Sara Navarro: la empresaria que hizo posible lo imposible

Sara Navarro, diseñadora y empresaria del calzado.

Sara Navarro, diseñadora y empresaria del calzado. / Rafa Arjones

Se lee en minutos

María Pomares

Si existe eso que hay quien llama predestinación, y que otras personas prefieren denominar determinismo, Sara Navarro (Elda, 1957) encarnaría ese concepto a la perfección. De una familia de origen zapatero, esta alicantina prácticamente se crió entre las pieles con las que se elaboraba el calzado y siempre fue de esas niñas que, si había que elegir, se quedaba con los lápices de colores en lugar de con un juguete.

Tradición familiar y creatividad que, aderezadas por un carácter de natural inquieto, han llevado a esta empresaria y diseñadora de zapatos y complementos a calzar a Daryl Hannah, Anne Igartiburu, la Princesa Leonor o la Infanta Sofía; a trabajar mano a mano con diseñadores como John Galliano o Vittorio & Lucchino; y a lograr en 2005 la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes.

Defensora a ultranza del ‘Made in Spain’, Sara Navarro nunca ha renunciado a continuar manteniendo su producción en Elda. Ni siquiera cuando las cosas vinieron mal dadas para el calzado, y muchas de las empresas de la zona decidieron trasladar la fabricación a Asia en busca de mayor competitividad. Al fin y al cabo, representa la tercera generación de una saga que inició su abuelo con un pequeño taller artesano y que continuó su padre, artífice de la marca Kurhapies, que llegó a tener más de 150 trabajadores y a producir 1.000 pares de zapatos diarios.

Cierto es que lo que ella hace poco tiene que ver estéticamente con lo que hacía la empresa familiar, pero aún conserva la forma de trabajar que heredó de sus mayores, y, especialmente, el apego a la filosofía y a los principios que le inculcaron. "Queda todo el know-how familiar y, sobre todo, queda algo que es fundamental, que son todos los secretos para que los zapatos sean muy cómodos", alega con orgullo.

Talento precoz

Aún estaba en el colegio cuando ganó sus primeros premios en los concursos de pintura provinciales de la época. "Ahí tuve claro que mi vida estaría ligada al arte. Era tan natural que ni siquiera estudié Bellas Artes. Sabía que siempre pintaría", recuerda.

Se decantó, pues, por la Psicología, para tratar de entender el pensamiento humano, complementándolo, eso sí, con otros programas más relacionados con el arte y el diseño. Así hasta que, con 21 años, inició su carrera profesional como diseñadora de su propia marca. "España siempre ha tenido un altísimo nivel de calidad en la elaboración del calzado, pero la moda iba por un lado y el calzado por otro. Quizás lo que yo hice fue unir dos sectores que necesitaban estar unidos en un momento en el que nadie lo hacía, pero que para mí era muy natural", relata.

Y todo con la seguridad que da tener unos conocimientos técnicos que le permitieron interpretar las necesidades de diseñadores como Galliano, de forma que las creaciones fueran factibles desde el punto de vista técnico, en el proceso de fabricación en la empresa, y, además, sin renunciar a que, cuando alguien se pusiera esos zapatos, no se le fueran cayendo por el camino o, peor aún, fuera la persona quien tropezara. 

Diseño y comodidad a la par en el calzado, convirtiéndose, de este modo, en la empresaria que hizo posible lo imposible hasta ese momento. "No es fácil, pero nosotros llegamos a hacer en nuestra fábrica al mismo tiempo los zapatos más clásicos del mercado español, que eran los de Kurhapies, para pies delicados, y los más modernos y vanguardistas que se hacían en España", detalla. "Recuerdo durante todos esos años oír muchas carcajadas en la fábrica. Los trabajadores se reían un montón cuando de repente llegaba un carro con semejantes excentricidades", apostilla Sara Navarro.  

La newsletter de activos

Gemma Martínez da voz a los protagonistas de la nueva economía, que se atreven a decir cosas diferentes.

Suscríbete

Su objetivo, sin embargo, es seguir trabajando en su desarrollo internacional. Hasta la fecha, sus colecciones han viajado por todo el mundo, para lo que ha sido un acicate el ecommerce. "Es una forma de defender en el extranjero ese legado de mi abuelo, de mi padre, de mi pueblo y de mi cultura", señala. Ahora bien, admite que el Reino Unido no es fácil en estos momentos. El covid ha frenado en seco el consumo de forma generalizada, pero el mercado británico presenta un problema añadido.

"En estos momentos, la situación es más complicada, porque el Brexit genera cierta desconfianza en el comprador inglés, lo que va a hacer que opte más por el consumo interno, y también va a hacer que se encarezcan las exportaciones", detalla. Y todo, a la sazón, cuando sus diseños siempre han tenido ese toque tan british eccentric del gusto de los londinenses, lo que ha hecho que tuvieran tan buena aceptación entre los ingleses. 

Te puede interesar

¿Su próximo reto? Escribir un libro, lógicamente, sobre la historia del diseño a través de sus propias experiencias. No en vano, Sara Navarro no se imagina dedicándose a otro sector que no sea el del calzado y los complementos. Ahora bien, de no haber sido zapatera, querría haberse dedicado a la aviación. Horas de vuelo acumula unas cuantas, tanto en el sector zapatero como en el aéreo. Sólo un dato: se quedó a falta del examen para lograr el título de piloto.

Zapatera y psicóloga

Nunca ha ejercido profesionalmente como psicóloga, aunque nada más acabar la carrera se colegió y nunca se ha dado de baja. Hace unas semanas le llamaron del Colegio de Psicólogos de Madrid para colaborar en la lucha contra las secuelas psicológicas del covid. Una ayuda que considera imprescindible no solo ahora, cuando eso que llaman la fatiga pandémica está haciendo estragos, sino desde hace un año.

En cualquier caso, Sara Navarro reconoce que el confinamiento le permitió resituarse. Lo pasó en su casa de Altea, donde aprovechó para pintar todos los muebles, y, sobre todo, para dar entrada a nuevos proyectos. "En situaciones así te puedes dedicar a lo importante en lugar de a lo urgente", sentencia.