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José Sacristán (88 años), sobre la relación con su padre, encarcelado durante el franquismo: "Era imposible reclamarle cualquier cosa que se pareciera a la ternura"

El actor ha recordado cómo fue su infancia en Chinchón en los años 40.

José Sacristán recuerda cómo fue su dura infancia en la posguerra.

José Sacristán recuerda cómo fue su dura infancia en la posguerra. / Gtres

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José Sacristán, uno de los grandes nombres de la interpretación española y dueño de una larguísima trayectoria entre el cine, el teatro y la televisión, ha hablado en varias ocasiones de su infancia y de cómo aquellos primeros años estuvieron profundamente marcados por la figura de su padre.

El actor, recuerda una niñez dura en el Chinchón de los años 40, en plena posguerra, un tiempo atravesado por el hambre, las ausencias y las heridas que dejó el franquismo en muchas familias.

José Sacristán inició su carrera en los años 60

José Sacristán inició su carrera en los años 60 / Getty

En una entrevista recogida por 'El Español', el actor ha hablado de la relación con su padre, Venancio, a quien apenas pudo acercarse durante sus primeros años de vida: "Era imposible reclamarle cualquier cosa que se pareciera a la ternura". Su padre estuvo encarcelado durante el franquismo por su apoyo al bando republicano, una ausencia que marcó los primeros años de vida de José Sacristán y la dinámica emocional de toda la familia.

Una de las imágenes que el propio actor reconoce que le marcó para siempre es la de conocer a su padre a través de las alambradas de un campo de concentración en Toledo, un recuerdo que, según ha contado, sigue llevando consigo pese al tiempo que ya ha pasado de aquel momento.

Su infancia en Chinchón

José Sacristán nació en Chinchón, Madrid, en 1937, en plena Guerra Civil. Su infancia transcurrió en un país empobrecido, herido y vigilado, donde muchas familias arrastraban las consecuencias de la derrota, la represión y el miedo. En su caso, esa historia entró directamente en casa: Venancio, su padre, fue encarcelado, y su madre, Nati, tuvo que moverse entre cárceles y responsabilidades familiares.

Jose Sacristán, en la presentación deQuatretondetaen el Festival de Cine de Málaga.

Jose Sacristán, en la presentación deQuatretondetaen el Festival de Cine de Málaga. / Gtres

El Chinchón de los años cuarenta que describe Sacristán poco tiene que ver con la imagen pintoresca que hoy asociamos a ese pueblo madrileño. Fueron, en sus propias palabras, unos primeros años duros, marcados por el hambre y por las ausencias que dejó la guerra. De hecho, el propio actor ha recordado que de pequeño había calles enteras por las que, simplemente, era mejor no pasar cuando iba de la mano de su abuela.

En ese contexto tan hostil, si hubo un refugio real para José Sacristán, ese fue su madre. Nati, como la llamaba con cariño, se convirtió en su refuigio: "Mi madre era mi cómplice, mi alegría, cuando ella aparecía era todo celebración. No había un sitio en el que se estuviera mejor".

Jose Sacristán, en la fiesta de los nominados a los Goya 2015

Jose Sacristán, en la fiesta de los nominados a los Goya 2015 / Gtres

Curiosamente, fue el propio Venancio quien empujó a su hijo hacia un oficio "seguro": Sacristán empezó a trabajar como mecánico, siguiendo el deseo de su padre de que tuviera un futuro estable, antes de dar el salto definitivo hacia la interpretación, un mundo que descubrió, según cuenta él mismo, "refugiándose en la platea de un cine de pueblo para escapar durante un rato de la dureza del franquismo".