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la biografía de un vecindario

Sant Roc, de todo menos ignífugo

Construido sobre un humedal para poner fin al barraquismo en Barcelona, el barrio cumple medio siglo de aluminosis social sin que se vislumbre un remedio

El Periódico

Los bloques siniestrados en el incendio de Badalona del pasado día 5.

Los bloques siniestrados en el incendio de Badalona del pasado día 5. / JOSEP GARCIA

El estigmatizado barrio en el que la víspera de Reyes se ha producido un terrible incendio con tres víctimas mortales y decenas de heridos es un barrio aluminoso, no solo arquitectónicamente, que también lo fue, sino socialmente, por cómo nació, un claro ejemplo de barraquismo vertical, y por cómo ninguna administración política competente en la materia ha dado todavía con la tecla que revierta la situación. No ha sido por falta de ganas. Sant Roc tiene metro, tranvía, bus y hasta carril bici, junto delante del edificio siniestrado. No es un suburbio en las orillas del área metropolitana. No es un barrio de calles angostas, mal ventiladas y peor iluminadas. Hasta se podría decir que geográficamente tiene ventajas envidiables. Pero desde sus orígenes es un lugar con estigmas.

Tiene metro, tranvía, bus y hasta carril bici. No es un suburbio en extrarradio. Pero nadie ha dado con la tecla de la solución

Antes de ser un barrio, aquello era un terreno poco menos que pantanoso, empapado por la cercanía del Besòs, una tierra de cultivo fértil, pero los años 60 fueron muy bestias en este país. Barcelona tenía la urgencia de poner fin al barraquismo del Somorrostro y de las laderas de Montjuïc y las autoridades, entre otros terrenos, eligieron aquel humedal para levantar barracas de ocho y 10 pisos.

Que aquella decisión tenía algo de disparate ya se debería intuir entonces. Miren con lupa las fotos del edificio incendiado. Tiene algo común con los de su entorno. Si se fijan con atención, en la parte más baja de la fachada, casi a ras de suelo, hay unas pequeñas ventanas con rejas. No corresponden a ningún sótano habitable. Buena parte de los edificios de Sant Roc se levantan sobre una higienista cámara de aire para evitar que la vida en los pisos sea más fría de lo que ya es, porque, eso sí, los pisos, las escaleras y el resto de zona comunes se construyeron con el ahorro como premisa.

Allí fueron a vivir primero los barraquistas de Barcelona y, de forma accidental, algunas de las víctimas de la riada del Vallès del año 62. Los pioneros de Sant Roc, vamos, fueron gente que o no tenían nada o lo acababan de perder todo. No es el mejor comienzo para un barrio, cierto, pero así sucedió en otras partes del área metropolitana, a veces con mayores penas, como Bellvitge, lejos de todo, con calles embarradas y ningún equipamiento, y, en cambio, medio siglo después esos otros lugares son paradigmas de la vida de barrio. En el Sant Roc duro, allí donde se ha producido el incendio, ese milagro urbanístico no le ha sido revelado a los vecinos. Ha sido una verdadera lástima.

Las intuiciones de Maragall

La ola migratoria de principios del siglo XXI es otro punto de inflexión en la historia de Sant Roc. Cuando tuvo lugar, la esperanza que se vislumbraba en el horizonte era que presupuestariamente estaba sobre la mesa el plan de barrios de la Generalitat, uno de aquellos aciertos intuitivos de Pasqual Maragall, de su etapa como president. Decidió que la época de bonanza económica, la que atraía a decenas de miles de inmigrantes, fuera acompasada con importantes inversiones integrales en los barrios más necesitados de Catalunya, para evitar una banlieuización de consecuencias imprevisibles. Sant Roc estaba en la lista. No puede decirse que nadie se acordara de él. El problema fue que con el estallido de la crisis comenzaron los recortes y la tijera se llevó por delante el plan de barrios.

En el 2001, Sant Roc se hizo un hueco en los titulares. El PP sacó más del 50% del voto en las municipales con su singular receta para la convivencia

Sant Roc tuvo su rincón en los titulares de las elecciones municipales del 2011. Visto ahora, con perspectiva, queda claro que se lo merecía, como anticipo de lo que está por venir. Fueron aquellas las elecciones en las que Xavier García Albiol arrolló a sus rivales en las urnas. Por abultada, su victoria requirió una mirada minuciosa de los resultados. En Sant Roc, el candidato del PP superó el 50% del voto, lo nunca visto. García Albiol busco el voto del Sant Roc gitano y del que no lo es, pero que tiene derecho a voto. Prometió mano dura con los recién llegados, los que no pueden votar. Mostró una especial obsesión con los rumanos. Curiosa forma de fomentar la convivencia por parte de quien quería ser alcalde. En su descargo hay que reconocer que una vez investido, no se olvidó de Sant Roc. Eso sí, a su manera. En octubre del 2013, por ejemplo, fue sonada su visita justo a allí donde este sábado se ha producido el incendio mortal, no al mismo edificio, sino a los de enfrente. Él en persona encabezaba una brigada de limpieza. ¿Recuerdan esas cámaras de aire situadas bajo los inmuebles? Algunos vecinos las utilizaban para echar la basura. No todo es culpa siempre de las administraciones.

Tal vez el problema esencial del barrio sea la autoestima, muy baja. La convivencia no es fácil. Ni siquiera es fácil a veces hablar de Sant Roc, por aquello de lo políticamente incorrecto. El pasado invierno, con la llegada del frío, los vecinos del barrio salieron a la calle. Habían sufrido una cadena de cortes de luz. Ellos cortaron la calle. El ayuntamiento, entonces ya en mano de la cupaire Dolors Sabater, abordó la cuestión como un caso más de pobreza energética. La compañía se defendió como pudo, con el viento de los acontecimientos en contra. Explicó que el problema era que demasiados vecinos se conectaban irregularmente a la red y que literalmente saltaban chispas. Así de mal están las cosas en aquel barrio.