Relevo familiar

Aditya Mittal: el elegido para tomar el mando del rey del acero Arcelor

  • Aditya Mittal, de 44 años, releva a su padre Lakshmi Mittal como consejero delegado

  • Arcelor Mittal es líder siderúrgido mundial, con más de 8.000 empleos directos en España

Lakshmi Mittal, presidente y CEO de Arcelor Mittal (derecha), y su hijo Aditya Mittal (izquierda).

Lakshmi Mittal, presidente y CEO de Arcelor Mittal (derecha), y su hijo Aditya Mittal (izquierda). / Charles Platiau (Reuters)

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Javier Cuartas

La multinacional Arcelor Mittal, mayor fabricante mundial de acero, vive los primeros movimientos de lo que pretende ser un proceso gradual de sucesión familiar al frente del grupo, que tiene más de 190.000 trabajadores en 26 países. En España cuenta con 8.605 empleos directos (5.400 de ellos, en Asturias) y 10.000 entre directos e indirectos. Lakshmi Mittal, de 70 años, patriarca de la dinastía anglo-india propietaria del 35,61% de la compañía y hasta ahora primer ejecutivo y presidente del consejo, ha cedido el puesto de consejero delegado a su hijo Aditya Mittal, de 44.

Aditya era en la actualidad director financiero de la corporación y consejero delegado para Europa. El progenitor seguirá implicado en la empresa siderúrgica como presidente ejecutivo pero será su descendiente quien asuma desde ahora, dijo Lakshmi, “el funcionamiento efectivo del día a día de la compañía”.

Trabajo conjunto

El movimiento de Lakshmi Mittal (fundador en 1976 de lo que terminó siendo Mittal Steel, compañía antecesora de Arcelor Mittal) no es “un paso atrás, sino un paso al lado”, dijo una persona familiarizada con el grupo. Padre e hijo explicaron en un comunicado que seguirán trabajando conjuntamente como venían haciendo en los últimos años, en los que Aditya ya formaba parte, bajo la dirección del patriarca, de la denominada Oficina del Consejero delegado, con sede en Londres.

Ahora lo harán desde posiciones diferentes pero preservando el tándem bajo el que ha funcionado el grupo. “Continuaremos colaborando estrechamente y yo seguiré tan interesado, implicado y comprometido como siempre con el éxito a largo plazo de la compañía”, dijo Lakshmi. Se abre así una etapa transitoria de tutelaje y apoyo paterno hasta la futura asunción plena del liderazgo por el sucesor. La continuidad del progenitor y que “siga totalmente involucrado como presidente ejecutivo es una gran ventaja”, dijo el nuevo consejero delegado, porque “su buen juicio, conocimiento y percepción serán inestimables”.

Adiya era, según su padre, “la elección natural y adecuada para ser consejero delegado de la compañía”. “Hemos trabajado en estrecha colaboración desde que se incorporó a la empresa en 1997 y en los últimos años hemos estado dirigiendo juntos la compañía de manera eficaz. Aditya posee un conocimiento sin igual del negocio y un agudo sentido de cómo la empresa debe continuar su transformación para seguir siendo la empresa siderúrgica líder en el mundo”, afirmó Lakshmi.

El nuevo consejero delegado es el único varón de los dos hijos de Lakshmi y su esposa, Usha, ambos nacidos en India y titulares de una de las mayores fortunas del mundo, según Forbes. La hija del matrimonio, Vanisha, nacida en 1980 y titulada en Estudios Orientales y Africanos por la Universidad de Londres y en Administración de Empresas en la European Business School, es vocal en el consejo de administración de la compañía y su marido, Amit Bhatia, banquero de inversión, colabora con los negocios de la familia.

Distintos perfiles

Aunque han integrado en los últimos catorces años un binomio consistente, Aditya y su padre tienen perfiles diferentes. El progenitor, que es consejero del banco de inversión Goldman Sachs, ha ejercido de modo predominante como un industrial y un hombre de fábrica mientras que su hijo tiene una formación y una visión financieras, por más que su creciente implicación en Arcelor Mittal desde hace casi tres lustros le haya impuesto una progresiva inmersión en la lógica fabril.

Sus caracteres también difieren. Al fundador se le considera “más cercano” y “cálido”, mientras que a Aditya se le describe como “correcto pero más distante” y un tanto “tímido”. En público se refiere a su padre siempre como “el señor Mittal” y opera como un directivo más del grupo y no como mero hijo del dueño. Lakshmi, fundador del grupo, nació en una aldea de Rajasthan (India) en 1950 y se crió en Calcuta, la ciudad en la que afincó la familia y donde heredó un taller metalúrgico que fue propiedad de su padre. Según la versión oficial, dio el salto a la producción siderúrgica cuando en 1976, con 26 años, compró un taller de laminación de acero en Indonesia que pasaba por dificultades. Fue la primera de una larga secuencia de adquisiciones de plantas acereras en varios países en los dos decenios posteriores.

Aditya Mittal, el primogénito, nacido en Calcuta en 1976, estudió en la Escuela Internacional de Yakarta cuando la familia se trasladó a Indonesia. Entre 1993 y en 1996 cursó Economía en la especialidad de Dirección Estratégica y Finanzas Corporativas en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania (EE UU). Fue allí donde conoció a la que luego se convirtió en su esposa, Megha, con la que tiene dos hijas. Megha, nacida en Marwari (India) en 1976, es la presidenta y consejera delegada de la empresa de moda femenina de lujo Escada, adquirida en 2009 cuando la sociedad se había declarado insolvente.

Tras su formación académica, Aditya trabajó durante un año en el departamento de fusiones y adquisiciones del banco de inversión Crédit Suisse First Boston. Al cabo de ese periodo, y con 21 años, se integró en el grupo familiar. La primera misión que le asignó su padre en 1997 fue supervisar la oferta pública de venta de acciones (OPV) en la Bolsa de Nueva York de la sociedad Ispat International, en la que se había agrupado parte de las compañías que Lakshmi Mittal había ido comprando a partir de 1989 en Trinidad y Tobago, México, EEUU, Alemania, Kazajistán y varios países de Europa del Este.

Liderazgo global

Tras esa primera intervención, Aditya asumió el departamento de fusiones y adquisiciones de la multinacional y, en condición de tal, encabezó la expansión de grupo familiar en Europa del Este. En tanto que director financiero de otra de las sociedades de la estirpe, LNM Holdings, participó en la fusión de esta sociedad con Ispat International, lo que dio lugar en 2004 al nacimiento de Mittal Steel, que simultáneamente protagonizo una fusión con la estadounidense International Steel Group. Fue entonces cuando Mittal Steel se erigió en la mayor productora mundial de acero.

Solo dos años después, en 2006, los Mittal vieron la oportunidad de consolidar su liderazgo global con el lanzamiento de una oferta pública de adquisición de acciones (opa), valorada en 18.600 millones de euros, sobre el 100% del grupo europeo Arcelor, resultante de la fusión de la francesa Usinor y la luxemburguesa Arbed. La luxemburguesa era la propietaria desde 1997 de la española Aceralia, la compañía pública privatizada por el Gobierno de José María Aznar (PP) y que era heredera de las antiguas Ensidesa (la siderurgia asturiana de titularidad estatal) y Altos Hornos de Vizcaya (AHV).

Mittal Steel, que había hecho hasta entonces una apuesta prioritaria por el tamaño (en los cinco años precedentes había acometido veinte adquisiciones), vio en el control de Arcelor, con ratios más favorables, la posibilidad de mejorar cualitativamente su estructura fabril y su balance, además de reforzar su liderazgo por volumen de producción en un mercado en el que los grupos chinos controlan el 49% de la producción mundial. La resistencia inicial de Arcelor, con sede en Luxemburgo, fue férrea pero al final, y aunque calificó de “hostil” la oferta, llegó a un acuerdo que dio a los Mittal el control hegemónico sobre el grupo resultante de la fusión (pasaron a ser dueños del 43,6% en ese momento) y el poder ejecutivo.

Uno de los convertidores de la acería de Gijón, en plena actividad.

/ LNE

Arcelor Mittal nació en noviembre de 2007 con 61 plantas, 320.000 trabajadores, una capacidad productiva de 120 millones de toneladas en 27 países y unos ingresos anuales de 71.900 millones de dólares. En 2019 (un año muy difícil para el sector europeo del acero debido a los aranceles de Donald Trump en EE UU, el desvío masivo hacia la UE de productos a bajo precio fabricados en China y Turquía, la insuficiencia de las medidas de salvaguardia comunitarias, la carestía creciente de los derechos de emisión de CO2 en Europa y el estrechamiento de márgenes causado por el encarecimiento del mineral de hierro y el abaratamiento simultáneo del producto final) la compañía facturó prácticamente lo mismo que doce años antes (70.615 millones de dólares) pero con el 59% del empleo de entonces tras sucesivos planes de ajuste y de inversión para mejorar la productividad y la competitividad.

En el ejercicio previo a la pandemia produjo 71,5 millones de toneladas de acero en 18 países (4% de la fabricación mundial) y 58 millones de toneladas de mineral de hierro en otros ocho con 191.248 empleados en total. Las dificultades del ejercicio llevaron al grupo a incurrir en 2019 en unas pérdidas de 2.454 millones de dólares (2.017 millones de euros al tipo de cambio actual). Las alarmas se dispararon. Sin embargo, y a pesar de la enorme adversidad que supuso la pandemia desde marzo de 2020, la situación que hereda el nuevo consejero delegado es sensiblemente mejor.

Mejoran las cifras

Aunque en 2020 la facturación se desplomó hasta los 53.270 millones de dólares (el 24,5% inferior a la de un año antes), las pérdidas se redujeron el 70%, hasta situarse en 733 millones, y en el cuarto trimestre la compañía volvió a beneficios. El grupo anunció que restablecerá el pago ordinario de dividendos, el primero de los cuales (0,30 dólares por acción, unos 0,25 euros) pretende abonarlo en junio.

Por el camino, ha habido paradas de plantas, el cierre definitivo del horno alto y acería en Cracovia, medidas de flexibilización y reorganización laboral (está en marcha un plan para reducir pérdidas en la división de productos largos de Gijón), una ampliación de capital por 2.000 millones de dólares y la venta de su negocio en EE UU al productor estadounidense de pélets de mineral de hierro Cleveland-Cliffs a cambio de 1.400 millones de dólares, una participación minoritaria en el grupo comprador y la asunción por Cleveland-Cliffs de los débitos asociados a los activos adquiridos.

Con unas y otras operaciones, Arcelor Mittal ha satisfecho una aspiración largamente ambicionada: logró reducir su deuda bruta a 12.300 millones de dólares y la neta, a 6.400 millones, el nivel más bajo desde la fusión de 2006. Los indicios para este año son esperanzadores. Las previsiones para el primer semestre de 2021 apuntan a una recuperación aparente de la demanda del 5%, pendiente de confirmar si es producto del mayor consumo final o de una mera reposición de stocks tras un ejercicio, el de 2020, en el que muchos transformadores y almacenistas optaron por cubrir gran parte de sus necesidades de acero reduciendo inventarios.

En la cabecera integral de Asturias todas las instalaciones (incluidos los dos hornos altos, los únicos existentes en España) han vuelto a estar plenamente operativas y en Sestao la acería eléctrica (que obtiene el acero a partir de chatarra y no de mineral de hierro) está ampliando producción tras haber recuperado la actividad en septiembre.

Presencia en España

En España, Arcelor Mittal tiene once plantas industriales (situadas en Asturias, País Vasco, Navarra y Comunidad Valenciana), oficinas en Madrid, 17 centros de distribución repartidos por las distintas comunidades autónomas, y dos centros globales de investigación y desarrollo en Asturias y otro en el País Vasco. El año pasado fabricó 4,1 millones de toneladas, el 37,6% de la producción nacional de acero. Aunque las impresiones apuntan a una mejora del ciclo y del negocio, los riesgos que aún encara el gigante mundial son importantes.

Siguen vigentes todos los desafíos de 2019, pervive una sobrecapacidad mundial de producción estimada de unos 500 millones de toneladas, hasta 2023 la UE no establecerá el prometido arancel ambiental en frontera a las fabricaciones extracomunitarias poco respetuosas con el cambio climático para evitar una competencia ventajista (las plantas europeas tienen que comprar derechos de emisión que está cotizando en niveles récord de 38 euros por tonelada de CO2), y, en el caso de España, persiste la demanda de un precio de la electricidad que permita a las plantas (para las que la energía representa el 40% de los costes) competir en igualdad con las alemanas, francesas e italianas.

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A largo plazo, el gran empeño que marcará el mandato de Aditya Mittal es lograr un acero exento de emisiones de CO2 en 2050 que garantice la supervivencia y competitividad de la siderurgia en Europa, donde la demanda de una industria no contaminante y que no contribuya al cambio climático es cada más exigente. La multinacional trabaja en dos proyectos, con diferentes tecnologías, que pretende aplicar en Gante (Bélgica) en 2022 y en Hamburgo (Alemania) en 2023-2025.

Aditya Mittal dijo que se trata del “mayor reto, pero también de la oportunidad más grande”, para “demostrar que el acero se puede descarbonizar y que, de hecho, es el material perfecto para una economía circular”. “Este será sin duda”, afirmó, “un motor crítico de nuestra estrategia en los años y décadas venideros”. Miles de empleos en la UE y España dependerán de ello.