Rafa de Ramón, CEO y fundador de Utopicus

Presente y futuro del coworking: así capean la crisis sanitaria las oficinas compartidas

Algunos espacios de coworking permanecen abiertos con servicios mínimos desde que empezó la cuarentena, para dar servicio a aquellos que no puedan trabajar en casa. Hablamos con Rafa de Ramón, CEO y fundador de Utopicus, sobre el futuro del sector

Algunos espacios de coworking permanecen abiertos con servicios mínimos desde que empezó la cuarentena, para dar servicio a aquellos que no puedan trabajar en casa. Hablamos con Rafa de Ramón, CEO y fundador de Utopicus, sobre el futuro de un sector que estaba en auge antes del estallido del coronavirus. 

Rafa de Ramón, CEO de Utopicus, durante una conferencia.

Rafa de Ramón, CEO de Utopicus, durante una conferencia. / Imagen cedida (Utopicus)

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El 14 de marzo, el Gobierno decretó el Estado de Alarma por la crisis del coronavirus. Una decisión que supuso el parón forzoso de muchas actividades y un cierre casi total de muchos sectores de actividad y de la sociedad. Sin embargo, no todo ha echado el cierre en esta cuarentena. Además de los comercios de primera necesidad, como supermercados, farmacias o gasolineras, también siguen abiertos espacios menos ‘evidentes’, como algunos coworking o centros de oficinas compartidas.

Sin embargo, que la persiana no esté bajada no quiere decir, ni mucho menos, que estén funcionando como siempre. Así lo explica Rafa de Ramón, CEO de Utopicus,  plataformas de coworking de referencia en España que actualmente pertenece a la Inmobiliaria Colonial y cuenta con 5 centros en Barcelona y 9 en Madrid.

“Los espacios en Madrid y Barcelona siguen abiertos con servicios esenciales. La decisión de tener un mínimo equipo en cada espacio responde a las peticiones de emprendedores y clientes, que no tienen ningún lugar para trabajar y requieren un espacio y servicios para desarrollar su actividad”, apunta de Ramón. El 85% de sus clientes son empresas, de los cuales el 40% tiene menos de 10 trabajadores, y de sectores como el tecnológico, finanzas, energía y servicios profesionales (agencias, abogados…).

Sin embargo, aclara que “en todo momento se han seguido los consejos y medidas impuestas por las autoridades”. Precisamente, desde que comenzó el confinamiento se han impuesto las mayores medidas de seguridad para el personal de la compañía, “como el incremento de las desinfecciones de las diferentes zonas de trabajo o no superar la distancia de un metro o la limitación de interacción entre coworkers, clientes y empleados”. 

Los espacios se transforman a raíz del coronavirus

Precisamente, higiene y distancia parece que serán la tónica general más allá de la cuarentena, para instalarse en esa “nueva normalidad” de la que habla el Gobierno y que se espere que llegue a finales de junio. Con este panorama, Rafa de Ramón explica que están “reconfigurando nuestros espacios, disminuyendo la densidad de las oficinas, ofreciendo servicios virtuales de trabajo en remoto y ampliando zonas de comunes en todos nuestros espacios de eventos. Nuestro propósito actual es convertir nuestros espacios en los lugares de trabajo más sanos e higienizados, cumpliendo con los máximos estándares de seguridad y salud”

Utopicus ha puesto en marcha desde hace semanas un protocolo estricto que incluye revisión y cambios de filtros de aire, mamparas de protección para las recepciones o desinfección, cuarentena en la recepción de paquetería y uso de guantes y geles hidroalcohólicos. Además, ofrecerán mascarillas a los coworkers (cuando reciban el pedido de 9.600 unidades FFP2, que esperan que llegue estos días) y valoran medidas como controlar el aforo en ascensores, usar vajilla biodegradable en las zonas comunes e incluso implementar adaptadores que permitan la apertura de puertas con los codos.

Ayudas más allá de la liquidez

En suma, un esfuerzo de re invención que, obviamente, supondrá un esfuerzo de inversión para este tipo de compañías. ¿Han necesitado recurrir a ayudas públicas para poder adaptarse a este nuevo escenario?

Rafa de Ramón explica que “en principio no hemos realizado ningún ERTE y no tenemos programado hacerlo. Tampoco vamos a acogernos a las medidas de ayuda que plantea el gobierno”, aunque lo que sí siguen “muy de cerca es todo lo referente a las moratorias de alquileres, ya que el coste del alquiler para nosotros es el mayor gasto que tenemos”. 

Precisamente, a la pregunta de si haría falta un mayor apoyo para el sector, señala que se deberían reforzar esas ayudas en el alquiler “ampliando las moratorias y bonificando el periodo de alarma. Y plantear alguna medida contable no solo para salvar la caja sino para que no caiga en la cuenta de pérdidas y ganancias. Eso sería sin duda de gran ayuda”, apunta. 

Futuro complejo, pero con oportunidades

Son escasas las industrias y los negocios que no acusan el duro golpe del coronavirus, que ha puesto en aprietos a muchas empresas en nuestro país que se enfrentan a una cantidad ingente de gastos con una caída fuerte de ingresos.

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Sin embargo, Rafa de Ramón es optimista con la capacidad de resiliencia del sector del coworking en España. Afirma que “sin dudas sobrevivirá y se hará más fuerte. Puede que se queden algunos en el camino, pero los que mejor y más rápido entiendas las nuevas necesidades, miedos y oportunidades de los clientes tienen un futuro por delante”.

Y es que “los cambios a los que actualmente se enfrenta la economía mundial tras la crisis generada por el coronavirus, apremian la búsqueda de nuevas soluciones, a la vez que se crean nuevos modelos de trabajo a los que las organizaciones deben amoldarse. En un panorama post Covid-19, la seguridad en salud, la flexibilidad y la deslocalización de nuestro modelo ofrecerá soluciones para el futuro del trabajo de muchas organizaciones. Los espacios de coworking tras el Covid-19 se presentan como una oportunidad para la deslocalización de algunos equipos de las compañías”, señala de Ramón, que augura que también “se producirá una mayor sensibilización por parte de las empresas hacia los costes, debido a la falta de estabilidad y la incertidumbre del panorama venidero. Esto se concretará -y ya se está concretando- en una actitud más reacia a contratar servicios de larga duración”. Algo que, en su opinión, favorecerá los contratos a 3 años que suele ofrece de media el sector.