Fernando Tejero (61 años): "Sabía de la existencia de mis padres, vivíamos en la misma ciudad, pero los veía muy poco"
El actor, famoso por sus papeles en 'Aquí no hay quien viva' y 'La que se avecina' ha hablado de las inseguridades que desarrolló en la infancia y que le han acompañado mucho tiempo.

Fernando Tejero ha contando algunos momentos complicados de su infancia. / Gtres
A Fernando Tejero siempre lo hemos visto como ese actor con una vis cómica brutal, muy cercano, muy natural y con personajes que ya forman parte de la historia de la tele en España. Pero detrás de esa imagen tan reconocible hay una historia personal bastante más dura de lo que mucha gente imagina. Y es que, el actor cordobés ha contado que su infancia no fue nada fácil y que creció con una sensación de vacío bastante grande.
"Sabía de la existencia de mis padres, vivíamos en la misma ciudad, pero los veía muy poco", ha dicho, y la verdad es que impacta. Porque una cosa es crecer lejos de tus padres y otra muy distinta saber que están ahí, relativamente cerca, pero no tenerlos realmente presentes en tu día a día. Según ha contado en una entrevista a 'El País', Fernando pasó gran parte de su infancia criado por sus tíos abuelos, con los que vivió desde que era un bebé hasta los 14 años. Durante todo ese tiempo sabía perfectamente quiénes eran sus padres, pero la relación con ellos era escasa y eso, como es lógico, le marcó muchísimo.

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Una infancia complicada que podría haber terminado muy mal
Fernando nació en Córdoba y fue su tía abuela quien se hizo cargo de él siendo muy pequeño. Vivió con ella hasta la adolescencia, y fue entonces, cuando ella enfermó, cuando tuvo que volver a casa de sus padres. Ese cambio, claro, no debió de ser precisamente fácil.
Lo más duro de su relato no es solo la distancia con sus padres, sino cómo la vivió él. Durante mucho tiempo, por lo que ha explicado, sintió que no le querían. Y esa es una herida muy profunda para cualquier niño. Porque cuando creces sintiendo que tus padres están, pero no contigo, es muy fácil que acabes interpretando esa ausencia como una falta de amor.
Y eso le pasó factura. Él mismo ha contado que durante mucho tiempo le costó mucho quererse, relacionarse y hasta aceptar el cariño de los demás. Como si en el fondo llevara metida esa idea de que no merecía del todo ser querido.
Por suerte, apareció algo que terminó cambiándolo todo: la interpretación.

Fernando Tejero cuenta como fue su complicada infancia. / Gtres
El teatro fue su salvación
Como les ha pasado a muchos artistas, el teatro fue para Fernando Tejero mucho más que una profesión. Fue una vía de escape, una forma de encontrarse y también de ordenar un poco todo lo que llevaba dentro. Antes de dedicarse a la interpretación trabajó en la pescadería familiar, pero poco a poco fue acercándose al mundo del teatro hasta que acabó encontrando ahí su sitio.
Y menos mal. Porque después llegarían los éxitos que ya conocemos: 'Aquí no hay quien viva', 'La que se avecina', un montón de papeles en cine y televisión y hasta un Premio Goya por 'Días de fútbol'. Pero detrás de todo eso había una historia personal muy dura que, seguramente, también explica parte de la sensibilidad y la verdad que transmite como actor.

Malena Alterio y Fernando Tejero / Gtres
Con el tiempo ha conseguido recomponer la relación con sus padres
Lo bueno de todo esto es que la historia no se quedó atrapada en el dolor. Fernando ha explicado también que, con los años, con terapia y con mucho trabajo personal, ha conseguido reconstruir la relación con sus padres. Hoy el vínculo con ellos es bueno, algo que demuestra que, aunque ciertas heridas no se borran del todo, sí se pueden recolocar y mirar desde otro sitio.
Y eso me parece importante. Porque su historia no va solo de una infancia difícil, sino también de cómo alguien puede salir adelante, entender su pasado y seguir construyéndose sin quedarse atrapado ahí para siempre.

Fernando Tejero y su Emilio, con el que alcanzó la fama nacional / Gtres
Quizá lo que más cambia la forma de mirar a Fernando Tejero es precisamente eso: entender que detrás del actor divertido, cercano y carismático que conocemos había un niño con mucha necesidad de cariño, con muchas preguntas y con una sensación de soledad bastante grande.
Y eso hace que todo se vea de otra manera. Que entiendas mejor de dónde viene cierta fragilidad, cierta intensidad y también esa sensibilidad.
Al final, la historia de Fernando Tejero no es solo la de un actor de éxito. También es la de un niño que creció lejos de sus padres, que se sintió solo durante mucho tiempo y que, aun así, encontró la manera de salir adelante.
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