21 feb 2020

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Semana de la literatura policiaca en Barcelona

Las reinas de la novela negra nórdica Åsa Larsson y Camilla Läckberg desmienten el tópico de la frialdad escandinava en un acto en La Capella

ANNA ABELLA
BARCELONA

Si Suecia, en lugar del epicentro del actual fenómeno de novela negra escandinava originado por el terremoto Stieg Larsson, fuese un tablero de ajedrez, los rostros de la dama blanca y de la dama negra serían los de la rubia Åsa Larsson y la morena Camilla Läckberg. Ambas escritoras, que comparten el trono de la actual novela negra de su país, llegaron del frío para romper el tópico de que los suecos son algo estirados desplegando ayer tarde su ocurrente buen humor ante unas 300 personas que dejaron pequeño el espacio de La Capella, en la calle del Hospital, en uno de los actos del primer día de BCNegra.

Son superventas que en sus pequeños pueblos natales, donde ambientan sus respectivas series de novelas, son inmensamente populares. «¿Puedes poner un cadáver en mi jardín? ¿Y un muerto en mi bañera? Quizá puedes matar a mi suegra, no la soporto...» Es lo que le piden los vecinos de Kiruna a Larsson, (para el que aún no lo sepa, no es familia de Stieg) cuando se la cruzan por la calle. «Se sienten importantes porque ¡tienen una autora!», bromeó la autora de Sangre derramada (Seix Barral / Columna).

A 30 grados bajo cero

El clima es un personaje más en sus novelas. «Estar muchos meses del año a oscuras nos afecta como personas y afecta a nuestra literatura. Los suecos no son conocidos por ser los más alegres del mundo, no? –suelta Läckberg–. En mi primer libro [La princesa de hielo Maeva / Amsterdam] mostré lo distinta que es mi ciudad, Fjällbacka, en invierno y en verano». Inmediatamente interviene Larsson: «Pero si lo que ella llama invierno es nuestro verano!!!». Y es que en Kiruna, 200 quilómetros al norte del círculo polar, ahora están «a 30 grados bajo cero, se te congelan los pelillos de la nariz, los pulmones... Eso sí resulta superdramático para ambientar una novela».

Läckberg creció leyendo a Agatha Christie; Larsson se aleja de lo policiaco: le encanta Margaret Atwood. Ambas admiten como referentes de la novela nórdica a Maj Sjöwal, Per Wahloo y Henning Mankell y se arrodillan ante Stieg Larsson. «Un fenómeno enorme. Me encanta la relación de amistad de Blomqvist con las mujeres... mira cómo sonríen todas, ja, ja», añade Åsa refiriéndose al público femenino de La Capella.

«Pero Blomqvist es en realidad el secundario –apunta Läckberg–.

Lo importante es que hizo de Lisbeth la protagonista. Es genial que Stieg, un hombre, haya creado un personaje femenino tan potente». «Además ha hecho que todos los autores de Suecia se hayan puesto en contacto con sus abogados para dejar bien claro su testamento y que no les pase lo que le ha pasado a él con su herencia», bromea Läckberg en alusión a la muerte sin testar del creador de Millennium, que ha originado una pugna entre su compañera y su padre y hermano.

Las dos se toman muy en serio el tratamiento de la maternidad y la denuncia en sus libros de la discriminación de las mujeres y coinciden en que estas lo tienen muy difícil en todas partes. Pero la jovialidad regresa cuando Läckberg explica cómo se documenta para sus libros: «Encontré un policía, me lo llevé a casa y ahora vive conmigo. El uniforme, ya se sabe...»