Pese a la pandemia

Árboles de Navidad, aliento para un negocio que languidece

  • El sector aplaude un repunte en las ventas este 2020 después de años en horas bajas
  • Catalunya produce el 90% de los abetos de toda España
Un árbol de Navidad.

Un árbol de Navidad. / EL PERIÓDICO

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Hace 13 años que en la Puerta del Sol de Madrid no da la bienvenida a la Navidad un árbol. Ahora, el verde de las ramas de los abetos se ha sustituido por estructuras de hierro y luces led que imitan lo que en otro tiempo fue un trocito de naturaleza. En Barcelona, el árbol de 12 metros que lucía majestuoso en Portal de l'Àngel es solo un recuerdo. El sector de los cultivadores de árboles de Navidad lleva años languideciendo. Los sustitutos de plástico y cierta creencia de que no son ecológicos son los dos males a los que achacan la caída quienes se dedican al negocio.

En Vizcaya, hace 120 años que Eugenio Garitaonandia fundó su vivero. Su nieto, hoy al frente de la empresa, sigue cultivando árboles de Navidad, pero las hectáreas que les dedica no dejan de menguar. "Hemos llegado a vender 50.000 en una campaña y ahora si vendes 6.000 date por satisfecha", explica al teléfono Idoia Aurrekoetxea, productora de Viveros Garitaonandia. "Las ventas habrán caído… no sé, ¿un 70%? Vendíamos barbaridades y ahora la producción es muy pequeña", asegura. En tierras vascas se cultiva entre el 5% y el 10% del total de árboles del país. El 90% restante crece en las masías catalanas. Aunque España no es un gran productor y apenas ha alcanzado el millón de ejemplares vendidos al año en sus horas más altas (lejos de los ocho millones de Alemania o los cinco de Francia), Montseny-Guilleries es el punto de producción de abetos más al sur de Europa. Pese a su clima mediterráneo, la altura de sus tierras le da un subclima atlántico muy beneficioso.

Ausencia de datos

Tomarle las medidas al sector es una tarea imposible. Ni el Ministerio de Transición Ecológica ni el de Agricultura tienen datos desglosados y la última vez que los árboles de Navidad aparecieron en el Anuario de Estadística Forestal fue en 2007. A nivel privado tampoco se ha hecho ningún estudio de mercado con datos fiables. La mayoría de productores son reacios a dar números, aunque coinciden en situar 2008, el año de la crisis, como el gran punto de inflexión en las ventas. "Fue un desastre, los productores estábamos casi a cero, llegamos a unos niveles muy muy bajos", explica Albert Gallifa, presidente de la Associació de Cultivadors d'Arbres de Nadal, que produce y comercializa el 90%. "Empezamos a exportar el 50% de nuestra producción a países como Alemania o Inglaterra", señala. En 2015 hubo un cambio de tendencia, con ligeros incrementos anuales, hasta este 2020, el año de la pandemia, donde las ventas han experimentado un "'boom' impresionante". "No hemos podido servir toda la demanda, que ha crecido un 30% o 40%", explica.

Desde Mercabarna-flor, mercado mayorista de referencia, el director adjunto Xavier Calvo coincide en que en esta campaña las ventas han ido "sorprendentemente bien". Aún quedan algunos días, pero ya se han superado las cifras del año pasado (cerca de 1.000 ejemplares de 'Abies nordmanniana' procedentes de Barcelona y Girona y 88 'Abies Nobilis' cultivados en Girona). Lo achacan a la pandemia, a la necesidad de llevar la Navidad a las casas en las que pasamos ahora más tiempo y a la reducción de las ferias, que han desviado a los clientes a las floristerías que compran sus productos en Mercabarna. Los precios también han crecido un 5% tras varios años sin cambios. "Tuvimos bastantes años de caída de las ventas, pero la tendencia se corrigió en 2017, y 2020 está siendo especialmente importante porque había mucho miedo a la pandemia y ha sido una sorpresa agradable", indica Calvo.

El cultivo tiene siete años de ciclo; esto es, los árboles que se plantan hoy alcanzarán el tamaño necesario para adornar los hogares de 2027. Si un año no se venden todos, hay que cortarlos o quemarlos. Por eso los productores comenzaron a reducir las hectáreas. Según Gallifa, apenas quedan ya los que se dedican en exclusiva a cultivar árboles de Navidad. El precio medio depende de si tienen o no raíz, del servicio o el tamaño, y oscila entre los 15 y loa 90 euros.

Desde hace tres años la exportación se cortó de raíz, salvo algún caso puntual, porque la demanda está creciendo y vender aquí es mucho más rentable. Desde Euskadi, Viveros Garitaonandia asegura, al contrario, que lo que les "salva" es vender a otros países. "Portugal todavía compra y Francia es una maravilla", indica Aurrekoetxea. El optimismo de Gallifa contrasta con el pesimismo de la productora vasca: "En Euskadi poquísima gente pone un árbol natural. No tengo ningún tipo de esperanza, cada año es peor", insiste.

El plástico, principal competidor

El principal competidor de los árboles es el plástico. No necesitan cuidados y se guardan en un armario de un año para otro. Hubo tiempo en el que incluso se creía que eran más ecológicos que los árboles naturales, que amanecían tras las fiestas tirados en basuras. "Es un falso ecologismo y yo solo veo plástico por todos lados", se lamenta Aurrekoetxea, que recuerda que los adornos de Navidad se ponen cada vez más temprano y "es imposible que un árbol aguante todo este tiempo". Los abetos a la venta proceden de viveros de producción controlada. Para Aurrekoetxea, son las administraciones públicas las que tendrían que empezar por dar ejemplo: "Los ayuntamientos deberían promocionarlos y no poner arbolitos de plástico en la plaza del pueblo".

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Las administraciones son también compradores. "Da más dinero, pero será un 15% de la facturación total", explica Gallifa. Cuando llega el momento de la tala de los abetos que se producen para la industria maderera, los productores acuden al bosque para seleccionar los mejores ejemplares y darles una Navidad 'de gloria' antes de convertirse en un mueble. Son árboles con 40 o 50 años. Según Gallifa, "hasta ahora todo eran conos de luz, pero parece que está volviendo el abeto tradicional. Este año lo han puesto municipios como Terrassa, Bolvir, Sabadell… aunque todavía estamos muy por debajo de ciudades como París, llena de árboles navideños".

Cuando acaban las fiestas y los árboles ya han cumplido su función, entran en juego las campañas de recogida de los ayuntamientos. Algunos colocan puntos en la ciudad durante varios días de enero para que los vecinos puedan dejar allí sus abetos. La mayoría se convierte en compostaje. En Barcelona, el Ayuntamiento recogió 8.809 árboles en 2019, que se convirtieron en 150 metros cúbicos de triturado que, tras madurar de dos a tres meses, pasó a ser el acolchado natural de parques y jardines. La cifra es algo superior a los 8.034 árboles que el consistorio recogió en 2018, pero no alcanza aún los 11.358 de 2015. En la capital, los árboles se pueden dejar en dos viveros del Ayuntamiento de Madrid, pero solo si cuentan con cepellón para que puedan ser replantados, por lo que apenas se recogen poco más de un centenar en cada campaña. Lo que sale de la tierra vuelve a la tierra.

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