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ÓPERA

Jonas Kaufmann, el divo del siglo XXI

El tenor alemán debuta por fin con una ópera en el Liceu como protagonista de 'Andrea Chénier', con Sondra Radvanosky y Carlos Álvarez

Jonas Kaufmann, en el Liceu.  / ROBERT RAMOS

Jonas Kaufmann, en  Andrea Chénier.  / ANTONI BOFILL

Jonas Kaufmann y Sondra Radvanovsky, en una escena de Andrea Chénier. / ANTONI BOFILL

El aclamado tenor alemán Jonas Kaufmann ofrece el viernes en el Liceu su primera ópera en España con 'Andrea Chénier', de Umberto Giordano. En su encuentro con la prensa transmitió buena onda. Sin divismo alguno, se explayó en las respuestas y no evitó ninguna pregunta ya fuera sobre el 'procés' en Catalunya, su visión -bastante negativa, por cierto- de la ópera contemporánea o de la huelga feminista de este jueves, que apoya al cien por cien.  

Destacar que su altísimo caché está en sintonía con la venta de entradas para las tres funciones que cantará, prácticamente agotadas. Todas estaban fuera de abono, con un precio promedio de 180 euros.       

Andrea Chénier, personaje que encarna, se inspira en una figura real de un poeta que vivió entre 1762 y 1894 y denunció tanto el poder de la monarquía absoluta de Luis XVI como, tras el advenimiento de la Revolución, la falta de humanidad y justicia en la época del Gran Terror de Robespierre. Kaufmann evitó comparar aquel periodo con las turbulencias de la Catalunya actual, pero reconoció estar preocupado. "Espero que nadie se tome el tema de la revolución al pie de la letra. La guillotina es algo del pasado y pese al ansia de lucha del ser humano, en el siglo XXI hay que negociar para hallar soluciones". Adviertió de otros frentes abiertos en Europa con los problemas económicos o el trato a los refugiados. "Muchos temen que se encienda un fuego que acabe destruyendo la idea de Europa. No conozco suficiente el tema catalán. Pero en el Reino Unido hubo una votación y ahora el país se está desmontando. Es importante calibrar las consecuencias económicas cuando se toman decisiones. Si Catalunya quedara aislada, quizá la situación sería peor a la actual".

Le encanta el personaje de Chénier. "Si no canto más esta ópera es porque se programa poco, incluso en Francia, porque requiere un sólido reparto", destacó Kaufmann. En este sentido alabó la calidad de sus colegas en el Liceu, la soprano estadounidense Sondra Radvanovsky, que debuta en el rol de Maddalena, y el barítono malagueño Carlos Álvarez, así como la fidelidad historicista de esta producción de la Royal Opera House de Londres con puesta en escena de David McVicar y dirección musical de Pinchas Steinberg. "Es una obra maravillosa y más con este reparto fantástico. Las voz de Sondra y la mía encajan muy bien, y Carlos Álvarez ha sido todo un descubrimiento".

Emoción, la justa

Versátil, Kaufmann ha interpretado estilos muy diversos pero se declara fan de esta ópera verista donde interpreta cuatro arias, tres duos y algunas escenas más. "El reto en ella es no dejar que te superen las emociones. Hay ira, tristeza y pasión pero no debes exagerar. Has de dosificarte, sin que se note, porque hay notas muy altas y emociones intensas. En una ópera verista has de dar siempre el 110% pero para que tus sentimientos lleguen has de vivir y disfrutar la música".

Sondra Radvanovsky (izquierda, con una flor) y Jonas Kaufmann en 'Andrea Chénier', en el LiceuANTONI BOFILL

Considera "inaceptable" no haber interpretado una ópera en España antes pero lo justifica aludiendo a su apretada agenda y a la necesidad de actuar en determinados lugares para hacer carrera. "Los escenarios internacionales clave son el Met, el Covent Garden, la Ópera de París, la de Viena y la Scala de Milan. Me dicen que siendo alemán debería cantar más en Berlín, pero creo que Múnich está ahora en el 'top' alemán", afirma el cantante bávaro, nacido allí.

Kaufmann busca siempre nuevos retos, aunque no se imagina emulando a Plácido Domingo e iniciar una segunda carrera como barítono en el futuro. Pero, por si acaso, dijo: "Nunca puedes decir de este agua no beberé". Y lo mismo contestó preguntado por la posibilidad de reformular la idea de 'Los tres tenores'.

"Necesito hacer cosas nuevas, no cantar siempre lo mismo. Para mí la música algo vivo: necesita pasión y sentimiento. Por eso en cada actuación parto de cero. Cuando experimentas las cosas y las expresas con sinceridad a través de tu voz conectas con el público de forma natural". 

No tiene receta para el éxito alguna aunque admite que "mantenerse en el top cuesta más que llegar". A sus 48 años intenta cuidarse al máximo. "Necesito cierta disciplina: dormir, comida sana, no demasiado alcohol, mucho agua y ejercicio físico, con yoga o deporte".  Y, aunque conoce a muchos cantantes que ejercen de divos, él nunca ha entendido esa actitud.  "No veo la necesidad de ser mala persona o criticar a otros. En la vida todo vuelve". 

Nada contemporáneo

Con igual claridad mostró su falta de empatía con la ópera contemporánea. Aunque empezó excusandose con la falta de tiempo para explicar su nula participación en la música de su época acabó reconociendo: "No entiendo la ópera moderna". Para él no hay comparación posible entre el embrujo de las óperas del pasado y las actuales.  "Somos defensores de una antigua forma de arte. Es interesante que haya estrenos, cierto, pero salvo contadas excepciones las óperas creadas tras segunda guerra mundial han sido excesivamente complejas, sofisticadas y especializadas para el público medio". 

Recordó que a la gente le gusta salir del teatro cantando alguna melodía. "A la ópera moderna le falta el entretenimiento, la pasión". En su opinión es una lástima que los compositores "teman no ser suficientemente sofisticados, complejos o les de miedo ser acusados de copiar, cuando eso ha ocurrido siempre como saben los musicólogos".  Y, a sin miedo a la polémica, añadió: "Las óperas modernas son una pesadilla para todo el mundo. Además, el público sale desesperado." 

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