Marcos Martínez, Grison (41 años), sobre cómo superó la adolescencia: "Salí de la secundaria completamente perdido"
El ejemplo perfecto de que no saber qué quieres hacer a los 18 no significa que no vayas a acabar encontrando algo que se te dé increíblemente bien.

Grison y sus problemas de adolescencia / Gtres
Hay personas que parecen haber nacido sabiendo perfectamente cuál era su sitio en el mundo. Como si siempre hubieran tenido claro qué querían hacer, por dónde tirar y cómo convertirlo en una carrera. Y luego estamos los demás mortales, entre los que se incluye Grison, que justamente hemos experimentado lo contrario. Porque sí, ahora le vemos triunfando, siendo uno de los rostros más reconocibles de la tele, pero su historia empieza con el mismo cacao mental que hemos tenido todos al terminar el instituto.
"Yo salí de la secundaria completamente perdido, sin saber lo que quería hacer en mi vida", cuenta. Y la frase resume bastante bien una sensación con la que muchísima gente conecta al instante. Porque no todo el mundo fue ese adolescente centrado, brillante y con vocación clarísima. Hay quienes pasaron por el instituto como pudieron, sintiéndose fuera de lugar, acumulando broncas y con la sensación constante de que el sistema no estaba hecho para ellos. Y Grison, nombre artístico de Marcos Martínez, por lo que cuenta, era bastante eso, aunque ahora se plantee un futuro diferente.
El típico chaval que no encajaba
El relato de Grison sobre la etapa escolar es bastante claro y también bastante reconocible para mucha gente. "Yo de pequeño era el típico chaval que estaba todo el día en jefatura de estudios y me comía mogollón de broncotes porque no me adaptaba al sistema educativo para nada", explica.

Gtres
No habla desde el dramatismo, sino desde esa mezcla suya entre ironía y verdad bastante cruda. Pero debajo de la broma se entiende perfectamente lo que estaba pasando: no era un chico que encontrara fácilmente su sitio dentro de la estructura del colegio o del instituto. Y eso deja huella.

Grison cuenta cómo de perdido se sintió en su adolescencia al acabar el instituto. / Gtres
Cuenta que la primaria la llevó bien, pero que la secundaria fue fatal. "La secundaria muy mal, tío", dice de forma directa. Y añade: "He repetido y lo pasé mal".
Y es que, durante mucho tiempo se ha contado fatal la historia de quienes no encajaban bien en el sistema educativo. Como si repetir curso, no adaptarse o no saber qué hacer contigo mismo significara automáticamente que ibas mal en la vida. Y no siempre es así. A veces simplemente significa que todavía no has encontrado el lugar donde todo eso que llevas dentro encaja.
Probablemente lo más importante de todo lo que cuenta es esa idea de salir del instituto sin ningún tipo de brújula. "Yo salí de la secundaria completamente perdido sin saber lo que quería hacer en mi vida ni nada de nada", insiste.
Y esa frase, aunque la suelte con su tono de risas habitual, tiene bastante peso. Porque hay una edad en la que parece que todo el mundo tiene que decidir rapidísimo quién quiere ser, qué va a estudiar, hacia dónde va su vida y qué va a hacer con su futuro. Pero la realidad es que muchísima gente no lo sabe. Y no lo sabe porque nadie le ha ayudado a descubrirlo, porque no ha encontrado todavía su lenguaje o, simplemente, porque hay procesos que no van a la misma velocidad.
Grison incluso introduce una reflexión que tiene mucho sentido: "No había tantas herramientas para intentar dirigir a una persona". Y es verdad. Durante mucho tiempo, si no encajabas en el modelo más clásico de estudiante, parecía que simplemente eras problemático, vago o disperso. No se hablaba tanto de otras formas de aprender, de otros ritmos, de creatividad, de habilidades no académicas o de trayectorias menos lineales.

Grison tuvo que pasar por alguna que otra 'crisis existencial' antes de encontrar su camino. / Gtres
La música como 'terapia' y como guía
En medio de todo ese desorden, hubo algo que sí aparecía como un punto más claro: la música. No desde una formación académica estricta, ni desde el típico recorrido de niño prodigio que entra en conservatorio con siete años. Más bien desde la curiosidad y el gusto genuino.
"Yo siempre he tenido un profesor de guitarra", cuenta. Y añade que lleva tocando desde los 13 o 14 años. No había una gran planificación detrás, porque no sabía que iba a ser una parte tan improtante de su vida, per siempre estuvo ahí. "No me he metido nunca en un conservatorio", explica. Y sobre sus padres añade algo bastante bonito: "Mis padres, por suerte o por desgracia, no tenían esa formación y a mí me dejaban ahí con la guitarra".

Grison (cuando ya supo qué hacer con su vida) / Gtres
No ejercían sobre él una presión desmedida, ni intentaban realizar sus sueños frustrados a través de su hijo. "Tampoco ha habido nunca un ánimo de mis padres de verse realizados en mí", dice.
Y eso, visto con perspectiva, seguramente fue más importante de lo que parece. Porque le permitió desarrollar esa parte musical desde un lugar bastante libre, sin sentir que tenía que cumplir una expectativa ajena.
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