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La biotecnología aprovecha los insectos para evitar el desperdicio de alimentos

Esta rama utiliza células vivas para desarrollar o manipular productos con fines específicos

Imagen de archivo de un laboratorio

Imagen de archivo de un laboratorio / Daniel Martins/EFE

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La ciencia avanza cada vez más rápido con el objetivo de desarrollar una vida mejor, más sostenible y que no desaproveche los recursos. Y en este sentido destaca la biotecnología: una rama que utiliza células vivas para desarrollar o manipular productos con fines específicos, como por ejemplo evitar el desperdicio de alimentos.

El 2020 ha sido un año muy positivo para las startups del sector alimentario, que previsiblemente podrían alcanzar una cifra de inversión de 14.000 millones de dólares al finalizar el ejercicio, según Finisterre Ventures. Muchas de ellas se centran en dar respuesta a los principales retos derivados del COVID-19 y a los desafíos urgentes relacionados con la salud, el medio ambiente y el desperdicio alimentario. 

El informe Fooduristic ’21 de KMZero  pone también de manifiesto que en 2050 se necesitará aumentar la producción de alimentos en un 70% para poder abastecer a los casi 10.000 millones de habitantes que poblarán el planeta, según la FAO. Esto supone un gran reto para los agricultores. El mismo informe destaca que el impacto del desperdicio de alimentos es 4 veces mayor que el impacto de todos los vuelos del mundo combinados. Por lo que ya existen diversos proyectos disruptivos para combatir este desafío.

Soluciones sostenibles para los alimentos del futuro

Un ejemplo es Tebrio. Es la primera empresa biotecnológica española especializada en el proceso de cría industrial y transformación del insecto Tenebrio Molitor (también conocido como gusano de la harina). La compañía ha desarrollado soluciones industriales sostenibles con el objetivo de crear los alimentos del futuro. El objetivo es plantear alternativas a la producción primaria en la alimentación de la población mundial, tanto como soporte básico para la producción vegetal, la producción animal como, en un futuro, para la alimentación humana. 

Desde su nacimiento, la compañía ha apostado por el desarrollo de la técnica con el objetivo de poder cambiar así la cadena alimentaria para siempre, redefiniendo la cadena de valor global. Su tecnología, pionera a nivel industrial, ha sido diseñada, aplicada y validada dentro de sus instalaciones, lo que convierte a Tebrio en un referente de la cría y transformación de insectos para sus diferentes usos en alimentación, producción vegetal y otros usos industriales y no industriales

Entre estos usos, la biotecnológica produce cuatro líneas de producto: oProtein, destinada a la alimentación para mascotas y acuicultura. Su altísimo contenido en proteína y sus grandes beneficios nutritivos convierten a este producto en una oportunidad única para combatir el déficit global en la alimentación humana, en un futuro próximo.; oLipids, dirigido a la alimentación para animales y otros usos técnicos, tiene unas características similares al aceite de oliva; oFrass, el primer fertilizante orgánico basado en insectos registrado en el mundo para su uso en nutrición vegetal;  la Quitina y el Quitosano, utilizados actualmente en el mercado farmacéutico, cosmético, médico y agrícola principalmente. 

Por su parte, Appel utiliza la tecnología que prolonga la vida útil de los alimentos a través de un polímero que crea una doble piel a algunas frutas para reforzar su capa interna, haciendo que tarden más en oxidarse; Innovating Alimentary Machines, nuevo método de conservación de alimentos mediante envasado con aire tratado a través de una tecnología que aumenta la vida útil del producto y Moa Foodtech, que transforma desechos y los subproductos de la industria alimentaria en una fuente alternativa de proteínas.

Más allá de la alimentación 

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Pero la biotecnología también avanza en otros campos más allá de la alimentación. Los hongos se cuentan entre los organismos más antiguos y tenaces del mundo. Y ahora también podrían encontrarse entre la materia prima orgánica para fabricar materiales de confección de ropa, gadgets y de construcción más útil. Una investigación llevada a cabo en una colaboración entre la Universidad del Oeste de Inglaterra, Bristol (UWE Bristol), Mogu, el Instituto Italiano de Tecnología y los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha demostrado que estos organismos tienen propiedades que permitirían poder sentir y procesar diversos estímulos externos: la luz, las deformaciones, la temperatura, la presencia de sustancias químicas y hasta señales eléctricas.

Pocas personas pensarían en los hongos como un material adecuado para confeccionar un dispositivo, especialmente si este es inteligente, como un podómetro o un móvil. Los dispositivos ponibles (wearables) requieren de sofisticados circuitos conectados a sensores, así como cierta capacidad de computación. Esto, grosso modo, es lo que los define como “inteligentes”, algo que conseguimos mediante complicados procedimientos y materiales. Sin embargo, la colaboración entre Andrew Adamatzky i Anna Nikolaidou, del Laboratorio de Informática no Convencional de la UWE Bristol; Antoni Gandia, director de Tecnología de Mogu; Alessandro Chiolerio, del Instituto Italiano de Tecnología, de Turín, y Mohammad Mahdi Dehshibi, investigador del Scene Understanding and Artificial Intelligence Lab (SUNAI) de la UOC, han demostrado que entre dichos materiales podemos encontrar los hongos.