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TRIBUNA

Artículo de Juan Fernández: 'Y el 'Goya' es para¿ Buenafuente'

El presentador conduce con humor una gala muy televisiva, que dejó el plato fuerte para el final

JUAN Fernández

Hace años que la gala de los Goya dejó de ser una ceremonia para convertirse en un programa de televisión. La tele manda, marca los tempos y decide si hay o no hay intermedios. Por si quedaban dudas, este año la Academia se ha cansado de avisar sin disimulo que lo que pretendían montar era un espacio televisivo, no una ceremonia. Si además es Andreu Buenafuente quien ejerce de conductor, las tentaciones de ver la gala como si siguieras un late night son grandes. Esperas que en cualquier momento aparezca Berto por un rincón.

¿Sería capaz el presentador de La Sexta de hacerle olvidar a la audiencia los tostones que tuvo que tragarse en ediciones pasadas? «Como sé que no me lo voy a llevar, yo vengo a reírme un rato viendo en directo el show de Buenafuente», confesaba Maribel Verdú vestida de Nina Ricci sobre la alfombra de la entrada. Había morbillo en el año del buen rollito del cine español.

Al inicio de la velada, los rostros que enfocaba el realizador revelaban expectación ante el esperado monólogo del presentador. Buenafuente no defraudó y mantuvo el habitual tono fino de sus pellizcos. «La película Yo, también podría poner título a todo el cine español. Porque aquí va uno y hace una película sobre la guerra civil, y en seguida sale otro diciendo: ‘Y yo, también», soltó con ironía.

Javier Bardem, que había entrado al Palacio de Congresos por la puerta de atrás para no posar junto a Penélope Cruz (llegó envuelta en un versace marfil), se retorcía de risa en su asiento escuchando el dardo del presentador: «Hombre, tenemos aquí a Miguel Bardem y Mónica Cruz. ¡Ah, no, son sus hermanos!».

A falta de intermedios para desengrasar, los organizadores de la ceremonia tiraron este año de efectos especiales (como el que simuló un tsunami en pleno escenario, o el que logró colar a Pocoyó en la entrega de un premio) y de la voz en off de Toni Garrido para llenar con su entonación de galán los minutos muertos de la subida y bajada de las escaleras, tan poco televisivos. Sin embargo, no hay recurso técnico ni guión cómico que logre hacer más digestivo el terrible momento de los agradecimientos. Cuando el premiado va por el tío-abuelo, cuesta no cambiar de canal. Si lo que buscan es hacer un programa de televisión animado y con ritmo, al empeño le faltan aún varios años para cuajar.

Es inevitable, son una entrega de premios. Los Goya también son emoción y sorpresa. En la primera categoría, el momentazo fue para el premio de honor a Antonio Mercero y en la segunda, la inesperada aparición de Pedro Almodóvar, sin duda el bombazo de la noche.