Invertir en proyectos sostenibles y de impacto

La edad dorada de los bonos verdes

El plan de recuperación de la UE augura un fuerte crecimiento de las emisiones de deuda para financiar la transición ecológica

España está en el top 10 de mayores emisores de bonos con criterios ASG (sostenibles), por encima del puesto que le correspondería por su PIB

Técnicos de ADIF inspeccionan la zona acotada de la vía férrea en Málaga 

Técnicos de ADIF inspeccionan la zona acotada de la vía férrea en Málaga  / Daniel Pérez (Agencia EFE)

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La transición hacia un modelo de crecimiento más sostenible no solo requiere una hoja de ruta clara; supone también contar con una cifra de dinero que, a veces, es muy abultada. ¿De dónde sale ese capital? Una de las formas de conseguir financiación que tienen tanto las empresas como los Gobiernos e instituciones públicas es acudir al mercado y emitir títulos de deuda, los llamados bonos. Aunque cuando hablamos de endeudarse para invertir en esta transición, hay que añadirles la coletilla “verdes”. 

Los bonos verdes son títulos de renta fija de por países, entidades o empresas “cuyo importe se destina exclusivamente a financiar proyectos sostenibles que contribuyan a mitigar el cambio climático o ayuden a adaptarnos al mismo”, explica Jordi Mercader, CEO de InbestMe. Para concretar qué son “proyectos sostenibles”, Mercader apunta a los Principios de los bonos verdes que publica la ICMA (International Capital Market Association), “que definen el uso de los fondos y las categorías elegibles de proyectos verdes” y que tienen que ver con energías renovables; la prevención de la contaminación; el transporte limpio; los productos adaptados a la economía circular o los edificios ecológicos, entre otros.

Por ejemplo, ADIF cerró a finales de enero de 2020 su cuarta emisión de bonos verdes a 10 años, por 600 millones de euros y con un cupón anual del 0,55%. Una rentabilidad que contrasta, por ejemplo, con la que da el bono español a 10 años, referencia en el mercado de renta fija, que actualmente se mueve en torno al 0,05%. El motivo de la colocación de la gestora del AVE fue seguir financiando la ampliación de líneas de alta velocidad, para fomentar alternativas al tráfico rodado y aéreo (más contaminantes) y hacer inversiones para mejorar los sistemas de mantenimiento y la eficiencia energética de la red. 

ADIF no está sola en este camino. Actualmente, hay muchas empresas con bonos verdes en circulación: Bankinter, Kutxabank, BBVA, Audax, Greenalia o Pikolin, por ejemplo. Y también organismos públicos, ciudades o regiones, “como el primer bono social sanitario de Europa, que emitió la Comunidad de Madrid en mayo (de 2020), para dar respuesta a la crisis del Covid-19”, señalan desde Bolsas y Mercados Españoles (BME). De hecho, BME destaca que “España está en el top 10 de mayores emisores de bonos con criterios ASG (sostenibles), por encima del puesto que le correspondería por su PIB”.

Una tendencia mundial

Desde su creación en 2007, el mercado de bonos verdes a nivel mundial ha crecido paso a paso. Sobre todo a partir de 2014, con la emisión del primer bono corporativo. Y en esto tiene mucho que ver el avance en la regulación y las políticas medioambientales. De hecho, “la sostenibilidad está profundamente arraigada en el plan de recuperación económica de la Unión Europea. Así, la UE se va a convertir en el mayor emisor de bonos verdes y sociales, con colocaciones previstas por alrededor de 325.000 millones de euros en los próximos años, que suponen alrededor de un tercio del citado plan”, señala Susan Joho, economista del banco privado suizo Julius Baer.

Johann Plé, estratega jefe de bonos verdes de la gestora de AXA Investment Managers coincide con Joho en las previsiones y añade que no solo veremos un mayor número de países emitir bonos verdes soberanos en 2021 (entre ellos Italia, Reino Unido y España), sino que cada vez hay más diversificación en el tipo de proyectos, “que se están alejando progresivamente de las energías renovables” y un efecto contagio entre las empresas: “Una vez que un nuevo emisor de un nuevo sector se une al mercado, allana el camino para que otros lo sigan. Esto es alentador para sectores como el automotor, las telecomunicaciones o el inmobiliario, con un enorme potencial para nuevas emisiones verdes”.

Cómo subirse a la ola de bonos verdes

A la hora de invertir en este tipo de títulos, existen dos alternativas para los inversores de a pie: invertir directamente en una emisión de bonos o elegir un fondo de inversión o fondo cotizado (ETF) que se encargue de seleccionar 

En España, la inversión directa en renta fija por parte de los inversores minoritarios es escasa y son los inversores institucionales, como los fondos o planes de pensiones, los que mueven más volumen. Quien quiera hacerlo directamente, deberá acudir a su intermediario (banco, agencia de valores…) y consultar las opciones posibles, además de tener en cuenta las comisiones que tendrá que pagar por la operación, comunes a cualquier otra inversión en bonos: por contratación, custodia...

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Otra opción es hacerlo a través de productos que, o bien invierten en emisiones de bonos verdes, o bien replican alguno de los índices de bonos verdes que existen en el mercado. Jordi Mercader señala que, en este caso “puede ser más interesante invertir en ellos en el marco de una cartera ISR o sostenible, donde la diversificación nos ayuda a reducir algo el riesgo combinado de todos los activos y hacerlo de una forma adaptada a nuestro perfil”. InbestMe utiliza precisamente esa aproximación en sus carteras de ETF y próximamente lo hará también en las de planes de pensiones. Por el lado de los fondos de inversión más tradicionales, la oferta es cada vez más extensa, con productos tan específicos como el Amundi Responsible Investing - Green Bonds R Euro, que es el que mejor calificación recibe por parte de la consultora Morningstar.