Paz Padilla (56 años) sobre su infancia: "Mi primer trabajo fue recoger algodón. También he vendido pan duro, repartido folletos, vendido carbón… Mis padres no tenían un duro"
La actriz se crió en una familia humilde de Zahara de los Atunes en los años 70, marcada por las dificultades económicas y la falta de oportunidades.

Paz Padilla recuerda cómo fueron su infancia y adolescencia en una casa en la que no sobraba el dinero. / Gtres
Hay famosos que, cuando hablan de su infancia, parecen estar recordando otra vida completamente distinta a la suya actual. Y luego está Paz Padilla, que siempre ha tenido esa forma tan directa de contar las cosas sin maquillarlas, sin postureo y sin esa tentación de embellecer el pasado para que quede más bonito en el relato. Cuando habla de cómo creció, lo hace con humor, sí, pero también con una verdad que desarma bastante: “Mi primer trabajo fue recoger algodón. También he vendido pan duro, repartido folletos, vendido carbón… Mis padres no tenían un duro”. Esa idea de una infancia marcada por la escasez económica ha sido recuperada estos días por varios medios a raíz de nuevas declaraciones y de recuerdos que la presentadora ya había compartido antes sobre sus primeros años en Zahara de los Atunes.
Lo interesante de Paz es que nunca cuenta esa dureza desde la autocompasión. La suya es más bien una memoria con carácter, muy pegada a la supervivencia, a la picaresca y a esa capacidad tan española de sacar una casa adelante sin saber muy bien cómo, pero sacarla. Según recordaba hace años en 'Mi casa es la tuya', en su casa llegaron a alimentarse de pan duro y huevos cascados porque el dinero no daba para más. Su madre iba a la panadería a pedir el pan del día anterior y recogía también cartones con huevos rotos para poder llenar la cocina.

Gtres
Y, aun así, cuando Paz mira atrás, no solo recuerda pobreza. También recuerda una casa llena, una madre con humor, una familia grande y una manera muy concreta de plantarle cara a la vida. Porque una cosa que siempre repite es que viene de un hogar humilde, sí, pero también muy vivo. Muy peleón. Muy de no dejarse vencer.
Una infancia de trabajos tempranos y cero romanticismo
Cuando cuenta cuáles fueron sus primeros trabajos, la lista impresiona por lo variada y por lo temprana. Recoger algodón, vender pan duro, repartir folletos, vender carbón. No son trabajos que hoy asociemos a la infancia o a la adolescencia, pero para muchísimas familias de aquella época eran parte de la normalidad. Los hijos ayudaban. Se espabilaban pronto. Aprendían rápido que en casa todo sumaba. Y en el caso de Paz, esos empleos dibujan una infancia y una juventud en las que el trabajo no era una opción, sino una necesidad.
Porque cuando vienes de haber hecho de todo para sumar algo en casa, la vida la miras de otra manera. Y no es que todo te parezca fácil, ni muchísimo menos, pero sí desarrollas una forma muy concreta de estar en el mundo: más práctica, menos ingenua y bastante más valiente.
Y eso se nota mucho en ella. En cómo habla, en cómo se expone, en esa manera de soltar verdades incómodas entre chistes sin que parezca forzado.

La casa de Paz Padilla en Madrid tiene gallinero propio / INSTAGRAM
Antes de la televisión, hubo una vida muy distinta
Si en la historia de Paz hay una figura que aparece con una fuerza especial, esa es la de su madre. Una mujer capaz de estirar lo imposible para alimentar a seis hijos, encontrar recursos donde parecía no haberlos y mantener, además, el buen humor. En 'Mi casa es la tuya', Paz explicaba que ahora, viendo cómo vive, se siente una privilegiada, precisamente porque sabe bien de dónde viene y lo que se hacía en casa para salir adelante.
Entre los recuerdos más impactantes que se han vuelto a comentar está el del famoso incendio del colchón, una historia que Paz ha contado en varias ocasiones y que forma parte de ese pasado tan poco decorativo del que nunca ha renegado. Según relató, fue ella quien prendió fuego accidentalmente a un colchón y acabó dejando la casa prácticamente en cenizas. Tardó años en asumir públicamente la autoría y con el tiempo ha terminado convirtiéndolo en una de esas anécdotas brutales que cuenta con su mezcla habitual de humor y verdad.

El negocio de Paz Padilla sería mucho más rentable de lo que nos podíamos imaginar / Gtres
Además, Paz Padilla no salió de la nada para convertirse en humorista y presentadora. Durante un tiempo pensó que su camino iba a estar en el ámbito sanitario y llegó a trabajar como auxiliar de clínica antes de que la comedia se cruzara de verdad en su vida. Ese giro llegó gracias a un concurso de humor al que, según ha contado, se presentó animada por su cuñado. Y ahí empezó todo.
Es decir, incluso antes de la fama, Paz ya había vivido unas cuantas vidas. La niña de Zahara, la hija de una casa sin dinero, la chica que trabajó en lo que salió, la auxiliar de clínica… y luego, mucho después, la cómica, la actriz, la presentadora. Quizá por eso su personaje público nunca ha parecido del todo un personaje. Porque debajo de la Paz que hace reír hay muchísima verdad.

Paz Padilla en el entierro de su madre / Cristobal Dueñas / GTRES
Ahora que Paz Padilla lleva años siendo uno de los rostros más conocidos de la televisión española, escucharla hablar así de sus orígenes sigue teniendo algo muy poderoso. Porque en un mundo en el que tanta gente tiende a reescribir su pasado para hacerlo más amable, ella sigue hablando del pan duro, del algodón, del carbón y de una casa en la que no había dinero, pero sí una enorme capacidad para resistir.
Y quizá por eso sigue conectando tanto con la gente. Porque más allá del personaje televisivo, hay una mujer que nunca ha dejado de ser hija de aquella familia humilde, y que es consciente que la vida le cambió muchísimo, pero que no olvida a la niña que empezó trabajando donde pudo porque en casa no sobraba absolutamente nada.
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