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Manolo García sobre su infancia en los años 60: "No teníamos agua corriente, yo tenía que ir a la fuente pública con cacharros"

A sus 70 años, el alma de 'El último de la fila' recuerda sus orígenes humildes y cómo fue su niñez en los años 60.

Manolo García cantando con 'El último de la fila' en el estadio Riyadh Air Metropolitano.

Manolo García cantando con 'El último de la fila' en el estadio Riyadh Air Metropolitano. / Gtres

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Hay algo muy valioso en las personas que, habiendo llegado muy lejos, hablan de sus orígenes con total transparencia, y sin duda Manolo García tiene esa cualidad. Cuando habla de su infancia en el Poblenou de los años 60, lo hace con la misma naturalidad con la que hablaría del tiempo.

Nació en Barcelona en 1955, hijo de padres albaceteños que habían emigrado a la Ciudad Condal buscando mejores condiciones de vida, dejando atrás la dureza del campo de Férez. Aterrizaron en Poblenou, que por aquel entonces era exactamente lo que su nombre prometía: un pueblo dentro de una ciudad, un barrio obrero de extrarradio donde la precariedad no era la excepción sino el paisaje cotidiano de todo el mundo.

Manolo García en mayo de 2025.

Manolo García en mayo de 2025. / Gtres

Una casita muy humilde y dos bombillas

Manolo García recuerda Poblenou como un barrio de gente "dura y sabia", con vecinos que se ayudaban entre sí, pero también con una dureza cotidiana que no daba tregua. "No teníamos agua corriente. Yo tenía que ir a la fuente pública con cacharros, en la que los niños del barrio hacíamos cola. Las madres nos mandaban a cargar agua para cocinar, lavarnos", contó en una entrevista reciente a la revista Lecturas. "No sabía lo que era una ducha, no existía en mi vida, no había un grifo donde abrías y salía el agua".

Leer eso en 2026 impacta. Porque estamos hablando de Barcelona, de una ciudad del primer mundo y de apenas sesenta años atrás. Y de un niño que hacía cola en la fuente pública con un cacharro en las manos porque en su casa no había otro modo de conseguir agua para lavarse.

Manolo García en 1992... La verdad es que está igual

Manolo García en 1992... La verdad es que está igual / Getty Images

La electricidad tampoco era precisamente abundante: "La luz eran dos bombillas magras, de una potencia escasa, y muchas veces se iba". "Eran barrios obreros, no había ningún tipo de miramiento. Se mantenía el barrio lo justo para que los esclavos trabajasen", añadía.

Con trece años, a trabajar

Las malas calificaciones en bachillerato y las necesidades económicas de la familia le llevaron a trabajar desde muy pequeño, mientras su madre cuidaba porterías o hacía faenas por horas. Con trece años, Manolo García entró a trabajar con el carpintero del barrio. Y lo hizo, como se hacía entonces, desde abajo del todo.

"Estuve un mes barriendo, recogiendo viruta, yendo a buscar los cafés para la hora del almuerzo de los operarios y oficiales, todo lo que puede hacer un chico de trece años. Lijando, barriendo… Y al mes le dijo a mi padre: 'Bien, el chico se queda. Si le parece bien, le daremos 1000 pesetas a la semana'", recuerda con orgullo.

Aquella carpintería fue solo el principio. Hasta que la música se convirtió en su profesión, Manolo García pasó por 19 empresas, talleres y oficios distintos. Diecinueve. En una época en que, como él mismo señala con gratitud, al menos había trabajo.

Manolo García en los Premios Dial en 2022 en Tenerife.

Manolo García en los Premios Dial en 2022 en Tenerife. / Gtres

A finales de los 70 llegó el giro definitivo cuando empezó a dedicarse a la música. Lo que vino después forma parte de la historia de la música española: 'El último de la fila', la carrera en solitario, los discos que son banda sonora de una generación entera. Y ahora, el regreso junto a Quimi Portet en una gira que ha despertó la nostalgia en todos sus fans.