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Crónica

El dramatismo de 'Bondat', una historia sobre el genocidio, impacta en la Biblioteca de Catalunya

CÉSAR LÓPEZ ROSELL
BARCELONA

Desembarco en Barcelona de dos producciones de la sala La Planeta de Girona, presentadas en Temporada Alta. En Brossa Espai Escènic se programa Pensaments escrits al caure de les fulles, de Ayub Can-Din, dirigida por Jordi Prat y con Muntsa Alcañiz y Xavier Ripoll interpretando una historia que gira en torno al alzhéimer. En la Biblioteca de Catalunya también aparece la enfermedad, pero para endosársela al culpable de genocidio de Bondat, de Michael Redhill, y plantear si se debe juzgar a quien ha perdido la memoria.

El montaje que Pere Puig hace de la pieza, presentado como un thriller psicológico, acaba golpeando a la sensibilidad del espectador al que se le obliga a reflexionar sobre cómo actuaría si viviera una situación semejante como la de historia. Y a analizar sobre lo qué es capaz de hacer la gente bondadosa en una situación límite como la del Holocausto.

Las preguntas resuenan con fuerza en el escenario de la Biblioteca. Son las que formula un dramaturgo judío, alter ego del poeta, novelista y autor de Bondat, cuando se presenta ante el auditorio después de un doloroso proceso de divorcio, y empieza a desgranar una historia que había prometido no exponer nunca. Es el relato de un genocidio y de un proceso para exigir cuentas que se desarrolla en la tierra de un personaje llamado Althea, guardia de una prisión. La hija del acusado alega que su padre tiene alzhéimer mientras que el fiscal busca demostrar que finge la enfermedad para escaparse del veredicto de la justicia.

DESTRUCCIÓN MORAL

"Quería hacer una historia sobre la destrucción de la moral humana, y hacer ver que la gente se ve forzada, a veces, a hacer cosas terribles en nombre de su historia, su lengua o su piel", explicó Redhill, presente el jueves en el estreno. El autor sostiene que no obliga al público a dar un dictamen moral. La obra tiene la suficiente fuerza dramática como para que las cuestiones que plantea queden abiertas y surjan diferentes puntos de vista.

El intenso trabajo de los seis actores, Cristina Cervià, que encarna al personaje que revela la historia al dramaturgo (Òscar Muñoz); el veterano Pep Cortés, como sólido genocida, y Berta Giraud, David Planas y Meritxell Planes, redondea la función. La interpretación de canciones de diferentes países que han sufrido o sufren conflictos bélicos, completa el trabajo interpretativo y ayuda a crear la atmósfera de la historia.