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UN LIBRO BASADO EN UN SUCESO QUE SACUDIÓ BARCELONA

Una vampira en el Raval

El mosso Marc Pastor novela el caso de Enriqueta Martí, que asesinó a decenas de niños a principios del siglo pasado

'La mala dona' ganó el premio Crims de Tinta

ERNEST ALÓS
BARCELONA

Una psicópata de libro, Enriqueta Martí, explotó sexualmente, asesinó y descarnó para fabricar ungüentos a, quizá, decenas de niños, algunos de pecho, en el Raval de principios del siglo pasado. La historia de la vampira de la calle de Ponent, que había caído casi en el olvido, ha vuelto. Varios libros (El diario de Enriqueta Martí, de Pierrot, y El misterio de la calle Poniente, de Fernando Gómez) han rescatado a la primera asesina mediática de Barcelona, digna competidora de Jack el destripador. El mosso d'esquadra Marc Pastor, en su segunda incursión en la narrativa, ha convertido este "mito de la ciudad", del que hace cuatro años le costó encontrar información y que hoy bulle en internet, en un novelón, La mala dona (La Magrana) --que ganó el premio Crims de Tinta--, centrado en la persecución de la malhechora por dos policías.

Un wéstern barcelonés

En el fondo, aunque parezca chocante, se trata de un wéstern. Cronológicamente, apenas hay un pequeño lapso de tiempo entre las aventuras de sheriffs y bandidos a finales del siglo XIX y los tiroteos de policías y gángsters de los años 20. Y la Barcelona de pistoleros y terroristas de 1912 queda justo en medio. "El wéstern es un género cuyas claves se pueden aplicar para narrar cualquier historia", explica Pastor. Pistolas en el cinto, patrullas a caballo, visitas al jefe del poblado gitano del Morrot --eso sí, toman un café de calcetín, no fuman una pipa de la paz--, tabernas en una calle de Balmes polvorienta, un duelo al sol... "Me puse el vídeo La muerte tenía un precio antes de escribir una escena", explica el autor.

No obstante, el sabor local está garantizado. "Hoy no te atracan en la calle en catalán", explica Pastor. Pero en esa Barcelona los chorizos hablaban en catalán. En un catalán que hoy ya no existe y que Pastor ha rescatado de las obras de Juli Vallmitjana. "Hasta que leí La xava no logré encontrar la atmósfera", confiesa. Hay más de un homenaje al novelista de los bajos fondos y de la Barcelona gitana de aquellos tiempos.

La Barcelona de 1912, eso sí, era increíblemente moderna: "El mayor casino de Europa, en la Arrabassada, el Liceu, mucha riqueza por un lado y mucha miseria por otro, con gente que dormía en las tabernas, rateros...". El entorno ideal para que una alcahueta desquiciada robase niños para ofrecerlos a depravados de la alta sociedad. Y una ciudad con la Setmana Tràgica reciente, vigilada por una "policía política", incapaz y corrupta, que no hizo nada por evitar que la asesina actuase impunemente durante años, intentó acallar el escándalo y nunca llegó a investigar los hechos.

Con la historia ya explicada por otros, Pastor ha preferido inventarse esa investigación que nunca emprendió la policía que dirigía Millán Astray (padre). Los policías protagonistas, Moisès Corvo y Juan Malsano, tienen madera de investigadores con serie propia de novela negra. Pero Pastor ha cortado de raíz esta tentación. "Quiero desmarcarme, picotear en otros géneros, además de la novela negra: aventura bélica, ciencia ficción...".

Una forma más de separar su vida profesional de la literaria, de no convertirse para siempre en el policía que escribe novela de crímenes. Aunque no es tan difícil deslindar un mundo y otro. Los personajes de Pastor, él mismo miembro de la policía científica, manifiestan un notable interés por el rigor mortis, las señales de descomposición, las mesas de disección... ¿Es acaso un poco anacrónico tal tono CSI en la Barcelona del 1912? No, responde el escritor: "En ese tiempo la policía científica estaba en plena eclosión. Pero los personajes hablan a partir de la experiencia de quien ha visto muchos muertos, no actúan como Grishom".