Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Loquillo (65 años) sobre la grave enfermedad que sufrió en su infancia: "Veinte niños en fila y sacándoles sangre con la misma aguja. Cuando llegué a casa estaba súper enfermo"

La enfermedad que el rockero más longevo de España recuerda hoy, a sus 65 años, como uno de los episodios más transformadores de su vida.

El cantante Loquillo recuerda cómo fueron los meses en los que sufrió una hepatitis siendo un niño.

El cantante Loquillo recuerda cómo fueron los meses en los que sufrió una hepatitis siendo un niño.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Hay historias de infancia que explican todo lo que una persona es cuando se convierte en adulto. Y la de Loquillo con la hepatitis que tuvo de pequeño es una de esas historias. Y cuando la cuenta, no puedes evitar ver ahí al niño que acabaría convirtiéndose en el rockero más longevo y más consistente de este país.

Loquillo sufrió hepatitis en su infancia por una negligencia médica

Gtres

José María Sanz Beltrán, o lo que es lo mismo, Loquillo, lleva cinco décadas largas encima de los escenarios y tiene una memoria que funciona como un archivo bien ordenado. Cuando le preguntan por su infancia en la Barceloneta de los años 60 y 70, los detalles le salen solos, pues sabe exactamente qué momentos construyeron y formaron su personalidad.

El cantante Loquillo en 2015.

El cantante Loquillo en 2015. / Gtres

La negligencia que puso su vida patas arriba

El origen de la hepatitis que sufrió de joven, tal como él lo narra, es uno de esos episodios que hoy harían temblar a cualquier pediatra, pero que entonces formaban parte de la rutina más normal del mundo. "Veinte niños en fila, con las batas de colegio, y sacándoles sangre con la misma aguja, para no sé qué coño de análisis", explicaba en una entrevista reciente en la Cadena SER.

Y continúa: "La cuestión es que cuando llegué a casa, estaba súper enfermo. Vino el médico. Hepatitis. Y tres meses ahí en la habitación de mi tía".

Lo confinaron en la habitación de su tía durante tres meses, en los que no pudo salir, ni ir al colegio, ni jugar con sus amigos del barrio. Y su tía, cuenta entre risas, "le movía con un palo a ver si estaba vivo".

Loquillo durante la promoción de su libro 'Hijo de nadie' en 2013.

Loquillo durante la promoción de su libro 'Hijo de nadie' en 2013. / Gtres

Un niño encerrado en una habitación durante tres meses en la España de principios de los 70 podría haber salido de aquello con un aburrimiento monumental y poco más. Pero Loquillo no salió aburrido, salió distinto, formado, y en sus propias palabras, convertido en un preadolescente en toda regla (con granos incluidos).

¿Qué pasó en esos tres meses? Que Loquillo leyó, escuchó mucha música, y con el tiempo que tenía por delante durante esos meses, se construyó un bagaje cultural que no habría tenido de otra manera.

El capitán América y los singles 'de baratija'

"Me leí todos los libros de 'Los cinco'. Me leí todos los cómics de Capitán América y Silver Surfer, el que editaba Ediciones Vértice", cuenta. Ediciones Vértice, para quien no lo sepa, era la editorial española que en los años 60 y 70 publicaba los tebeos de Marvel con aquella traducción a veces extraña pero que para toda una generación fue la puerta de entrada a ese universo.

Y también descubrió mucha música. "Escuchaba en el pick-up de mi tía todos los singles que me traía de baratija que había en los sitios de cajas. Me los tragué todos. Todos los de la época me los tragué", asegura.

Loquillo recibiendo la medalla de oro del Mérito en las Bellas Artes de mano de los reyes en 2016.

Loquillo recibiendo la medalla de oro del Mérito en las Bellas Artes de mano de los reyes en 2016. / Gtres

Pero la enfermedad no solo le dejó cultura. Le dejó también centímetros. "Hice un estirón de unos ocho o nueve centímetros", explica. Y cuando salió de aquella habitación, la ropa que tenía ya no le valía. Tuvieron que renovar todo su vestuario, una muestra más de que el niño que entró en aquella habitación y el que salió tres meses después no eran exactamente el mismo. Ni en sentido literal ni en ningún otro sentido.

"Salí distinto", asegura, pues salió con más conocimiento, con más referentes, con más música, con ocho centímetros de más y con toda la ropa sin poder abotonar. Salió siendo ya, aunque él no lo supiera todavía, algo parecido a lo que iba a ser el resto de su vida.