30 sep 2020

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Crisis sanitaria

Malos rollos en el supermercado

Trabajadores de las grandes cadenas se sienten muy expuestos ante la aglomeración de clientes

Rafael Tapounet

Una mujer enmascarada empuja un carro con la compra por la Gran Via. 

Una mujer enmascarada empuja un carro con la compra por la Gran Via.  / ELISENDA PONS

Max Rockatansky estaba equivocado. Ahora lo sabemos. Cuando el caos y la devastación se adueñen del planeta, las guerras no se librarán por la gasolina ni por el agua, sino por el papel higiénico de doble capa. Es algo que ninguna de las cuatro entregas de 'Mad Max' llegó a prever pero que este cursillo acelerado de Iniciación al Apocalipsis en que se ha convertido la crisis del coronavirus nos ha enseñado con toda crudeza. Nada se acerca tanto a la idea que tenemos de un futuro distópico de penuria y escasez como esas escenas de hordas abalanzándose sobre los rollos de celulosa prensada como zombis con gastroenteritis.

"Me lo quitan del palé antes de colocarlo en los estantes", explica un reponedor del Mercadona que hay en el número 366 de la calle de Consell de Cent de Barcelona. Allí, efectivamente, no se ve ni un solo paquete de papel higiénico en exposición. Tampoco hay papel de cocina, y quedan muy pocas servilletas desechables. Y solo son las 12,43 del mediodía. "Nadie lo entiende –dice el empleado-. Nosotros ya nos reímos. Si preguntas a la gente por qué compra tanto papel de váter, te dicen: 'Por si acaso'". ¿Por si acaso qué? El hombre se encoge de hombros y ríe. "Por si acaso se acaba, supongo".

Colas descabelladas

Ya lo dice Marie Kondo: "Los porsiacasos son el mayor enemigo del orden". El porsiacaso es también la gran justificación que esgrimen esos centenares de personas que, contraviniendo todas las directrices sobre evitar las concentraciones y mantener la distancia, hacen cola estos días con sus carros de la compra a las puertas de un Mercadona. Lo hacen en el Mercat de La Florida de L’Hospitalet del Llobregat (donde los Mossos d’Esquadra tuvieron que intervenir para pacificar la fila), en el Màgic de Badalona, en Sants, en Nou Barris, en Mollerussa y en muchos otros lugares. Lo misterioso del caso es que al final de esas colas descabelladas casi siempre hay un Mercadona. No un Consum, ni un Bonpreu, ni un Condis, ni un Lidl, ni un Día, ni un Alcampo, no. Un Mercadona.

En Consell de Cent 366, sin embargo, no hay aglomeración de gente a las puertas, aunque en el interior la densidad de población es una alegría para cualquier patógeno mínimamente sociable. Además del papel tisú ("mártir de la sociedad", cantaba La Trinca en su 'Oda al paper de wàter'), falta gel higienizante y jabón de manos y empiezan a escasear algunos congelados y productos avícolas. "El abastecimiento está garantizado", asegura un cartel que llama a la compra sensata y ordenada.

La prima del 20%

El personal de Mercadona tiene por lo menos el incentivo de una prima del 20% sobre su salario bruto en la nómina de marzosegún el anuncio hecho el viernes por la empresa. Para "poner en valor" la carga de trabajo que soportan estos días. En otras cadenas no hay tal plus, pese a que las situaciones que viven sus trabajadores son muy parecidas. "Es indignante –se queja una empleada del supermercado Consum de la Vila Olímpica-. ¿Quién nos protege a nosotros?".

Es mediodía, y en el citado establecimiento ya no queda fruta ni verdura (a excepción de limones y plátanos). Tampoco hay huevos ni productos de carne y aves frescos. Ni, por supuesto, papel higiénico. Se extiende el nerviosismo entre las cajeras, que solo disponen de un dispensador de gel desinfectante. "Aquí hay aglomeración, no se guardan las distancias, somos los más expuestos –apunta una de las veteranas del súper-. O nos confinamos todos o esto es tremendamente injusto. También tenemos familias, gente mayor a cargo... Y, por lo que sé, no pasa solo en esta cadena, son todas".  

Colmados de 24 horas

Tal vez ha llegado el momento de recurrir al pequeño comercio. A esos colmados de 24 horas con nombres como Amigo, Max, Cataluña 1, London, Olímpic o Supermercat a secas (el más frecuente) en los que, este diario da fe, no falta el papel higiénico. O al Supermercado Honesto, de la calle de Diputació (que tendrá mi voto cuando se convoque el premio al ultramarinos con el nombre más molante de Barcelona). En el Honesto, todos los empleados, y son unos cinco, llevan mascarillas sanitarias. Buena parte de los compradores (cuatro de seis), también. "No es solo por nosotros, es también por vosotros", reza un cartel que da cuenta de la decisión de imponer el uso del embozo profiláctico. Lo dice en castellano y en mandarín, porque el Honesto es un supermercado de productos chinos. La mayoría de los clientes también lo son (chinos), en una proporción de cuatro de cada seis. Como es fácil deducir, los dos occidentales (franceses, para más detalle) son los que van sin enmascarar. En el Honesto no parece haber riesgo de colapso. Será porque ahí no venden papel higiénico.