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Los padres de Marc Márquez (33 años), sobre su infancia: "A veces no cenábamos para poder comprarles unas botas"

El campeón de Moto GP reconoce que gran parte de su éxito (y el de su hermano Álex) se debe a todos los esfuerzos que hicieron sus padres cuando ellos eran pequeños para que pudieran dedicarse a lo que más les gustaba.

Marc Márquez y su familia hicieron muchos sacrificios para impulsar su carrera desde pequeño

Marc Márquez y su familia hicieron muchos sacrificios para impulsar su carrera desde pequeño / Gtres

A veces vemos a alguien convertido en estrella absoluta y se nos olvida todo lo que hubo antes. Los premios, los títulos, la fama y esa sensación de que siempre estuvo destinado a llegar ahí tapan muchas veces una parte mucho más importante de la historia: la del esfuerzo que hace una familia entera para que un niño (o en este caso dos) pueda perseguir lo que le gusta. Y eso es exactamente lo que ha contado Marc Márquez al recordar su infancia en 'El podcast de final de mes' con Miki Núñez. Porque detrás del piloto que lo ha ganado prácticamente todo, hubo unos padres que renunciaron a muchísimas cosas para sostener una pasión que empezó cuando él tenía solo cuatro años.

"Cuando era pequeño mis padres no iban de vacaciones. Todo lo que ahorraban, era para las motos", ha confesado, y al hacerlo también nos ha hecho ver a nosotros a ese niño de Cervera que creció entendiendo poco a poco que en su casa no se hacían ciertas cosas porque había otra prioridad. No se trataba de lujos ni de caprichos, sino de comprar una moto de segunda mano, de pagar una tanda en un circuito, de cargar la caravana y de convertir cada fin de semana en una carrera contra el cansancio y contra el presupuesto.

Marc Márquez comenzó el 2016 junto a su hermano Álex.

Marc Márquez junto a su hermano Álex en 2016. / Instagram

El esfuerzo de unos padres por los sueños de sus hijos

El piloto ha explicado que de pequeño no era del todo consciente de lo que estaba pasando. Empezó con las motos siendo un crío y, como él mismo bromea, bastante tenía con subirse a una moto con cuatro, cinco, seis o siete años como para entender la economía familiar. Pero sí recuerda algo muy concreto: que no había vacaciones. Las vacaciones, en su caso, eran lo más parecido a un apaño feliz. Un día a Salou, a Cambrils, a la playa, y vuelta a casa a comer. Nada de grandes viajes, nada de semanas enteras fuera, nada de ese verano típico que otros niños sí tenían.

Y esa conciencia le llegó con la edad. Fue entendiendo que todo lo que sus padres lograban ahorrar, por poco que fuera, terminaba invertido en él y en las motos. En una de segunda mano, en un fin de semana de entreno, en seguir alimentando una afición que en realidad era bastante más cara de lo que parecía desde fuera. Porque las motos, como dice él mismo, son caras. Muy caras. Y en una casa donde no faltaba de nada, pero donde tampoco sobraba absolutamente nada, eso cambia bastante la película.

Lo más emocionante de su historia es que no habla de unos padres que apostaran por él como si vieran un futuro campeón, sino de unos padres que hacían todo eso sencillamente porque al niño le gustaba. Marc insiste en que en su familia nunca existió esa idea de "vas a llegar" o "vas a triunfar". No había una expectativa de recompensa ni una estrategia, había afición y había ganas de acompañar a un hijo en algo que le hacía feliz. Sus padres iban en moto, eran voluntarios en un motoclub y vivían ese mundo desde el disfrute, no desde la ambición. Le dieron una moto porque era parte de su hobby y porque vieron que al niño le gustaba. Sin más. Sin imaginar que aquel crío terminaría convirtiéndose en uno de los grandes nombres del motociclismo mundial.

Marc Márquez y Gemma Pinto amplían su familia

Marc Márquez y Gemma Pinto en los Moto GP Awards 2024. / Jose Breton/NurPhoto/Shutterstock/GTRES

La imagen que deja su testimonio es bastante bonita y bastante entrañable si lo miras con perpectiva: una caravana pequeñita, el coche cargado, el tupper con macarrones ("pasta fresca que no falla", como dice él) y toda la familia pasando el fin de semana en un circuito como quien se va de camping. Su padre trabajaba de lunes a viernes, conducía una excavadora en una empresa de construcción y llegaba cansado. Aun así, cargaba las motos y allá que se iban.

Además, Marc Márquez ha explicado por qué empezó en motocross y no en asfalto: porque era más barato. Porque si te caías y rompías una maneta de freno, la cambiabas y seguías. Porque una moto de campo de segunda mano daba mucho más juego que una de asfalto, donde las ruedas, el carenado y cualquier golpe disparaban el gasto.

Marc Márquez compitiendo en el circuito de Jerez en 2026.

Marc Márquez compitiendo en el circuito de Jerez en 2026. / Gtres

La perspectiva de sus padres: "No cenábamos para comprarle unas botas"

Sus padres ya habían hablado alguna vez de todo lo que sacrificaron para que Marc y Álex pudieran seguir compitiendo. Roser, su madre, contó hace años en 'El Periódico de Aragón' que ella no tenía vacaciones ni fines de semana al uso, porque todo giraba alrededor de las carreras: los viernes cocinaba, preparaba la ropa, organizaba la comida en fiambreras y dejaba lista la caravana para salir rumbo a cualquier minicircuito. Luego, al volver, tocaba lavar, recoger y empezar otra vez la semana. En otra entrevista en 'Cadena SER', también recordó hasta qué punto llegaron a apretarse para ayudar a sus hijos: "A veces no cenábamos para poder comprarles unas botas". Porque una cosa estaba clara en casa: si había que recortar en algo, se recortaba en ellos antes que en las motos.

Marc Márquez tuvo el apoyo de sus padres desde bien pequeño

Marc Márquez tuvo el apoyo de sus padres desde bien pequeño / Gtres

Ese esfuerzo tenía mucho que ver con que Julià y Roser también sentían una auténtica pasión por el motor desde antes de ser padres. "Desde que estaba en la barriga de mi madre, ella estaba viendo circuitos", aseguró Marc. Así que, más que empujarle hacia las motos, lo que hicieron fue acompañar una pasión que en casa ya formaba parte de su vida.