UNA PROVOCADORA INTERVENCIÓN ARTÍSTICA

El creador chino Ai Weiwei vierte 14.000 litros de leche y café en el pabellón Van der Rohe

El experimento 8 Ai Weiwei pasea junto a la piscina del pabellón con café, que ya sacaba espuma.

El experimento 8 Ai Weiwei pasea junto a la piscina del pabellón con café, que ya sacaba espuma.

GEMMA TRAMULLAS
BARCELONA

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Ai Weiwei (Shihezi, China, 1957) se cotiza alto, tanto en el mercado del arte contemporáneo como en las listas de individuos peligrosos que maneja el gobierno de su país. En su caso, ser artista se convierte en un oficio de riesgo y no precisamente por dedicarse a verter 9.000 litros de leche y 5.000 de café en las dos piscinas de uno de los iconos de la arquitectura moderna, el pabellón Mies van der Rohe. Eso a las autoridades de Pekín les tiene sin cuidado; lo que les molesta es que Ai Weiwei, hijo del poeta represaliado Ai Qing, aproveche cualquier excusa para denunciar la falta de libertades en China.

Cuatro meses después de someterse a una operación de urgencia por un derrame cerebral provocado por los golpes que le propinó la policía china, el artista volvió a la carga, esta vez desde Barcelona, coincidiendo con su intervención en el pabellón de Montjuïc, que se inauguró ayer: «Ningún acto brutal me va a cambiar –dijo rodeado de cámaras que certificaban su estatus de celebridad en Europa–. La vida no es fácil, sobre todo cuando tanta gente termina en la cárcel solo por expresar sus opiniones, como sucede en China. Como artista, mi obligación es denunciarlo. Lo que hago no es nada heroico, solo pido condiciones justas para todo el mundo».

Un riesgo casi inocuo

Sentado junto a Weiwei, el director de la Fundació Mies van der Rohe, Lluís Hortet, sostenía que «si somos una sociedad libre y avanzada en el arte y la cultura, tenemos que correr ciertos riegos». Hortet se refería a los riesgos, mucho más inocuos, que entraña una intervención experimental cuyo objetivo es contrastar la aparente inmutabilidad del márbol, el vidrio y el acero empleados por Van der Rohe con la corrupción que el paso del tiempo provoca en la materia. En este caso, miles de litros de leche de vaca (no apta para el consumo humano) y de café se irán deteriorando, formarán grumos y se pudrirán hasta la pestilencia. Cuando la Agència de Salut Pública de Barcelona diga basta, esta instalación temporal será retirada y el edificio volverá a brillar reflejado en el agua cristalina de sus dos piscinas.

Con esta actuación titulada Con leche. Encuentra algo que todo el mundo pueda usar, Ai Weiwei mantiene viva la tradición de uno de sus referentes, Marcel Duchamp, que en la primera mitad del siglo XX ya resituaba objetos y elementos de la vida cotidiana en contextos artísticos para ofrecer nuevas y provocadoras lecturas, como su famosoUrinariofirmado por R. Mutt. «He llegado a la conclusión de que el arte es más una actitud ante la vida que la mera producción de objetos», aseguró elDuchamp chino.

Esta intervención es la última de una serie programada por la Fundació Mies van der Rohe para «mantener viva la interpretación y la reflexión sobre lo que representa el pabellón».