Empresas familiares III

El Pozo, Grupo Montesano, Pikolín, Casa Grande de Xanceda

El Pozo, Grupo Montesano, Pikolín, Casa Grande de Xanceda

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Casi el 90% de las empresas españolas son familiares, generan casi 6,6 millones de puestos de trabajo y el 57% del valor añadido bruto, según datos del instituto de la empresa familiar. El 50% de ellas se encuentra en la segunda generación; el 24% en la tercera y el 11% ya incorpora biznietos.

El secreto para lograr pasar de la tercera generación tiene que ver con la tradición que se respira desde la infancia, pero también, con la convicción de que a veces hay que imponer austeridad para preservar el negocio.

Esta tercera entrega la protagonizan el Grupo Fuertes (El Pozo), Grupo Montesano, Pikolin y Casa Grande de Xanceda.

El Pozo: liderazgo con valores

‘Lo que somos. Una compañía con valores’, así se define el Grupo Fuertes, que se enorgullece de haber interiorizado el concepto de responsabilidad social como un compromiso de toda su estructura hacia sus principales grupos de interés: consumidores, clientes, empleados, accionistas y el conjunto de la sociedad. Esta organización empresarial ha crecido de manera constante hasta llegar a ser uno de los principales holdings empresariales de España, con capital 100% nacional.

Ante la pregunta de qué posibilita la pervivencia de una empresa familiar, su presidente, Tomás Fuertes, cree que "más que de secreto, hablaría de receta: nuestra estrategia empresarial desde nuestros inicios hace 66 años ha sido nuestra responsabilidad social, siendo siempre fieles a nuestros valores". Estos principios que les mueven, enumera el directivo, son la búsqueda de la competitividad, la reinversión, la creación de empleo de calidad, la mejora continua y el desarrollo sostenible. "Tenemos vocación de servicio, buscando en todo momento la satisfacción de consumidores y clientes", señala.

La compañía está integrada por más de veinte empresas organizadas en un potente núcleo cárnico, representado principalmente por ELPOZO ALIMENTACIÓN, una división de alimentación y bebidas, y un área diversificada. Dan trabajo a cerca de 8.000 personas y generan un impacto laboral en su entorno que alcanza los 45.000 trabajos indirectos.

Además, el grupo posee participaciones financieras en empresas que operan en sectores como el ocio, las telecomunicaciones, las infraestructuras o el I+D+i. En 2020, la facturación consolidada alcanzó los 1.898 millones de euros, el 2,4% más en relación con el ejercicio anterior, con un creciente protagonismo de las exportaciones. Para el Grupo Fuertes, su actividad supone un dinamizador social que impulsa el desarrollo y la mejora de las comunidades donde está presente. "Nuestro motor es la ilusión. Creemos que para que los proyectos salgan adelante es necesario una combinación de conocimiento, perseverancia y poner los medios necesarios para conseguirlo”, detalla Tomás Fuertes.

El objetivo de todas las compañías del holding es trabajar activamente para consolidar un modelo de negocio coherente y respetuoso con su entorno, integrando su actividad en las metas que establecen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y aplicando soluciones eficientes que den respuesta al contexto actual.

Tomás Fuertes, presidente del Grupo Fuertes (El Pozo).

/ Alfonso Durán

Grupo Montesano: la cárnica pionera que exporta a cinco continentes

Hace más de 80 años que esta familia se dedica a la elaboración de jamones y productos derivados del cerdo. La primera generación contaba con una pequeña y artesana fábrica de embutidos y con un comercio de alimentación y carnicería en Salamanca.

En 1964 Martín García Garzón conoció, a través de uno de sus primos, a un empresario canario que le invitó a conocer las Islas y a estudiar la posibilidad de instalar una fábrica allí. Un año después, García constituyó la primera industria cárnica del archipiélago: Embutidos de Tenerife SA, lo que hoy es Montesano Canarias. Martín García Garzón continúa presidiendo el consejo de administración, pero hace unos años dejó la gestión del día a día en manos de sus tres hijos: Carmen, Raúl y Jaime García Pascual.

"La segunda generación crece y vive en el ambiente de esfuerzo, sacrificio y compromiso que se genera a la hora de levantar la empresa. A medida que se ramifica la familia, todos esos valores iniciales se van diluyendo", admite Carmen García Pascual, consejera de Grupo Montesano.

Por eso -añade-, "para llegar con éxito a la tercera generación es necesario que la segunda trasmita a sus hijos todos esos valores y el compromiso, no solo con la familia, sino con el equipo y la sociedad". Además, según la consejera, "es igual de necesario tener planificado el relevo generacional a través de instrumentos como el Protocolo Familiar y profesionalizar la empresa".

En los años 90 la compañía saltó a Extremadura y diez años después, comenzó a exportar a Asia. En 2007 se convirtió en la primera industria española autorizada para vender a China y en 2010 sus jamones ya estaban en Brasil, Nueva Zelanda, Australia, Canadá... Su producción está hoy presente en más de 40 países de los cinco continentes, y la venta al extranjero representa el 37% de la facturación. Grupo Montesano, que ingresó 65 millones de euros en 2019, cuenta con 450 empleados repartidos en cuatro centros de producción: Canarias, dos en Extremadura -industria y agropecuaria- y Andalucía (El Pedroso, Sevilla).

El presidente de Grupo Montesano, Martín García Garzón, junto a sus hijos Raúl, Carmen y Jaime García Pascual.

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Pikolin: 73 años de dulces sueños

"Trabajo, trabajo y trabajo". Este es el "secreto a voces" que ha llevado a Pikolin a convertirse en el segundo grupo europeo del sector del descanso y el primero de carácter familiar, además de líder en los mercados de España y Francia. Así resume Alfonso Soláns, presidente de la compañía aragonesa, la receta de éxito que ha seguido la empresa en sus 73 años de historia. "Es la base sobre la que construir, puedes tener grandes ideas y proyectos, pero hay que trabajarlos, dedicar muchas horas y mucho esfuerzo", argumenta.

"Los sueños hay que perseguirlos. Y la ilusión no perderla nunca", añade. Otro factor fundamental es, recalca, "el compromiso con mayúsculas y a todos los niveles". El de la familia con el proyecto empresarial "y la gente que lo hace posible", el de los empleados "que con su esfuerzo y dedicación lo llevan adelante"; con la calidad para "ofrecer el mejor de los productos posibles", con el cliente para "alcanzar la excelencia en el servicio", con la innovación "para adelantarnos a las demandas del mercado" y con la sostenibilidad. "Y en nuestro caso, con Aragón, para generar riqueza en el lugar donde tenemos nuestras raíces", subraya.

Por último, Soláns cita otro elemento que para la trayectoria de Pikolin ha sido determinante: la profesionalización de la gestión. "Somos una empresa familiar con presencia internacional; una empresa que comenzó con tan solo seis trabajadores en 1948 y que hoy emplea alrededor de 3.000 personas en diez plantas de producción por todo el mundo". En concreto, cuenta con tres fábricas en España (dos en Zaragoza y una en Valencia), cuatro en Francia, dos en el sudeste asiático y una en Brasil.

La empresa cuenta además con un protocolo familiar "perfectamente definido". "La tercera generación, mis hijos, están ya incorporados en el grupo, aunque ningún miembro de la familia ostenta un puesto ejecutivo", explica. La estrategia de crecimiento de la compañía pasa por la internacionalización y la diversificación. Esta última es tanto geográfica como en segmentos de mercado: hogar, hotelero, geriátrico y hospitalario. "Esto nos permite apuntalar el crecimiento en ventas en todo el grupo", afirma.

Y la apuesta internacional se basa en la fabricación propia para los distintos mercados en los que opera. "No hay fórmulas mágicas ni secretos, solo mucho trabajo, esfuerzo y compromiso con el proyecto por parte de todos lo que día a día lo hacemos posible", concluye.

Alfonso Soláns, presidente de Pikolin.

/ Maite Santonja

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Casa Grande de Xanceda: yogures gallegos con sello verde y legado familiar

Entre las montañas, en la localidad coruñesa de Mesía, se esconde una suerte de fábrica-taller de yogures de Casa Grande de Xanceda. El sello de esta compañía familiar gallega es ecológico, para sus yogures, sus helados, queso y otros productos de las 380 vacas de la producción. Ellas, por cierto, también han encarnado el relevo generacional en esta empresa como descendientes que son de medio centenar de reses que llegaron en barco desde Canadá en los 60.

Fue en esta década cuando los abuelos de Cristina Fernández-Armesto, una de las actuales socias, se hicieron con unos terrenos en Galicia para fundar una ganadería láctea. "Fue su proyecto de jubilación", explica la directiva, que relata que su abuelo estuvo hasta el último día al frente de la granja. Fue su longevidad la que propició que el primer relevo generacional no llegara hasta 2002, casi saltándose un eslabón familiar.

Y el cambio se produjo con ciertos vaivenes para el negocio. Tras dos años de análisis ganaron el pulso, en un sector en el que proliferaban multinacionales. Ahora Casa Grande de Xanceda presume de ser una de las mayores productoras de leche con este sello en Galicia. Un cambio de enfoque para "llegar directamente al consumidor, con nuestra propia marca e integrando todo el proceso productivo: desde el nacimiento de los terneros, el cultivo del alimento para las vacas y el ordeño hasta la transformación de esa leche en lácteos ecológicos", cuenta Fernández-Armesto.

Pese a la competencia, la empresa pretende seguir siendo familiar. Una condición que les ha permitido "hacer las cosas a nuestra manera, sin presiones externas. Nos hemos basado siempre en la transparencia, en la confianza", detalla la heredera de la firma láctea. "Nunca tuvimos grandes presupuestos de marketing, pero a cambio las puertas de nuestra granja están siempre abiertas". Y tanto es así que en la época precovid, la granja recibía unas 5.000 personas al año, una fórmula con la que dan a conocer su apuesta.

El secreto del éxito para alcanzar esta tercera generación son sus valores, dice la socia de Casa Grande de Xanceda "protegemos la naturaleza, fomentamos la biodiversidad, cuidamos con cariño a nuestros animales, elaboramos productos saludables y creamos empleo y valor en el rural gallego". Una granja, 300 vacas, cerca de 200 hectáreas de prados y bosques ecológicos. "Respetamos el legado de nuestros abuelos", concluye.

Cristina Fernández-Armesto, socia de Casa Grande de Xanceda.

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