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Stig, sin y con la letra e

La polémica sobre el libro de Kurdo Baksi sobre Stieg Larsson eclipsa detalles curiosos de la vida del autor

La última entrega de la trilogía de 'Millennium' llega hoy a los cines

Anna Abella

Mucho se ha escrito sobre Stieg Larsson (1954-2004) tras su muerte. Y quizá demasiado de ello tiene que ver con las polémicas que envuelven a herederos, viuda y amigos después de que su póstuma trilogía Millennium (cuya última entrega cinematográfica llega hoy a los cines) se convirtiera en fenómeno literario, y millonario. La última la protagonizaba su colega Kurdo Baksi, cuyo libro Mi amigo Stieg Larsson (Destino; en breve en catalán, en Columna) no ha gustado a la viuda, Eva Gabrielsson. Sin embargo, más allá de la controversia de si era un periodista más o menos ético o de la violación que presenció y no evitó siendo un adolescente hay episodios de su vida que han pasado más desapercibidos.

El trotamundos

En realidad, Stieg nació Karl Stig-Erland Larsson. Se añadió una e al nombre cuando con 21 años ya tenía decidido ser periodista. Según Baksi, que admite que nunca le dijo por qué, fue para «indicar que entraba en una nueva etapa de su vida». Antes, al joven Stig se le había quedado pequeña su Umeå natal (600 kilómetros al norte de Estocolmo). Con 17 años hizo autostop hasta la capital sueca y de allí llegó a Argelia con dinero logrado trabajando de lavaplatos o repartidor de periódicos. Se lo robaron, pero volvió y hasta vendió su cazadora de cuero para quedarse más. A los 21 años, como «curtido tratamundos», se largó a Eritrea y Etiopía, donde los servicios de seguridad británicos le interrogaron. Acabó en Adís Abeba, en un hotelucho donde contrajo la malaria. Tras varias peripecias regresó a Suecia vía Kenia-Uganda-Moscú.

El abuelo antinazi

Sus jóvenes padres marcharon a Estocolmo para salir adelante dejándole en Umeå con los abuelos. Ellos le criaron hasta que tuvo 8 años y la familia se reunió en 1962, ya nacido su hermano menor, Joakim. Larsson admiraba a su abuelo Severin Boström, un ferviente antinazi, y su influencia le acompañó durante toda su vida en su lucha contra los grupos de extrema derecha.

Las estrellas y la política

Sus padres le regalaron un telescopio y una máquina de escribir a los 12 años. Le gustaba mirar las estrellas y esa pasión le llevó a presidir en los 80 la asociación escandinava de ciencia ficción y a escribir en revistas especializadas. De su madre, activista sindical fallecida de un derrame cerebral, heredó también el interés por la política. Con 14 años Larsson ya tenía interminables debates con ella en la cocina sobre Biafra, la primavera de Praga o la guerra Vietnam. Fue en una manifestación pacifista, en 1972, cuando conoció a Eva Gabrielsson, con la que compartió 32 años.

Frustración periodística

No logró la nota para entrar en la Escuela de Periodismo de Estocolmo y su trabajo como ilustrador gráfico en la agencia de noticias TT, aunque significaba un dinero fijo, le frustraba ya que sus jefes –entre ellos, Anders Hellberg, que en enero osó afirmar que Larsson no escribió su trilogía–, le recriminaban su parcialidad en los temas de neonazis que él quería colocar. Solo escribió 25 artículos en 8 años, según Baksi. Pero tenía Expo, su revista antirracista y su válvula de escape periodística. Y de ella nació su espejo en la ficción: Millennium, .

Temas: Novela negra