Una sucesión de desgracias en tres lustros

  • La invasión de Ucrania por las tropas de Putin es el último fenómeno estresante para una economía que apenas se ha repuesto de la Gran Recesión de 2008 y de la pandemia de 2020

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Jordi Cuenca

El siglo XXI ha empezado muy bravo. En 2008, se inició la Gran Recesión, la mayor crisis desde aquella Gran Depresión de los años treinta del siglo XX que -atención al dato- desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Fueron años de un desgaste tremendo. Hacía, como quien dice, cinco minutos que la habíamos superado cuando se presentó el covid, una pandemia como la gripe española de 1918 que, hará dos años justos la semana que viene, obligó a medio planeta a un confinamiento casi total y a severas restricciones a la movilidad, además de millones de muertos. Las vacunas nos salvaron y ya estábamos enfilando la recuperación cuando Putin decidió invadir Ucrania, una guerra que, de momento, está provocando una crisis energética asimilable a la del petróleo de 1973 y que anticipa la temida estanflación, es decir, estancamiento económico y precios elevados. Parece como si el siglo XX, en términos de desgracias económicas, hubiera revivido en tres lustros de esta centuria una realidad incipiente. ¿Es así?

El historiador de la economía Jordi Palafox considera que acontecimientos del pasado como la Gran Depresión o la crisis del petróleo "invitan a ser prudentes a la hora de considerar la situación económica actual como excepcionalmente grave". Lo es, pero este experto añade que lo que está sucediendo es "una llamada de atención frente a quienes han pretendido convencernos de que estábamos en una época completamente nueva, sin nuevas enfermedades, crisis, conflictos ni cambios en la economía global". El investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), Ernest Reig, cree que los fenómenos actuales solo tienen comparación con la crisis de 1929, aunque apunta una diferencia sustancial: "Ahora hay mecanismos de cooperación internacional como la UE o la OTAN, pero también una economía muy globalizada, lo que te hace más sensible a lo que ocurre en todo el mundo".

Fisuras de la economía global

Por su parte, el director del Observatorio de Economía Internacional de la Universitat de València, Vicente Pallardó, no duda en calificar de "inaudito el ‘shock’ global de esta década y media que ha cambiado el mundo". En su opinión, el período ha servido para testar la solidez de la economía global y se ha comprobado que tiene fisuras "pese a sacar a mucha gente de la pobreza". La Gran Recesión incrementó la desigualdad y tanto la pandemia como la actual guerra han puesto en tela de juicio a las cadenas de suministro.

Ernest Reig añade que la guerra ha trastocado el panorama de forma drástica, porque hasta esta última crisis era cabal el optimismo, especialmente si se tiene en cuenta la radical diferencia de cómo se ha afrontado la pandemia respecto a la Gran Recesión: con la banca ahora saneada, un BCE que desde el principio ha evitado la subida de las primas de riesgo de los Estados, la mutualización de la deuda pública en Europa, las políticas públicas de inversión, el triunfo del Estado protector, como prueban los erte, frente a la austeridad… "Todo eso hacía pensar en que la recuperación sería rápida, pero Ucrania lo ha roto todo", afirma. 

Las sanciones a Rusia y la pérdida de ese mercado y del ucraniano, con su efecto sobre energía y materias primas, están teniendo un efecto devastador sobre los precios -y el consiguiente empobrecimiento de la población- y percutirán negativamente sobre el crecimiento, es decir, la citada estanflación, que comporta un riesgo añadido, que no es otro que se perpetúe la inflación si esta provoca la subida de salarios y, a su vez, el alza de remuneraciones conduce a las empresas a elevar los precios a sus clientes. Vamos, un bucle.

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Pallardó apunta que de este periodo persiste, pese al cambio en las políticas macroeconómicas, como la monetaria y la fiscal en la UE, un patrón de crecimiento imposible: "Hemos crecido solo a base de deuda, en lugar de sobre la productividad, y hemos llegado al límite en todo el mundo". Ahora bien, es cierto que al mismo tiempo se ha acentuado la percepción de que ese crecimiento debe ir de la mano del respeto al medio ambiente "o no habrá planeta".

La guerra de Ucrania, tras el covid, va a impulsar, en su opinión, dos elementos claves de transformación. Uno de ellos ya está en marcha y es el uso en la UE y EEUU del dinero público para cambiar el modelo y enfocarlo hacia la productividad. Son los planes de recuperación que inciden en el medio ambiente o la transformación digital. El otro es el camino hacia "una mayor autosuficiencia en determinados ámbitos", como los microprocesadores, la energía, las ciencias de la vida o algunos productos agroalimentarios. Todo ello, claro, siempre que Putin no cruce el Telón de Acero: "Si ocurre, vamos a la catástrofe".

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