Bodega Chozas Carrascal

María José López: La abogada que cambió la ley por el vino de la familia

  • La bodega Chozas Carrascal factura 1,2 millones de euros, de los cuales el 40% procede del extranjero

María José López en la bodega de Requena.

María José López en la bodega de Requena. / Fernando Bustamante

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Jordi Cuenca

Es lo que tiene la adolescencia, que a algunos les da por la rebeldía, incluso por tratar de cambiar el mundo, aunque hasta ahora no lo haya conseguido ni Dios. María José López confiesa que a ella le sucedió tal cosa. Podía haber iniciado sus pasos laborales siguiendo el negocio familiar, pero decidió matricularse en la Facultad de Derecho de la Universitat de València. Tal vez dicho inconformismo lo heredó de su padre Julián, quien a los 34 años dejó la dirección financiera de la empresa textil de su familia, se lanzó a la aventura vitivinícola con su mujer y fundó a principios de los noventa la bodega Chozas Carrascal, en Requena.

"Me he criado con el sueño de mis padres. Las vacaciones de verano consistían en visitar bodegas -siempre en coche, porque a mi madre no le gustan los aviones- de Francia, España, Italia o Suiza y, por hacer la contra, me incliné por la abogacía", cuenta López, de la cosecha de 1984. Concluyó la carrera con sensaciones encontradas, harta de memorizar conocimientos muy áridos pero satisfecha "de la amplitud de miras que te ofrecen esos estudios".

Era 2007 y ya se oteaba en el horizonte la Gran Recesión. Tampoco le apetecía seguir estudiando para preparar unas oposiciones y entonces encontró su camino, un nuevo camino, volviendo al redil familiar. La bodega.

Mercados 

Sus progenitores se habían centrado en el mercado nacional y María José López, que habla inglés y francés, vio que su lugar podía estar en abrir la empresa a la exportación. Así que se dedicó a viajar por el extranjero como comercial al tiempo que cursaba en Requena un master en viticultura y enología para paliar sus "carencias técnicas".

No le ha ido nada mal. Hoy día esta bodega con 22 trabajadores factura 1,2 millones de euros, de los cuales el 40% procede del extranjero, de países europeos como el Reino Unido, Alemania, Holanda o Suiza pero también de Brasil, México, Estados Unidos, Canadá, China y Japón. La clave, como explica la ahora directora comercial y de marketing de la bodega, ha estado en tener muchos importadores de pequeño volumen -hasta cuatro en un país como Bélgica-, "con lo que la marca está muy diversificada. Siendo una firma familiar, debemos ir a esos perfiles que confían en la marca. Queremos que sean nuestros amigos, con relaciones a largo plazo".

La bodega se extiende sobre una superficie de unas cien hectáreas, de las cuales 80 son de viñedo y las otras veinte, de aceite, aunque en este segundo caso la producción es poco apreciable: 5.000 botellas y 600 latas de 2,5 kilos. El corazón de la firma es el vino. Elabora blanco, tinto y rosado, pero también cava. 250.000 botellas en total procedentes de tres denominaciones de origen, la del cava, la DO Utiel-Requena y la del pago, es decir, un paraje con características de suelo y de microclima propios que lo diferencian y distinguen de otros de su entorno. El pago Chozas Carrascal abarca 36 hectáreas.

La familia está en pleno proceso de relevo generacional. El hermano de María José es ingeniero agrónomo y, tras pasarse un año trabajando en bodegas de diferentes países del mundo, se hizo cargo de la dirección técnica del negocio familiar en 2017. Es el enólogo y, aunque ha mantenido los clásicos de la casa, también "ha impuesto su impronta con vinos de segunda generación". En la bodega se cultivan once variedades de uva. Con ocho de ellas se hace el tinto ‘Las ocho’. Las otras son de blanco. 

María José López, pese a esas raíces de la tierra de interior, o tal vez porque sigue manteniendo cierta rebeldía juvenil, se declara una enamorada del mar, aunque también le gusta pasear por el monte. Vive en Massarrojos, una población colindante con la marítima València, y cada día se desplaza a Requena para trabajar. Está casada con un ingeniero de telecomunicaciones que diseña cargadores para coches eléctricos en la empresa valenciana Power Electronics. Son padres de una niña de cinco años y de un niño de dos. Además, como le gustan todo tipo de animales, en su casa completan la fauna un perro y un gato.

La pandemia

María José López asegura que echa mucho de menos otra de sus grandes aficiones, la de viajar. Forma parte de su vida laboral pero confiesa tener "mono" como consecuencia de la pandemia. La crisis del coronavirus "nos ha afectado muchísimo". Basta mencionar, como ella misma recuerda, que la bodega tenía previsto presentar los vinos de nueva generación que había desarrollado su hermano justo una semana después de que el Gobierno decretara el estado de alarma a mediados de marzo de 2020 para luchar contra la pandemia.

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A eso se sumó que la firma no vende en el canal alimentación sino al horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), el más damnificado. Al final, "con dudas, sacamos al mercado los nuevos vinos y nos fue bien y activamos el canal online para vender a particulares. Ahora ya notamos una recuperación total".

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De hecho, la bodega lleva tiempo adscrita al enoturismo. López hizo un curso y la empresa decidió profesionalizar el servicio con la contratación de un trabajador. Primero las visitas eran los fines de semana "y ahora las hemos extendido a los siete días y recibimos más de 5.000 al año". 

El 'chateau' francés

La bodega Chozas Carrascal ha conjugado desde su nacimiento dos conceptos clásicos y exclusivos de la viticultura. Por un lado, está el ‘chateau’ francés, que implica que el viñedo surte a la bodega y, por tanto, no se adquieren uvas fuera de la finca. Por el otro está el pago, que conlleva una denominación de origen propia de ese viñedo.

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