Opinión

La devastación que nada tiene que ver con las mujeres de Badalona

"Los vándalos pro Hasél no son en nada comparables a las mujeres que cortaban calles en Pomar para conseguir transporte público de calidad"

Quema de contenedores en Aragó con Bailen en las protestas por el rapero Pablo Hasél el pasado día 18.

Quema de contenedores en Aragó con Bailen en las protestas por el rapero Pablo Hasél el pasado día 18. / Ferran Nadeu

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Estos últimos días, algunos han pretendido convertir en un referente al rapero Hasél, una especie de Mesías de la libertad de expresión. A bote pronto, parece bastante esperable que acaben en manifestaciones violentas las inspiradas en un rapero cuyas letras son completamente violentas. En uno de sus tuits dijo: "Las manifestaciones son necesarias pero no suficientes, apoyemos a quienes han ido más allá". ¿Y qué hacen algunos de los que les apoyan? Ir más allá.º

Sea como sea, las concentraciones que se han estado produciendo en varias ciudades del país entiendo que se convocaron en origen como un canto a la libertad de expresión. Presumo que el objetivo inicial era presionar a los que mandan para que cambiaran algunos puntos del Código Penal. Me alegro que así sea. El derecho a manifestarse contra leyes o acciones que desde ciertos colectivos podríamos considerar injustas forman parte de una sociedad viva, con sensibilidades distintas, y en muchas ocasiones han ayudado al progreso de una nación.

He nacido y crecido en Llefià, un barrio obrero de Badalona construido con las manos de miles de mujeres y hombres que han tenido que manifestarse en multitud de ocasiones. Recuerdo a la madrina de mi madre explicándome con todo lujo de detalles cómo tuvieron que cortar calles en Pomar para obligar a catorce autobuses a desviarse del recorrido y así acabar consiguiendo un transporte público de calidad para la ciudad.

Mujeres como ella se manifestaron con velas para conseguir que llegara el alumbrado público a nuestras calles; para que los barrios tuvieran colegios públicos, centros de salud o bibliotecas, y ocuparon parques como el del Gran Sol, el actual Salvador Allende, la plaza Trafalgar o la ahora conocida como la Plaça de la Dona para reivindicar y preservar el espacio público durante la década de los 70 y los 80. Esas historias que me contaron las vecinas de la ciudad en multitud de ocasiones consiguieron un claro avance para Badalona.

"Los vándalos no pueden campar a sus anchas"

El problema es cuando algunos quieren vendernos que esas concentraciones, que obviamente forman parte de la libertad de expresión, son en realidad la libertad de devastación. No son en nada comparables las manifestaciones constructivas de las mujeres de Badalona a las que hacía referencia con los episodios violentos que hemos estamos viviendo estos días. En nombre de la libertad de expresión los vándalos no pueden campar a sus anchas. Los empresarios calculan que los daños en sus negocios de la ciudad condal superan los 750.000 euros en un sólo sábado. ¿En qué ayuda a la libertad de expresión o al propio Hasél que unos energúmenos rompan los escaparates de la tienda Nike y roben unas zapatillas?

Obviamente, en nada, y espero estar de acuerdo en esto con cualquier responsable público, pertenezca a la formación a la que pertenezca. Me cuesta mucho creer que la mayoría de los que estos días se han puesto a destrozar escaparates estuvieran luchando por la libertad de nadie. Quiero creer que la mayoría de esos vándalos no tienen ni idea del valor cultural que tiene el Palau de la Música antes de atacar a su fachada.

El objetivo de estos energúmenos son los propios agentes y para eso utilizan la violencia. Mi apoyo sin paliativos a todos los policías que se dejan la piel por defendernos cada día y en especial en situaciones tan difíciles como las que estamos viendo.

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Una vez más, la Generalitat no ha estado a la altura. El conseller Sàmper ha demostrado su incapacidad para apoyar y dar respuesta a lo que necesita un cuerpo de Policía, que ha estado desamparado y abandonado por la falta de información, coordinación y previsión en los dispositivos de orden público. El resultado, por ahora, más devastación.

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