Economía circular

Sandra Casellas, la emprendedora del oro líquido

  • La empresaria autónoma exporta toneladas de aceite de aguacate y uva a más de diez países

  • El negocio se basa en la economía circular, a partir de frutos que no sirven para otros usos

Sandra Casellas, en su despacho.

Sandra Casellas, en su despacho. / María D'Oultremont

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Gabriel Ubieto
Gabriel Ubieto

Redactor

Especialista en Mercado laboral, empresas, pensiones y las diferentes derivadas del mundo del trabajo

Escribe desde Barcelona

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La andaluza provincia de Jaén es conocida por sus minas de oro. No es oro del que se lleva colgado al cuello, sino ese que convierte una insípida rebanada de pan en un manjar de desayuno o con el que se cocinan maravillas que dejan por triste cualquier plato guisado con mantequilla. "Si aquí refinan millones de toneladas de aceite de oliva, ¿por qué no refinar también otros aceites?", se preguntó en 2016 Sandra Casellas.

Hoy esta barcelonesa de 42 años exporta aceite de aguacate y de uva a más de 10 países y su cifra final de ventas este pasado 2020 se cuenta por miles de toneladas. "El pedido mínimo son 19 toneladas de aceite", cuenta.

Su negocio se basa en la economía circular, es decir, aprovechar los aguacates que no valen para venta o las uvas que no valen para vino y hacer de ellas oro líquido. "Aceite que no fuera de oliva ya se vendía, lo que pasa es que el mercado lo controlaban los italianos. Venían, lo compraban aquí y luego lo comercializaban por todo el mundo como si fuera suyo. El ‘Made in Italy’ se asocia a un producto de calidad y tiene mercado", cuenta. Aquí Casellas vio un filón: ¿por qué no reducir un intermediario? Así que agarró un avión y se plantó en Nueva York, donde cerró su primera venta.

"Al principio me daba vértigo. Tenía un trabajo estable y una niña de nueve años... pero, ¿quién dijo miedo?", reflexiona. Casellas, galardonada este año con el premio ‘Dona Professional Autònoma’ de CaixaBank, no era nueva en el mundo de los aceites. Con una década a sus espaldas en los aceites para uso industrial, como cosméticos y derivados, decide iniciar su propio proyecto y apostar por los usos alimentarios. "En algunos países es complicado hacer negocios si eres mujer. En esas ocasiones hago ver que soy la traductora y dejo hablar a los hombres, pero en la traducción meto cucharada", dice. 

Su carta de presentación es la "máxima proximidad", tanto en el producto –"te lo vende alguien que está cerca del productor, que no te suma intermediarios"-, como en el trato. "Los clientes me conocen todos. La confianza es clave, al final son productos que la gente se lleva a la boca", explica. Antes de la pandemia podía volar 14 veces en un año solo a Estados Unidos", añade. Que hable cinco idiomas catalán, castellano, inglés, francés e italiano también ayuda.

Esta pandemia ha multiplicado ventas, pues mientras en España durante el confinamiento la gente se puso a hacer pasteles, en Estados Unidos los que pudieron tiraron de barbacoa. Y en todo buen asado no pueden faltar sus salsas, hechas muchas de estas con aceite de Jaén exportado por esta barcelonesa. Pero también ha cambiado su modus operandi y, como tantos otros, ha descubierto que se pueden cerrar y mantener muchos negocios aprovechando las opciones telemáticas. "Mi vida ha mejorado al 200%, ahora paso mucho más tiempo con mi hija y con mi marido", explica.  

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El futuro está en el este

El futuro de esta emprendedora está ahora en el este. Pese a que ya tenía mercados abiertos en Dubai o Tailandia, China se erige como el principal trozo de pastel. Si en Occidente Casellas vende para que otros fabriquen y culminen el proceso, en China el mercado lo tiene con el producto ya envasado y para vender a las familias.

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"La demanda está ahí, el problema es logístico. Las navieras especulan y no hay contenedores", afirma. Su particular ruta de la seda irá algo más lenta de lo que pretende esta emprendedora barcelonesa.