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LA ESPOSA ESTÁ BUSCADA POR EL FBI

Ocho años atrapados en Honduras: la historia de un empresario catalán y su hija para lograr salir del país

A finales de septiembre, Jaime Costa publica el libro 'Las dos caras de la moneda' donde relata su experiencia en Centroamérica, que incluye intentos de secuestro, sobornos y extorsiones

Anna Rocasalva

El empresario catalán Jaume Costa junto con su hija Rubí.

El empresario catalán Jaume Costa junto con su hija Rubí. / JORDI COTRINA

Hace ocho años la vida del empresario catalán Jaime Costa cambió para siempre. Él, su mujer hondureña, Yeni Maritza Aguilar, y la hija de ambos, Rubí, viajaron al país natal de la madre, huyendo de la crisis económica. “Nuestra intención era hacer negocios allí y volver recuperados a Catalunya en unos años”, recuerda Costa. 

Pero Aguilar les abandonó y regresó a España, dejando atrapados a su marido y a su hija en Honduras. Así comenzaría la odisea de Jaime Costa para regresar a Catalunya con Rubí. Una pesadilla que incluye intentos de secuestro, sobornos y extorsiones, y que el padre relata en el libro ‘Las dos caras de la moneda’ (Ed. Círculo Rojo), cuya edición definitiva se publicará a finales de septiembre (Costa ha escrito otras dos versiones sobre su experiencia).

Chico conoce a chica

Jaime Costa (Badalona, 1963) conoció a Yeni Aguilar en una discoteca de Girona y se casaron al cabo de dos años. “Me impresionó su belleza sencilla”, confiesa. Él tenía 41 años y ella 22. 

Costa descubriría (años más tarde) que los padres de Aguilar la habían enviado a España - dos semanas antes de conocerse ellos dos - para alejarla de su enamorado, un chico de Honduras con quien había tratado de fugarse y que había logrado entrar ilegalmente a Estados Unidos. "Con el pasaporte hondureño es complicado quedarte en Norteamérica y ella debió pensar que le sería más fácil si conseguía la nacionalidad española”, aclara Costa. 

El 7 de octubre del 2010, Yeni Aguilar dio a luz a la pequeña Rubí, y meses más tarde emprenderían todos juntos el viaje a Honduras, donde Jaime Costa y su hija se quedarían atrapados durante ocho años.

Sin poder salir de Honduras

Previendo la crisis, Costa mantuvo su empresa de fabricación de muebles hasta que se terminaron los contratos y en el 2011 cerró. Todos los beneficios que obtuvo durante esa época los envió a Honduras, explica.

“Quería montar una plantación de café, así que mandé más de 150.000 euros a mis suegros. Mi mujer y su familia me convencieron, alegando que los trámites bancarios eran muy costosos y lentos en Honduras, sobre todo si eres extranjero, y que una vez allí ya lo arreglaríamos”, describe Costa. Pero nada más lejos de la realidad.

“Los padres de Yeni utilizaron parte del dinero para cultivar vegetales en los terrenos, venderlos en el pequeño colmado familiar y controlar las ganancias”, describe Costa. “Les pregunté al respecto y todo eran excusas y evasivas”, denuncia. Y su actitud no fue la única que cambió. Según Costa, su mujer le pidió “separarse” y una noche “ya no volvió”. 

Jaime Costa y su hija Rubí leyendo 'Las dos caras de la moneda' / jordi cotrina

Gracias a la investigación del Juzgado Penal de Tegucigalpa, ahora el padre de Rubí sabe que su esposa regresó a España donde esperó a obtener la nacionalidad para viajar a los Estados Unidos y reencontrarse con su antiguo novio. “Ella no quiso pedir el divorcio porque aún no había obtenido el pasaporte español”, sentencia Costa, que quiso volver a Catalunya con su hija, pero en el aeropuerto hondureño no les dejaron embarcar porque no tenían el permiso de la madre.

Secuestros, sobornos y extorsiones

“No pensaba irme sin mi hija, así que me quedé esperando a Yeni y traté de subsistir hasta que ella firmase el divorcio”, explica el padre. Con el poco dinero que le quedaba del paro en España, Costa montó un restaurante en Tegucigalpa pero las maras no tardaron en “extorsionarle”, denuncia. 

“Lo llaman ‘impuestos de guerra’, y mi propio abogado me recomendó pagar y no denunciar porque si no te matan”, lamenta Costa que confiesa que, al quedarse sin dinero, una noche cerró el negocio, y él y Rubí empezaron a vivir prácticamente en la indigencia. Para más inri, habían pasado dos años desde el abandono de Aguilar pero, durante este tiempo, ella trató infructuosamente de secuestrar a su propia hija “hasta dos veces”, denuncia el padre. 

Además, en el 2014, Costa recibió una demanda de la madre para quitarle la patria potestad de Rubí alegando que él no pagaba la pensión. “¡Pero si era yo el que se hacía cargo de nuestra hija!”, se queja. La notificación también adjuntaba unos papeles de divorcio que, según Costa, él “jamás había firmado”. 

Buscada por el FBI y la Interpol

“Estaba desesperado pero un abogado del consultorio jurídico gratuito de la Universidad Autónoma de Honduras se hizo cargo de mi situación”, describe Costa. 

Fue entonces, durante el transcurso del juicio, cuando la investigación del Juzgado Penal de Tegucigalpa reveló que Yeni Aguilar, no solo había pagado a sus abogados y a un notario para falsificar el divorcio, sino que también había sobornado al primer abogado de su marido para que perdiese la patria potestad y el dinero que había puesto a nombre de la familia de ella. A día de hoy, Yeni Aguilar tiene una orden de busca y captura del FBI y la Interpol por falsificación documental.

Finalmente, Jaime Costa obtuvo la custodia de Rubí y, el pasado 8 de marzo del 2019, padre e hija pudieron regresar a Catalunya; no sin antes hacerse relativamente conocidos en Honduras por su increíble historia, de la cual medios nacionales e internacionales se hicieron eco. Ahora Costa explica que quiere llevar ‘Las dos caras de la moneda’ “a la gran pantalla” pero que, de momento, ya ha tenido “suficientes aventuras”.