ahorro y vulnerabilidad financiera

El lastre de la precariedad: cuando unos meses sin ingresos nos llevan a la quiebra personal

Los negocios cierran, el consumo se retrae, los empleos desaparecen... La crisis ha reducido a cero los ingresos de muchos hogares y la falta de ahorros les ha llevado a una situación límite.

La pandemia ha paralizado la actividad. Los negocios cierran, el consumo se retrae, los empleos desaparecen... En cuestión de unos pocos meses, la crisis ha reducido a cero los ingresos de muchos hogares y les ha llevado a una situación límite. 

Voluntarios de la parroquia de Santa Anna de Barcelona reparten comida para más de 200 personas.

Voluntarios de la parroquia de Santa Anna de Barcelona reparten comida para más de 200 personas. / EFE

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La pandemia ha paralizado la actividad. Los negocios cierran, el consumo se retrae, los empleos desaparecen... En cuestión de unos pocos meses, la crisis generada por la COVID-19 ha reducido a cero los ingresos de muchos hogares y les ha llevado a una situación límite

Sin salarios en el caso de los trabajadores por cuenta ajena, o ningún otro tipo de ganancias en el caso de los autónomos, hay quien está pasando auténticas dificultades para cubrir gastos comunes como pueden ser la vivienda, la comida, la luz o el agua. Desde junio, la Seguridad Social ha registrado 900.000 solicitudes para cobrar el Ingreso Mínimo Vital, y recibe 20.000 expedientes nuevos cada semana, según explicaba recientemente el ministro José Luis Escrivá. 

Un volumen que está resultando difícil de gestionar: hasta el momento solo 85.000 hogares están cobrando esta prestación, es decir, unas 260.000 personas. Tras esta cifra hay familias sin recursos económicos que en junio, tres meses después del comienzo de la pandemia, ya estaban necesitados de ayuda. 

Vulnerabilidad financiera

Este margen vendría a avalar un informe de BBVA Research publicado el pasado mes de mayo que ponía el foco en la vulnerabilidad financiera de las familias españolas, es decir, en su capacidad de superar perturbaciones financieras dependiendo únicamente de sus propios recursos. La conclusión del estudio es que cerca de la mitad de los hogares aguantaría en esta situación menos de 6 meses, mientras que un tercio, el equivalente a 6,18 millones de hogares, no podría mantenerse ni siquiera 3 meses. 

¿Qué es lo que falla para que unos meses sin ingresos nos conduzcan al borde de la quiebra personal? “Tenemos factores sociodemográficos clásicos, como el género, la edad o la educación. La conexión de estas tres variables con la situación laboral, tanto por el tipo de contrato y trabajo como por el tipo de sector, nos aboca a una situación que tiende a ser mala. Y si esto lo combinas con una educación financiera reducida, se junta un cóctel explosivo”, detalla Alfonso Arellano, economista senior de la Unidad de Sistemas Financieros en BBVA Research y uno de los dos responsables del citado informe junto con Noelia Cámara.

Este cóctel explosivo retrata la precariedad que conecta contratos temporales o a tiempo parcial con salarios bajos, economía sumergida o un precio de la vivienda elevado, y que hace que los ciudadanos más vulnerables sean los que, a priori, sufren más en la crisis. La Plataforma del Tercer Sector, que aglutina a 28.000 entidades sociales como Cruz Roja o Cáritas, advierte de que 12,2 millones de personas viven en situación de pobreza o exclusión social en nuestro país, y avisa también de que la pandemia está agravando esta situación.

No obstante, no son los únicos afectados en un momento completamente imprevisto e impredecible como el que estamos viviendo. “La clave está en cómo se organiza cada hogar. Uno puede pensar que es una cuestión de hogares con ingresos bajos, pero también están sufriendo ingresos altos con gastos grandes. Es decir, no es solo una cuestión de los ingresos, sino de equilibrio”, detalla Arellano, que apunta a dos condicionantes clave a la hora de sostenernos sin ingresos: el autoconocimiento que tengamos de nuestra contabilidad doméstica y nuestra capacidad de planificación

“La cuestión es: ¿puedo generar un colchón por si ocurre algún evento negativo? La respuesta combina el ‘tengo capacidad para hacerlo’, es decir, ingresos y gastos, y el ‘me tengo que ajustar hoy para que no me perjudique mucho mañana’, es decir, la previsión”, expone el economista senior de BBVA Research.

El ahorro, fundamental

Una encuesta de la OCU mostraba en mayo que el 10% de los hogares tenía serias dificultades para llegar a fin de mes, mientras que el 36% de los que contaban con ahorros ya había tenido que hacer uso de ellos para hacer frente a los gastos básicos. Otro 30% de los entrevistados estaba convencido de que tendría que tirar de la hucha en algún momento. 

El problema viene cuando formamos parte del porcentaje de personas sin ahorros, o cuando no nos llegan para mantenernos durante varios meses. Según explica el economista Luis Alberto Iglesias Gómez, uno de los principales colaboradores de Value School, el promedio del ahorro de la zona euro -con datos de 2018-  se sitúa en el 12,2% de la renta disponible, mientras que en España no llega al 5%. 

Es una tasa de ahorro insuficiente de manera crónica y cuando vienen las vacas flacas resulta que nos pilla sin el colchón de emergencia"

“Es una tasa de ahorro insuficiente de manera crónica y cuando vienen las vacas flacas resulta que nos pilla sin el colchón de emergencia suficiente para capear el temporal”, asegura. ¿A qué se debe? Principalmente, a una escasa cultura ahorradora, que nos lleva a gastar más en épocas de abundancia y a contenernos en tiempos de carestía. “Entendemos el ahorro al revés de lo que debería ser, nos comportamos de forma contracíclica”, apunta Iglesias. 

En efecto, durante el confinamiento hay familias que sí han ahorrado. Según datos del Instituto BBVA de Pensiones, muchas han reducido su gasto y 6 de cada 10 personas afirma haber metido en la hucha una media de más de 300 euros. Los límites a la movilidad se unen a la necesidad de ser más prudentes ante la incertidumbre. La consecuencia a esta respuesta es natural es una mayor brecha social. 

Se genera una gigantesca dicotomía: los que mantienen sus ingresos pueden permitirse generar un colchón, aunque lo mejor hubiera sido tenerlo desde antes. Y luego está el otro caso: los ingresos bajan o se hunden, aquí la opción no es quiero ahorrar, sino que mi situación de vulnerabilidad no vaya a más”, indica Arellano.

El cambio empieza en nosotros

El Banco de España ha empeorado sus previsiones para la economía. Si en junio, el mismo mes que se levantó el estado de alarma, planteaba un escenario de recuperación temprana, en su nueva actualización descarta esta posibilidad. Los rebrotes y un verano vacío de turistas son la causa del pesimismo: entrar en la senda de la recuperación nos va a costar un poco más.

Ante esta perspectiva, ambos economistas coinciden: no podemos depender exclusivamente de las instituciones públicas para encontrar una salida a la precariedad. “Lo más importante es que nos demos cuenta de que esta previsión para las vacas flacas  destaca el colaborador de Value School, ya que es lo único que no escapa a nuestro control. Según señala, confiar demasiado en las ayudas públicas como único sostén puede conllevar sorpresas desagradables, como que sean insuficientes o que se paguen tarde.

A su vez, el economista senior de BBVA Research añade que independientemente del contexto, hay que tomar acción y pasar de una posición de víctima o desvalido a una de empoderamiento. “Hay que preguntarse cómo podemos mejorar: a corto plazo podremos mejorar la parte de la contabilidad, de ingresos y gastos; a largo plazo una de las grandes soluciones es la educación: debo sacar lecciones de la situación de vulnerabilidad económica en la que me encuentro y buscar soluciones”, describe. 

Una lección y una estrategia

A grandes rasgos, la principal lección que podemos sacar de estos meses es la necesidad de contar con un remanente que nos permita subsistir durante un periodo en el que podamos ver cortada nuestra fuente de ingresos. “La crisis de 2008 nos enseñó que no debemos endeudarnos muchísimo. ¿Ahora que tenemos que aprender? La previsión”, concluye Alfonso Arellano.

 “La crisis de 2008 nos enseñó que no debemos endeudarnos muchísimo. ¿Ahora que tenemos que aprender? La previsión”

Es evidente que la capacidad de ahorro dependerá de la evolución de los ingresos. Sin embargo, a cualquier unidad familiar le funcionarán unas pautas básicas con las que trazar una estrategia y facilitar el hábito de ahorrar. Según plantea el economista Luis Alberto Iglesias, el primer paso es acostumbrarnos a guardar una parte de lo que ganamos antes de comenzar con los gastos. “En el momento en que uno percibe su nómina o sus honorarios como profesional, debe dedicar por lo menos un 10% de esa renta neta al ahorro y vivir con todo lo demás”, describe. 

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El segundo paso sería marcarnos una meta medible que nos facilite el esfuerzo. Por ejemplo, podemos proponernos disponer de una hucha que nos permita cubrir seis meses de gastos fijos del hogar. 

Por último, este colchón tiene que ser líquido y contar con una cierta protección. Es decir, que podamos recurrir a él en cuanto lo necesitemos y que no esté sujeto a una alta volatilidad que pueda reducir la cantidad a alcanzar. En este sentido, desde Value School aconsejan cuentas corrientes o depósitos bancarios y desaconsejan fondos de inversión con mucho riesgo o planes de pensiones, que conllevan una penalización si se rescatan antes de tiempo.