que nos dedicamos a hacer dibujos y estas cosas”, bromea el autor.

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