El 60º aniversario de una publicación histórica
Cuatro exposiciones resucitan el espíritu provocador de Dau al Set

Portada de la sección +iCult
Corría el año 1948 y todo estaba racionado: la comida, las ideas, incluso el papel. En aquella Barcelona sin energía, unos jóvenes inquietos del barrio de Sant Gervasi necesitaban descargar su rabia y sus ideas. Con una imprenta clandestina modeloBostony papel comprado en el estraperlo, Joan Brossa, Modest Cuixart, Joan Ponç, Antoni Tàpies, Arnau Puig y Joan Josep Tharrats sacaron a la calle una revista,Dau al Set. Pocos daban un duro entonces por aquella publicación rompedora pero, 60 años después, aquella apuesta imposible a la séptima cara del dado sigue todavía viva.
Además de la exposiciónDau al Setque se abre hoy en la Fundació Fran Daurel del Poble Espanyol, el Centre de Cultura Contemporània (CCCB) incluye trabajos del grupo en la muestraIl.luminacions. Catalunya visionària, y las galerías Gothsland y Dolors Junyent han reunido importantes pinturas y dibujos de Joan Ponç coincidiendo con los 25 años de su muerte.
EL OBJETIVO / «El motivo de la exposición es el 60º aniversario del primer número de la revista, que salió en septiembre de 1948 --explica Concepción Gómez, comisaria de la muestra de Ibercaja que se presenta en la Fran Daurel--. Solo existen dos colecciones completas y están en manos particulares. Aquí se puede consultar toda la revista digitalizada». En el archivo del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (Macba) guardan los 58 originales menos uno y a través de la web de la Biblioteca de Catalunya también puede consultarse parte de la colección.
La publicación está arropada por cuadros poco conocidos de la primera época de Tàpies, Cuixart y Ponç, ilustraciones de Tharrats y obras de los poetas Joan Brossa y Juan-Eduardo Cirlot. Este último ha sido incluido como miembro del grupo aunque Arnau Puig y muchos otros defienden que nunca perteneció a él.
Los artistas reunidos en torno aDau al Set fueron pioneros en romper las fronteras entre géneros artísticos y, con esa misma visión, la exposición incluye fotografías de Leopoldo Pomés y Francesc Català-Roca, y la películaFoc al càntir de Frederic Amat, basada en un guión que Brossa escribió en 1948. «Muchas son cosas menores que se quedaron en la intimidad --explica Gómez--. Algunas se las intercambiaban entre ellos y casi todas proceden de manos particulares. Las grandes obras ya se pueden ver en los museos».
EL JUEGO / Un dado gigante con una séptima cara preside la entrada a la muestra. La apuesta imposible hecha realidad. Esta idea de juego y de provocación estaba muy presente en el grupo, sobre todo en Joan Brossa, que era el mayor. Aunque el surrealismo agonizaba en Europa, para ellos fue una tabla de salvación desde la que podían gritar su oposición a todo lo que les rodeaba. «La asunción de lo disparatado como refugio de la libertad fue lo que les unió –añade Concepción Gómez– y también supieron beber muy bien de sus raíces, de J.V. Foix, de Miró y de Dalí».
El azar, un elemento que nunca ha vuelto a tener tanta credibilidad como durante los años del surrealismo, también jugó un papel importante: «Yo conocía a Joan Brossa desde finales del año 42 --recuerda Arnau Puig--. Entonces no teníamos teléfono en casa y bajábamos al colmado o a la farmacia del barrio a llamar. Un día Brossa entró en la farmacia y vio un libro de un expresionista francés, James Ensor. ‘Es de un pintor que también viene a llamar. ¿Quiere conocerle?’, le preguntó el farmacéutico. El pintor era Joan Ponç. Yo ya había sacado un número, el único, de la revistaAlgol y más tarde Ponç hizo una exposición en Sarrià. Hasta allí se acercaron Tàpies y Cuixart. Querían saber quiénes eran aquellos chicos que tenían inquietudes como ellos. Ya éramos cinco. Solo faltaba Tharrats,el impresor».
La confección y la distribución de la revista era muy irregulares y, teniendo en cuenta la poca atención que la publicación recibía en la época, el hecho de que se haya conservado una colección entera ya es un milagro. Circulaban entre 50 y 150 ejemplares --Tharrats los hacía a mano en laBostonde su padre, que era un industrial con alma de poeta-- y al principio costaban un duro. Los números de los años 1948 y 1949 estaban hechos a cinco manos, pero a partir de 1950 los artistas plásticos tomaron el poder y empezaron a trabajar en tándem, con resultados como el número de Ponç-Brossa que aparece en una de las imágenes superiores. También se hicieron originales personalizados y customizados para cada lector, lo que da idea de la capacidad visionaria de sus autores. La revista siguió publicándose hasta 1956, pero sus miembros hacía tiempo que habían tomado caminos distintos. Solo el empeño de Tharrats la mantenía viva.
Dau al Set, la revista, duró ocho años y Dau al Set, el grupo, apenas tres. Un periodo de tiempo muy breve que, sin embargo, cambió para siempre la hoja de ruta de la cultura catalana.
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