Patricia Pardo (42 años), sobre sus inicios como reportera: "Libraba solo los sábados, lo justo para poner una lavadora porque el domingo volvía a viajar"
La periodista lleva más de 15 años trabajando en televisión, y recuerda sus inicios como una época no parar ni un solo día.

Patricia Pardo recuerda cómo fueron los años en los que trabajó como reportera. / Gtres
Patricia Pardo lleva tanto tiempo entrando en directo en nuestras mañanas que es fácil olvidar todo lo que hubo antes de verla al frente de un plató. Antes de convertirse en una de las caras más reconocibles de la televisión, antes de 'Vamos a ver' y de las sustituciones de verano a Ana Rosa Quintana, hubo una etapa mucho menos cómoda: la de reportera, con la maleta siempre hecha y muy pocos días para respirar.
En una entrevista con 'La Vanguardia', la periodista gallega recordó aquellos comienzos con una frase que resume bastante bien lo que significa curtirse a pie de calle: "Libraba solo los sábados, lo justo para poner una lavadora porque el domingo volvía a viajar".
Y es que, Patricia Pardo no llegó a la televisión de un día para otro. Según cuenta, al principio le interesaba mucho la radio y cursó el máster del CES con la idea de perfilar la locución. Sin embargo, las prácticas la llevaron hacia la televisión. Empezó en ONO, en la sección de Corazón, un destino que al principio no le ilusionaba demasiado porque tenía "muchos prejuicios", aunque después entendió que el proceso periodístico, las guardias y el rigor eran los mismos.

Patricia Pardo empezó como reportera viajando por toda España. / Gtres
La maleta como escuela
Patricia quería trabajar cuanto antes. No quería ser una carga para sus padres y estaba obsesionada con conseguir un contrato lo antes posible. Aquella urgencia, tan reconocible cuando una empieza, la llevó primero a las prácticas, después a presentar como becaria y más tarde a una sustitución que le dio tablas. De ahí pasó a Antena 3, su primera vez en un medio nacional, luego a Telecinco, a 'Está Pasando', y después llegó esa etapa de reportera que ella recuerda como una de las más duras y más importantes de su carrera.
"Estaba todo el día con la maleta recorriendo España", explica. Y añade: "Libraba solo los sábados, lo justo para poner una lavadora porque el domingo volvía a viajar". Puede parecer una anécdota doméstica, pero en realidad es un reflejo de que el periodismo de televisión no se hace solo desde el plató. Se hace también esperando horas en una puerta, viajando de madrugada, aprendiendo a preguntar en el momento justo y a contar una historia con claridad aunque estés agotada.
Ella misma lo reconoce: "Fue ahí donde me curtí, donde más aprendí el oficio, porque donde está la noticia es ahí, a pie de calle".

Patricia Pardo reconoce que su época como reportera fue la que más la curtió. / Gtres
"Nadie me ha regalado nada"
Después de aquella etapa, volvió a Telecinco, pasó por 'El buscador de historias' y 'Vuélveme loca', estuvo un tiempo corto en Antena 3 y acabó llegando al universo de Ana Rosa. La periodista no esconde el esfuerzo que hay detrás de esa estabilidad. "Hay mucho sacrificio detrás, mucho esfuerzo y perseverancia, y no me quiero restar méritos porque me ha costado mucho. Nadie me ha regalado nada y he dejado muchas cosas por el camino", afirma.
La actualidad en Ana Rosa, cuenta, fue "durísima", con temas exigentes y una competitividad enorme, especialmente frente a otros programas de la mañana. Al principio lo sufrió, pero también aprendió muchísimo. Sus hitos profesionales, explica, han sido empezar como reportera de actualidad, pasar después a colaborar en plató y finalmente asumir las sustituciones de verano de Ana Rosa Quintana. "Al principio da vértigo, pero te da muchas tablas", reconoce.

Christian Gálvez y Patricia Pardo / Gtres
Los límites de la exposición
La periodista acepta la exposición profesional, pero no tanto cuando invade su vida privada. "No eliges ser un personaje, yo no quería, pero no me ha quedado más remedio", reconoce. Una cosa, explica, es dar una entrevista personal y contar pinceladas de su vida; otra muy distinta es vender su intimidad.
Ese límite se vuelve todavía más importante cuando hay niños de por medio. Patricia es madre y cuenta que le da pudor, miedo y respeto que sus hijos tengan que convivir con ciertas consecuencias de su exposición pública. Por eso intenta protegerlos y mantenerlos al margen todo lo posible.
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