Ejemplo de lucha

El niño gitano que llegó a la universidad pese a los prejuicios de su profesora

Paco Vargas es un referente para los chavales del barrio de Sant Roc ante el absentismo escolar

Paco Vargas, en la sede de la Fundació Privada Pere Closa.

Paco Vargas, en la sede de la Fundació Privada Pere Closa. / RICARD CUGAT (EPC)

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Anna Rocasalva
Anna Rocasalva

Periodista.

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Todas las mañanas, Paco Vargas se presenta en la puerta de uno de los seis centros escolares para los que trabaja, en el barrio de Sant Roc de Badalona, y se coloca en la puerta principal. Es muy importante “que se le vea bien”, explica a EL PERIÓDICO, porque así da un mensaje de “puntualidad” y de “espacio seguro” a las familias gitanas que llevan a sus hijos al colegio.

Paco es Promotor Escolar, una figura que nace hace 15 años para paliar el absentismo escolar entre los niños gitanos mediante el apoyo de alguien de dentro de su propia comunidad, que les haga de enlace con el centro educativo y se muestre como un referente positivo a seguir. 

“Soy gitano y nací y estudié en La Mina. Mis experiencias de vida son muy parecidas a los alumnos gitanos de Sant Roc, y quiero que los niños me miren y piensen: ¿Si Paco ha podido estudiar, por qué no yo?”, comenta el joven, recién graduado en Ciencias Políticas.

La idea de la Promoción Escolar sale del Departament d’Educació para garantizar la plena escolarización del pueblo gitano y el proyecto se ejecuta a través de la Fundació Privada Pere Closa, que coordina a 28 promotores diseminados por toda Catalunya. Pero la mayoría se concentran en centros educativos del área metropolitana de Barcelona y, más específicamente, en la zona sur de Badalona, el territorio “diana” de la fundación.

“Los promotores trabajan con los estudiantes, las familias y los centros”, explica la presidenta de la Fundació Privada Pere Closa, Mercedes Porras. “Un ejemplo de ello es coger a los padres, llevarlos al colegio y mostrarles la clase y el pupitre donde se sentarán sus hijos. Eso ya es mucho porque hay que entender que, hasta no hace tanto, todavía existían escuelas solo para gitanos, y para muchas familias estos centros todavía les son extraños”, describe.

Pedagogía con los profesores

“Es un trabajo de pico y pala”, continúa la presidenta, “pero si el promotor es gitano y es del barrio - como Paco - ya tenemos una parte ganada”, admite. La otra parte es un trabajo de pedagogía con los centros escolares para terminar con los prejuicios y los estereotipos sobre el pueblo gitano. 

“Les pido a los profesores que me pregunten lo que quieran, que no habrá juicios por mi parte, y salen temas como el del patriarca o las bodas gitanas, y alucinan cuando les cuento que no son ciertos”, dice Paco. “La palabra ‘patriarca’ no se utiliza nunca en nuestra comunidad, y las bodas no duran semanas. Son mitos”, agrega.

Esta tarea es importantísima. Por ejemplo, Paco aún recuerda cuando su tutora de 4º de la ESO le dijo que abandonara los estudios porque estaba ocupando una plaza que quizá otro merecía más. “¡Y hasta ese momento yo siempre había pensado que era buen estudiante…!”, exclama el joven. “Los gitanos somos un claro ejemplo de profecía autocumplida porque si a los chavales les acostumbran a un ‘no’ siempre, terminarán pensando que su futuro es un ‘no’. Y eso no puede ser”, sentencia.

Referente positivo

Paco Vargas es el primero de su familia que va a la universidad. Su padre siempre le animó a estudiar. “A mi abuelo no le dejaron ir al colegio. De hecho, cuando los gitanos empezaron a ir a la escuela hubo manifestaciones de payos en contra. Solo hace 40 años de eso, y no se olvida tan fácilmente y tiene sus consecuencias”, comenta el promotor.

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Cuando Paco terminaba el Bachillerato explica que soñaba con ser arquitecto, pero en aquella época ya había estallado la crisis de la construcción. Tuvo la suerte de contar con un referente positivo entonces -como lo es él ahora -, un gitano de La Mina que trabajaba en el Casal dels Infants que le animó a hacer Integración Social. 

Y este año se ha graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona UAB). ¿Por qué? “Me llamaba la atención hacer la carrera de Antropología pero, hablándolo en casa y viendo lo mal que está La Mina, pensé que había que cambiar las cosas desde dentro”, concluye.