crónica
Joaquín Carbonell, idealista sarcástico
El cantautor combinó el escepticismo y la ironía, y cantó a Sabina, Brassens y Cohen en Barnasants
Durante más de 30 años, Joaquín Carbonell ha cultivado la canción de autor interiorista, se ha acercado al jazzmanouchey a la ranchera, y ha rendido culto a Georges Brassens, y en su evolución observamos un uso creciente de sal y pimienta. Al cantautor aragonés la edad no lo ablanda ni le pone melancólico, como a otros, sino que estimula su mirada sarcástica, como si hiciera suyo aquel principio de que la comedia es tan solo la evolución natural de una tragedia más un poco de tiempo.
El domingo, en Luz de Gas, dentro del festival Barnasants, Carbonell rescató una canción,Nubes de langosta,que está incluida en su nuevo disco,Clásica y moderna,pero que compuso en otros tiempos. Así la presentó: "Tiene más de 20 años y es muy dylaniana. Dice que los tiempos están cambiando... ¡para peor, claro!". Ya ven la actitud. Pero con Carbonell no hay sangre ni fuego. Una parte de sus creaciones expresa metáforas desencantadas contemporeposado, comoViva la resistencia,ySin móvil ni coartada.La otra corresponde al apartado decanciones sobre descalabros sentimentalesricas en metáforas : la cama, epicentro poético, es "un melodrama" (Cachito lindo) o bien "la trinchera que hay que conquistar". (Si por lo menos).
En otros tiempos, esa trinchera era más lírica e intangible, como enMe gustaría darte el mar,canción de su primer disco,Con la ayuda de todos(1976), que repescó para alegría de los fans históricos, mayoría en la sala. El Carbonell contemporáneo prefiere escorarse hacia un costumbrismo descreído con ritmo ligero, bien dibujado por el trío de apoyo (entre ellos, el guitarrista francés Philippe Charlot, del Tonton Georges Trio) y plasmado en canciones como30 de febreroy su adaptación deDedicado,de El Chivi, conocido comopornoautor.Esta última está incluida en su nuevo disco, que, según apuntó, disfruta de "una venta masiva, es decir, una venta más IVA".
GUIÑOS A LOS ÍDOLOS
El recital se cerró conMientesy su cadencia de ranchera-vals. Carbonell dedicó los bises a homenajear a tres de sus referentes supremos. Hizo suyaDe purísima y oro,de Sabina, en un fértil mano a mano con Charlot. Y, ya con el grupo completo, sacó a pasearEl gorila,de Brassens, entre cánticos populares de la sala. Como propina final, una adaptación inesperada, la deDance me to the end of love,de Leonard Cohen, con texto en castellano. En el fondo es un sentimental.
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