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Spin-offs, meter el pie en el mundo de las startups desde la universidad

Las universidades españolas también crean empresas, surgidas de investigaciones o proyectos concretos, y auspiciadas por las oficinas de transferencia

Las universidades españolas también crean empresas, surgidas de investigaciones o proyectos concretos, y auspiciadas por las oficinas de transferencia.

Spin-offs, meter el pie en el mundo de las startups desde la universidad

Ricard Cugat

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Alberto Payo
Alberto Payo

Colaborador

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En el ecosistema emprendedor en ocasiones se habla de spin-offs. Pero ¿qué es exactamente este término? ¿Qué peculiaridades tienen este tipo de compañías? Las spin-offs pueden entrar dentro del paraguas de las startups, en el sentido de que tienen base tecnológica, albergan un componente de innovación y entran en su misma dinámica de búsqueda de financiación. Sin embargo, se diferencian en su origen.  Son proyectos surgidos del interior de las universidades o de centros de investigación, que se acaban ‘emancipando’ de estos y constituyéndose como sociedades.

Las encargadas de que esto sea posible son las OTRI (Oficinas de Transferencia de los resultados de una investigación). Estos organismos están adscritos a centros universitarios y centros públicos de investigación y su misión sería tender puentes entre los grupos de investigación y el sector productivo o el mundo empresarial. Nacidas en 1988 y oficializadas en 1996, también son las abanderadas de que se cumpla la denominada ‘tercera misión’ de la Universidad, es decir, la transferencia del conocimiento a la sociedad.

Este valor -y más en concreto la transferencia de tecnología- se llevan impulsando normativamente desde 2001. Más adelante, En la Ley Orgánica 4/2007 del 12 de abril (LOMLOU) se dio un gran avance para la creación de spin-offs, ya que según algunas modificaciones se rompió una limitación existente hasta entonces: que los profesores o personal de los centros no podían tener participaciones en estas empresas que sobrepasaran el 10% del capital social debido a las incompatibilidades.

La también llamada ‘Ley de la Ciencia’ se renovó en 2011, abriendo las puertas a que los funcionarios puedan pertenecer a consejos de empresas directamente relacionados con su actividad. Además, se suprimió otra barrera existente: la de no tener un complemento específico superior al 30% de las Retribuciones Básicas.

Cada universidad es un mundo

Cada universidad española, no obstante, tiene su propia normativa y operativa al respecto. Hay algunas que no quieren entrar en el accionariado de las empresas que surgen bajo su ala y otras que sí lo prefieren. “Las que son un poco más antiguas creen que ‘es una historia que se ha querido montar el investigador’. A nivel de marketing les parece bien, pero le dicen al investigador que se busque la vida administrativamente hablando”, explica Raúl Mata, experto en el desarrollo de nuevos negocios y socio fundador de eGauss Business Holding, un holding especializado en innovación y transferencia de tecnología.

Al margen de estas políticas de entrar o no en el accionariado de sus spin-offs y la posible ayuda administrativa, estas empresas una vez montadas deben cerrar un acuerdo de transferencia de tecnología con la universidad en la que han nacido. “Son dos cosas diferentes. Una es ayudar a que no haya que buscarse las cuentas por otro lado y la otra es esa transferencia, ya que esas innovaciones han surgido en la propia universidad. En esta última parte cada universidad y centro de investigación lo hace de una manera”, apostilla Mata.

El especialista en innovación especifica que estos acuerdos pueden tener diferentes fórmulas. Hay algunos centros que piden una cantidad cuando la explotación de una tecnología empieza a funcionar, otras que piden un porcentaje desde el principio, otras que exigen que se compre la licencia desde el arranque de la spin-off, etc. De todas maneras, lo lógico es que les den las mayores facilidades posibles para garantizar su supervivencia. En este sentido, las universidades también suelen echarles una mano para que consigan financiación. “Por eso todas las universidades hacen sus eventos de startups, porque una vez lanzadas hace falta el dinero. Suelen ayudar a ponerse en contacto con inversores”, matiza el fundador de eGauss.

Una de las principales críticas que se hace a las spin-offs españolas es su escasa capacidad de crecimiento. Dos estudios realizados por Ortín y Rodeiro, respectivamente, entre decenas de spin-offs de nuestro país muestran que sus plantillas suelen ser menores a los 9 empleados. ¿Por qué este tipo de compañías surgidas del ámbito académico no escalan como lo hacen las startups tradicionales?

En esta línea, llegamos a otra de las críticas comunes a las empresas salidas de las universidades. En los citados estudios y otros se identifica como factor que limita la creación y supervivencia de las spin-offs la carencia de habilidades de gestión. Los empresarios de estas compañías suelen tener perfiles más de inventores o CTOs, pero no tienen los conocimientos para sacar adelante una empresa. Mata considera que no es recomendable que un investigador a cargo de un proyecto acabe convirtiéndose en CEO de la correspondiente spin-off, ya que, por lo general, estas personas suelen carecer de capacidad para administrar una empresa.

La diferencia entre el modelo anglosajón y el español

Andrea Alunni ha trabajado durante muchos años con spin-offs en la Universidad de Oxford y es autor del libro Innovation Finance and Technology Transfer, en el que habla de la evolución de la transferencia tecnológica y el papel de los responsables de estas áreas para cerrar el gap existente entre el ámbito académico y el de los negocios. En su opinión hay algunas distinciones entre las spin-offs del mundo anglosajón y las surgidas en España.

“La diferencia básica entre las spin-offs españolas y las que he conocido en otro lugar, está esencialmente en la base de datos. En España y otros lugares hacer spin-offs se parece mucho a una actividad de alquimista, mientras las del mundo de anglosajón se parecen más a cómo trabaja un químico. El químico tiene una tabla periódica, un norte, un rumbo, unos datos para guiarse”, comenta el experto.

En EE.UU la creación de spin-offs da valor a las propias universidades. Que una empresa exitosa haya salido de un centro le otorga prestigio a dicha universidad y eso puede servir como ‘anzuelo’ para atraer más talento. El fundador de eGauss Business Holding aclara que “en EE.UU cualquiera que quiera entrar en una universidad lo primero que mira es su profesorado y las startups que se han creado y se han vendido dentro de esa universidad. Si ha nacido Google ahí dentro la gente piensa que son muy buenos allí en desarrollo de software y deciden matricularse”.

Alunni cree que pare que las universidades españolas abracen un modelo más parecido al de las universidades anglosajonas “tienen que estudiar. Deben pensar que estas empresas no se pueden hacer de la noche a la mañana. Hay que adoptar buenas prácticas definidas. Para ello tienen que decidir cómo hacer las cosas, que haya una deliberación del senado universitario sobre el tema y que la Oficina de Transferencia no sea una oficina más, sino algo estratégico de la universidad”.

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Mata también apoya que estas oficinas se configuren de tal manera que funcionen con bastante autonomía dentro las universidades, llegando a funcionar como una suerte de venture builders o incubadoras que estandarizacen los procesos de creación de empresas.

El experto en desarrollo de nuevos negocios defiende que se cree algo “que una a quien quiere montar una startup desde la iniciativa empresarial con gente de tecnología de las universidades que quiere lanzar su propia startup. De esta forma se podría poner en marcha una empresa que tenga el departamento proveedor de tecnología dentro de la universidad”. No obstante, entiende que los centros universitarios españoles tengan pocos recursos para desarrollar una iniciativa similar.