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PARTICIPACIÓN INCLUSIVA

La hora de los gitanos en Badalona

Por primera vez, la ciudad da un paso al frente para incorporar la visión del pueblo gitano al ámbito de las políticas públicas a través de un Consejo municipal

Tres importantes familias de Sant Roc hablan con EL PERIÓDICO: "Sólo pedimos que no se nos discrimine y que se escuchen nuestras propuestas"

Manuel Arenas

 El grupo promotor del Consell Municipal del Poble Gitano de Badalona, con la alcaldesa Maria Dolors Sabater y la concejala de Participación Fátima Taleb.

 El grupo promotor del Consell Municipal del Poble Gitano de Badalona, con la alcaldesa Maria Dolors Sabater y la concejala de Participación Fátima Taleb.

En derecho, la presunción de inocencia supone que la carga de la prueba pesa sobre la parte acusadora que la pretende desvirtuar, siendo excepcional que dicha carga corresponda a la parte acusada en lo que se conoce como ‘inversión de la carga de la prueba’. Sin embargo, Manuel Cortés (Tobarra, Albacete, 1953), que vive en el barrio de Sant Roc, en Badalona, reseña que los gitanos cuentan con una presunción de culpabilidad permanente: “Nosotros siempre tenemos que demostrar primero que somos buenas personas”.

Según un estudio sobre la población gitana de Catalunya elaborado para el Departament de Benestar i Família de la Generalitat, Badalona es una de las grandes ciudades catalanas –junto con Barcelona, L’Hospitalet o Sant Adrià de Besòs- donde más gitanos habitan, aproximadamente unos 3.000, un 1,4% de la ahora cuarta ciudad más populosa de Catalunya. El dato es relevante porque, aun así, “nunca se nos ha tenido en cuenta en el ámbito de la gestión municipal, sólo se nos ha utilizado y se ha buscado nuestro apoyo cuando se acercaban elecciones pensando en réditos electorales”, afirma Julio Vargas (Madrid, 1957), mediador gitano del Ayuntamiento de Badalona y director del Centro de Estudios Gitanos de la Universitat de Barcelona.

Badalona es una de las grandes ciudades catalanas con mayor población gitana, unos 3.000 habitantes

Pero ahora más que nunca los gitanos de Badalona creen que la cosa está cambiando. Este mes de enero es histórico para el pueblo gitano de la ciudad catalana, porque por primera vez un Gobierno municipal se ha implicado en incorporar la visión de los gitanos al ámbito de las políticas públicas, de la gestión municipal, a través de un nuevo órgano de participación propio: el Consell Municipal del Poble Gitano. 

El propio Julio Vargas, quien trabaja codo con codo con la concejala de Participación Fátima Taleb, forma parte del grupo promotor del proyecto y cuenta que los gitanos “llevan muchos años detrás de la idea”. Vargas ha redactado un borrador de reglamento para la creación del nuevo Consejo que actualmente está siendo revisado por los servicios jurídicos del Ayuntamiento. “Aunque el proyecto todavía no es definitivo porque tiene que aprobarse por el Pleno municipal, dudamos mucho que algún grupo político se vaya oponer a él: sería de una ceguera y torpeza políticas tremendas. Estamos bastante convencidos de que se va a llevar a cabo por unanimidad, y nos gustaría presentar el Consejo en sociedad el 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano”, expone Vargas.

¿Qué será exactamente el nuevo Consejo?

De aprobarse -todavía no se sabe cuándo- en el Pleno municipal, el Consell Municipal del Poble Gitano -que tomará las decisiones por unanimidad- será un órgano de participación más, como lo es por ejemplo el Consell Municipal de la Dona, donde la alcaldesa Maria Dolors Sabater actuará como presidenta, la regidora Fátima Taleb como vicepresidenta y Manuel Cortés, uno de los gitanos con más experiencia en Sant Roc y con más de 200 familiares a su cargo, como vicepresidente segundo.

"De momento el Consejo está formado por ocho integrantes, uno de los cuales es mujer, aunque lo normal sería llegar a doce", apunta Julio Vargas. "Nos hemos puesto los deberes de incorporar a más mujeres; los componentes, entre los que estamos Manuel Cortés o yo, los hemos elegido por compartir la línea del proyecto, por ser gitanos reconocidos y por representar a familias numerosas, que por una cuestión probabilística es más fácil que se vean afectadas por la actividad del Consejo".

El nuevo Consejo permitiría al pueblo gitano tener capacidad de influencia directa en las políticas públicas de Badalona

¿Pero qué será exactamente el nuevo Consejo? "No será una entidad, sino un espacio participativo donde los representantes gitanos, a título particular, tengan un contacto directo y periódico con el Ayuntamiento para expresar sus inquietudes, preocupaciones o propuestas para mejorar la ciudad", explica Quim Cornelles, coordinador del distrito VI de Badalona, donde se encuentra el barrio de Sant Roc, cuya mitad de población aproximadamente es gitana, según la obra 'Els gitanos de Barcelona. Una aproximació sociológica', de Carme Garriga. 

La clave para comprender la naturaleza de la iniciativa es notar que, si bien hasta ahora los gitanos de Badalona a veces se autogestionaban -Manuel Cortés recuerda conflictos en Sant Roc entre familias que ellos mismos han resuelto- y se organizaban en entidades ajenas a la política municipal, ahora pasarían a componer, con una clara voluntad inclusiva, una estructura formal con capacidad de influencia directa en los representantes públicos y las políticas de la ciudad. 

Los focos gitanos de interés público en Badalona

Julio Vargas hace especial hincapié en que, a pesar de que pretenden utilizar la nueva estructura como instrumento para mediar en posibles conflictos que surjan, no quieren instalarse en la queja permanente y tienen "una actitud proactiva y optimista para hacer propuestas de interés sobre educación, cultura o potenciación de la mujer gitana como motor de cambio. Queremos tener la misma importancia que cualquier otro colectivo de la ciudad: ¿por qué no podemos participar en un AMPA? Por qué no podemos participar en política? Por qué no podemos participar en un acto que no sea gitano?", se pregunta.

Los niveles de absentismo escolar en el barrio de Sant Roc casi duplican la media catalana en secundaria

Si finalmente se ejecuta el proyecto, está previsto que el Consejo pueda trabajar en campañas de concienciación sobre temas de ocupación, formación y en especial de educación, poniendo énfasis en el absentismo escolar. En relación a este último, Sant Roc, el barrio badalonés con más población gitana, ha presentado durante los últimos años niveles de absentismo escolar del 30% en primaria y del 38% en secundaria (en Catalunya, por ejemplo, está actualmente en el 20%), lo que ha situado a Badalona como la sexta peor estadística catalana, con una media de edad de abandono escolar de 9,8 años, según certifica la tesis doctoral 'Relaciones y experiencias de los gitanos de Badalona y los rom de Bogotá con la educación escolar'.

Esta tesis es un gran punto de partida para analizar los focos gitanos de interés público en Badalona. Otro de ellos es el de la situación ocupacional de los gitanos en la ciudad: el 65% de las familias gitanas de Sant Roc se dedica a la venta ambulante y otras ocupaciones complementarias. Y un tercer ejemplo de terreno social en torno al cual podría trabajar el nuevo Consejo es el de la vivienda: en Badalona, Sant Roc tiene la más alta proporción de pisos habitados por más de cinco personas (18,9%), y es en el distrito al que pertenece este barrio donde impera el nivel más bajo de satisfacción con la vivienda (53%).

El estigma gitano

Miguel Fernández (Linares, Jaén, 1944), otro de los integrantes del grupo promotor del Consejo que tiene otras 200 personas a su cargo y regenta dos chiringuitos en la playa, cuenta que él ha percibido sobre todo un trato discriminatorio en las relaciones con la Policía. "Alguna vez he visto a gitanos acercarse a un policía y, por el hecho de ser gitanos, los han tratado de manera diferente a los demás, con distancia, como si les fueran a hacer algo. Somos personas y merecemos el mismo trato que cualquier otro", reivindica.

La clase política tampoco queda exenta de la discriminación sobre los gitanos. Julio Vargas recuerda el encontronazo de la comunidad gitana de Badalona con el exalcalde Xavier García Albiol -"nos reunimos con él y le dijimos las cosas claras", rememora- que repartió panfletos que vinculaban a gitanos rumanos -también muy presentes en Sant Roc- y delincuencia. En aquel momento, la asociación SOS Racisme pidió un año de cárcel para el entonces alcalde de Badalona.

"Los gitanos son un colectivo totalmente estigmatizado", dice Quim Cornelles, coordinador del distrito VI de Badalona

En Sant Roc , Manuel Cortés es el responsable de mediar en los conflictos que se producen entre los habitantes del barrio -sean payos o o gitanos- y los policías del barrio. "Sobre todo me sorprende el trato que nos dan los policías nuevos, que por venir a Sant Roc se creen que están en el Oeste", afirma. En términos discriminatorios, Cortés cuenta la anécdota de que cuando se cambió de piso, "un abogado me dijo que todos mis vecinos habían firmado un acuerdo para no compartir escalera con ningún gitano. A los dos meses de haber convivido, vinieron uno por uno a mi casa los seis vecinos a pedirme perdón, y ahora llevo mucho tiempo siendo el presidente de la comunidad".

"Los gitanos son un colectivo totalmente estigmatizado y cuesta tener espacios de reflexión donde ellos sean los protagonistas", concluye Quim Cornelles. La prevención y la eliminación de la discriminación que sufre el colectivo será otra de las tareas pendientes del nuevo Consejo municipal. 

Los orígenes del barrio de Sant Roc

El barrio de Sant Roc se construyó a partir de la iniciativa política de vivienda de los años 60, tal y como analizan estudios como 'Sobre la identidad gitana y su construcción panétnica: el caso gitano en Barcelona' o 'Relaciones y experiencias de los gitanos de Badalona y los rom de Bogotá con la educación escolar'. El objetivo de su creación fue suministrar vivienda a la población chabolista de Barcelona y Badalona que, debido a las inundaciones de 1962, se quedó sin techo. La construcción fue ejecutada por la empresa Maconsa, dirigida por altos funcionarios del régimen franquista, y según el segundo de los estudios citados, la corrupción que se instaló alrededor de las obras explica la baja calidad de las viviendas. A lo largo de la construcción, un gran número de familias fueron trasladadas a barracas preconstituidas cerca del futuro barrio, y los primeros inquilinos que ocuparon los nuevos pisos fueron aquellos expropiados para la construcción de la autopista A-19.

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