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Epidemia en EEUU

Trump aboga por la pena de muerte para los traficantes de opioides

Ni el presidente ni su Administración dan detalles de cómo se aplicaría la idea ni de los precedentes legales

Varios estados y cuatro leyes federales ya contemplan la pena capital para sobredosis y homicidios vinculados a drogas

Idoya Noain

Trump habla con periodistas durante una reunión en el Despacho Oval, en la Casa Blanca, el 15 de marzo.

Trump habla con periodistas durante una reunión en el Despacho Oval, en la Casa Blanca, el 15 de marzo. / AP / EVAN VUCCI

Si algo sabe el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es cómo generar titulares. Este lunes lo ha hecho en Nuevo Hampshire, donde al presentar la "Iniciativa para frenar el abuso de opioides y reducir la oferta y demanda de drogas" ha abogado por castigar con la pena de muerte a los traficantes de esas sustancias. Lo que no ha hecho, y tampoco su Administración, es explicar cómo se aplicaría esa idea o los precedentes legales que la justificarían.

“Estamos perdiendo el tiempo si no nos ponemos duros con los traficantes y esa dureza incluye la pena de muerte”, ha dicho Trump, hablando con envidia (aunque sin dar ejemplos concretos) de países donde ya se hace, como Singapur o China. En su agresivo mensaje, no obstante, Trump ha reconocido que “quizá” EEUU “no está listo para eso. Es posible”, ha añadido, “personalmente no lo puedo entender”.

En las leyes federales estadounidenses, según centros especializados en la pena de muerte, ya hay cuatro supuestos en los que se puede buscar la condena máxima por homicidios vinculados a las drogas. Y de momento, y mientras el Congreso no apruebe nueva legislación, el Departamento de Justicia solo podrá buscar la pena capital “cuando sea apropiado bajo la ley actual”.

También en varios estados hay leyes que permiten acusar de asesinato y con ello buscar cadena perpetua o pena de muerte cuando se producen sobredosis letales. Lo que algunos expertos señalan es que no hay pruebas de que esas leyes, que empezaron a aprobarse en los años 80 y se están usando más frecuentemente ante la epidemia de opioides que vive EEUU, sean efectivas para lograr la reducción del consumo.

Las últimas cifras del Centro de Control y Prevención de Enfermedades han constatado la brutal realidad de una crisis que lleva gestándose dos décadas: más de 42.000 muertes por opioides, tanto con receta como ilegales como la heroína o el fentanilo, en 2016, y un aumento del 30% en las visitas a salas de emergencias por sobredosis entre julio de 2016 y septiembre de 2017. Trump declaró el año pasado una “emergencia de salud pública” pero no llegó a la declaración de emergencia nacional, que habría destinado más fondos federales al combate.

Aunque Trump ha convertido la pena de muerte en el foco de atención de su iniciativa, esta tiene también otros ejes. Se pretende, por ejemplo, recortar en un tercio la prescripción de opioides en tres años y se anuncia el lanzamiento de una campaña educativa y de concienciación. Asimismo, se anuncia “el agresivo despliegue de acciones penales y civiles adecuadas para hacer responsables a los fabricantes de opioides de cualquier práctica ilegal”. Lo que no hay es información de cómo se pretende financiar una iniciativa que podría costar decenas de miles de millones de dólares, muy por encima de los 6.000 presupuestados para este año.

El muro

Trump ha aprovechado la presentación de su iniciativa para combatir la crisis de opiodes para reincidir en su apuesta por la construcción del muro con México, un eje de su campaña y de su presidencia.

“El muro servirá para mantener las drogas fuera”, ha asegurado, afirmando también que “el 90% de la heroína llega por la frontera sur” e introduciendo el elemento político de presión a los demócratas (“Acabarán estando de acuerdo en construir el muro para mantener las malditas drogas fuera”). Algunos observadores recuerdan, no obstante, que buena parte del tráfico de opioides cruza a EEUU por otras vías.

Trump también ha señalado a China, desde donde está llegando, a menudo por correo, fentanilo. Según un informe del año pasado de la agencia encargada de la lucha contra el narcotráfrico, la DEA, aunque desde China llega menos volumen del adictivo y más legal opioide sintético que desde México, es de más alta pureza.

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