Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Rocío Jurado, sobre la muerte de su padre a los 12 años: "A partir del fallecimiento de mi padre, mi infancia fue un horror"

Rocío Jurado recordaba su infancia como la etapa más feliz de su vida hasta que, con solo 12 años, la muerte repentina de su padre la obligó a hacerse mayor antes de tiempo para ayudar a sacar adelante a su familia.

Rocío Jurado y cómo la muerte de su padre le partió la infancia cuando solo tenía 12 años

Rocío Jurado y cómo la muerte de su padre le partió la infancia cuando solo tenía 12 años / Gtres

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Rocío Jurado fue muchas cosas a la vez: una voz impecable, una artista total, una diva sobre el escenario, y una mujer capaz de llenar teatros, platós y portadas con solo aparecer. Pero antes de convertirse en 'La más grande', Rocío fue una niña de Chipiona marcada por una pérdida que le partió la infancia en dos.

Su padre, Fernando Mohedano, era zapatero y murió con solo 36 años, cuando ella tenía 12. Hasta ese momento, Rocío recordaba su infancia como "el periodo más feliz" de su vida. Después, todo cambió: "A partir de la muerte de mi padre, un horror", confesó en una entrevista recuperada por el archivo de 'Lecturas'.

José Lamuño le quiere quitar el trabajo a Martiño Rivas en el biopic de Rocío Jurado

María Sánchez

Una infancia humilde en Chipiona

Rocío Jurado nació en Chipiona, en una familia muy humilde. En aquella entrevista recordaba la casa en la que vivían: "Una casa muy pequeña, dos habitaciones nada más, una cocina, donde hacíamos la vida, y un patio precioso con un olivo; éramos gente muy, muy pobre".

Fernando Mohedano trabajaba como zapatero y con su sueldo mantenía a su mujer, que se encargaba de los niños y de las tareas de la casa, y a sus tres hijos.

Rocío Jurado en 1960.

Rocío Jurado en 1960. / Gtres

Cuando su padre murió, Rocío tenía solo 12 años, la familia perdió a su figura central y aquella niña, que era la mayor de sus hermanos, empezó a entender demasiado pronto lo que significaban la necesidad y la responsabilidad. Porque Rocío no soló empezó a arrimar el hombro, cargó con todo.

Primero intentó seguir el oficio de su padre y trabajó como zapatera. Después fue al campo y también probó como modista. Cualquier cosa servía si ayudaba a mantener a los suyos. En casa estaban su madre, destrozada por la pérdida, y sus dos hermanos pequeños, Gloria y Amador, pasando hambre y con la ropa llena de remiendos.

"Fue un derrumbamiento tan grande de todo mi mundo que, entonces, de repente, vi toda la verdad, tal y como son las cosas", recordaba Rocío. A partir de ahí, la felicidad ya nunca volvió a ser igual. Tuvo momentos buenos, sí, pero no aquella alegría limpia de antes. "He tenido momentos buenos, momentos felices, pero de esa felicidad que dices: ¡aaaaah!, así no, nunca más. Siempre hay algún pesar", confesó.

Con los ahorros de su abuela, Rocío Jurado se marchó a Madrid a probar suerte.

Con los ahorros de su abuela, Rocío Jurado se marchó a Madrid a probar suerte. / Gtres

Su sueño de ser artista parecía entonces algo lejano, casi imposible. Pero Rocío tenía una aliada fundamental: su abuela. Ella fue quien consiguió ahorrar algo de dinero y se lo entregó para que pudiera marcharse a Madrid a probar suerte.

Nadie creyó tanto en ella como su abuela. Nadie vio con tanta claridad que aquella niña de Chipiona tenía algo especial. Y no se equivocó. Rocío no solo logró hacerse un hueco: acabó convirtiéndose en 'La más grande'.

Su nueva vida como artista

Rocío llegó a Madrid acompañada de su madre. Ella tenía apenas 15 o 16 años, pero ya sabía que nadie iba a venir a regalarle nada. Así que, nada más pisar la capital, reunió valor y se puso en contacto con Pastora Imperio.

No debió de ser fácil. Rocío arrastraba una timidez enorme: "Yo, de niña, era tímida, muy tímida, muchísimo. Y muy miedosa, en el sentido de que era muy responsable porque no quería nunca meter la pata ni hacer el ridículo", recordaba. Una inseguridad que tuvo que aprender a vencer a base de escenarios y mucho oficio.

Rocío Jurado siendo 'La más grande' junto a un stand de revistas, fantasía pura

Rocío Jurado siendo 'La más grande' junto a un stand de revistas, fantasía pura / Getty Images / Gianni Ferrari

Pastora Imperio también vio que tenía algo especial, y la puso a hacer tres cuadros flamencos cada noche. Rocío terminaba agotada, pero sabía que estaba donde tenía que estar. Con lo que ganaba podía mantenerse en Madrid y enviar dinero a su abuela y a sus hermanos.

"En la vida, todo me ha costado Dios y ayuda. Yo no tengo suerte. Lo que pasa es que la he llamado con tanta fuerza, que no ha tenido más remedio que venir alguna vez", decía. Y vaya si llamó con fuerza, que acabó convirtiéndose en una artista de talla internacional pese a venir de los orígenes más humildes.