Tramas de pelis y series que normalizaban comportamientos que hoy nos chirrían (y bastante): de 'Friends' a 'Aída' o 'Aquí no hay quien viva'
La mejor noticia de todo esto es precisamente esa: que hoy nos chirríen. Que veamos estas tramas y entendamos mejor dónde estaba la romantización, dónde el sesgo y dónde la pereza narrativa.

Las tramas de series y películas que antes nos parecían normales y ahora, un cuadro.
Hay algo muy curioso cuando vuelves a ver series o pelis que adorabas hace años: de pronto te descubres disfrutándolas, sí, pero también frunciendo el ceño cada diez minutos. No porque hayan dejado de ser entretenidas, sino porque muchas de sus tramas estaban construidas sobre comportamientos que entonces se nos vendían como normales, románticos o incluso graciosos… y que hoy, sinceramente, nos dan bastante reparo.
Y no, no hablamos solo de grandes escándalos argumentales. Hablamos de cosas pequeñas, cotidianas, de esas que estaban tan integradas en la ficción que ni siquiera se cuestionaban: insistir hasta que la otra persona cedía, bromear constantemente sobre el físico, presentar los celos como una prueba de amor o hacer del caos emocional masculino un problema que debía resolver una mujer paciente y entregada.
Lo interesante no es solo detectar esas tramas ahora, sino entender por qué antes pasaban tan desapercibidas. Porque sí, hemos cambiado. Y menos mal, porque es todo un AARG! bastante revisable.

Los protagonistas de la serie 'You' / D.R.
El acoso disfrazado de romanticismo
Si hay una trama que ha envejecido regular tirando a fatal, es esa en la que un personaje insiste, insiste e insiste hasta que consigue que la otra persona le haga caso. Da igual que ella haya dicho que no, que no quiera salir, que no esté interesada o que directamente lo esquive. La ficción de los 90 y los 2000 nos enseñó durante años que la perseverancia romántica era sexy, adorable y digna de premio. Hablamos de 'El diario de Noa' o 'Love Actually' (lo de los carteles... bueno).

El diario de Noa te enseñó lo de que 'quien la sigue, la consigue', pero no / New Line Cinema
Hoy lo vemos y pensamos: perdona, esto no es insistencia encantadora, esto es no aceptar un límite.
Durante mucho tiempo se normalizó la idea de que si un hombre no se rendía, era porque estaba enamorado de verdad. Y que si una mujer acababa cediendo, entonces todo había valido la pena. Como si el consentimiento fuera una cuestión negociable y no una respuesta que debería bastar a la primera.
Los celos como prueba de amor
Otra joyita que nos tragamos durante años fue la de los celos intensos presentados como sinónimo de pasión. Cuanto más te vigilaba, más te quería. Cuanto peor llevaba que hablaras con otra persona, más importante eras para él. Y si montaba una escena tremenda, bueno… era porque estaba muy enamorado.
No. Era porque no sabía gestionar sus emociones sin convertirlas en un problema ajeno. Díselo a Ross Geller con Rachel Green en 'Friends' o, perdona, esto va a doler, Edward con Bella en 'Crepúsculo'.

Edward Cullen mirando a Bella dormir, red flag / Summit Entertainment
La ficción romantizó muchísimo esas dinámicas. Parejas donde el control se confundía con intensidad, donde revisar el móvil parecía una travesura y donde discutir por cualquier tercero era poco menos que señal de química irresistible. Hoy, por suerte, nos chirría bastante más. Porque una cosa es sentir inseguridad y otra convertirla en una trama romántica aplaudible.
El "ya cambiará por amor"
Pocas tramas más persistentes que esta: el personaje masculino emocionalmente inaccesible, inmaduro, conflictivo o directamente un desastre, que encuentra a la mujer correcta y, gracias a su paciencia infinita, mejora. O eso se suponía.
El problema no es que los personajes evolucionen. El problema es que durante años se colocó sobre los hombros femeninos una misión agotadora: salvar emocionalmente a hombres que no tenían ninguna intención real de arreglarse solos. Empezamos adorando lo de 'La Bella y la Bestia', que, en fin, seguimos con Chuck y Blair en 'Gossip Girl', después 'Cómo conocí a vuestra madre'... Y, bueno, es que hasta 'Grease' traía ese mensaje.

Blair y Chuck dándose un beso. / D.R.
Ella debía entender, esperar, justificar, perdonar y ver más allá del desastre. Porque claro, "en el fondo" era bueno. "En el fondo" estaba roto. "En el fondo" nadie le había querido bien. Y ahí entraba ella, convertida en mezcla de novia, terapeuta y faro existencial.
Hoy esta trama nos agota bastante más. Entre otras cosas, porque ya no parece romántica: parece muchísimo trabajo no remunerado.
Las bromas sobre el físico como humor blanco
Durante años, las series y películas hicieron del cuerpo ajeno un recurso cómico comodísimo. El personaje gordo, la amiga “menos agraciada”, el hombre calvo, la chica con aparato, la que tenía demasiado pecho o demasiado poco… todo servía para hacer chistes rápidos y que el público se riera sin pensar demasiado.
Especialmente llamativo era cómo se utilizaba el pasado físico de algunos personajes como gag recurrente, como si haber tenido otro cuerpo fuera una humillación perpetua que la ficción podía explotar durante cinco temporadas. Es lo que se hacía con Monica en 'Friends', claro, pero 'Betty la Fea' jugaba a lo mismo, así como 'Bridget Jones'. Incluso 'Aquí no hay quien viva' jugaba (esto duele) con el físico como chiste: la alopecia, la apariencia e incluso la vejez son excusa para una broma.
Hoy esas tramas nos incomodan mucho más porque ya no nos parecen inocentes. Entendemos mejor que el humor también construye imaginarios, que repetir ciertas burlas normaliza ciertos desprecios y que no, no todo vale si la risa siempre cae sobre el mismo tipo de cuerpo.

Mónica Geller en su pasado con sobrepeso en Friends / D.R
La homofobia y el machismo casual como simple "contexto"
Muchas ficciones antiguas están llenas de pequeñas frases, comentarios y bromas que en su momento se consideraban normales y que hoy resultan bastante incómodas. Chistes sobre la masculinidad de un personaje, pánico constante a parecer "poco hombre", burlas hacia cualquier gesto leído como afeminado o comentarios machistas tratados como costumbrismo simpático.

Mauri y Fer hicieron mucho por el colectivo LGTBIQ+ pero también se rodeaban de chistes homófobos / Antena 3 Televisión
Lo más llamativo es que muchas veces ni siquiera formaban parte de una trama concreta: estaban en el ambiente, en los diálogos, en ese ruido de fondo cultural que casi nadie señalaba. Precisamente por eso hoy nos chocan más. Porque no eran un personaje malo diciendo algo horrible. Eran varios personajes, en varias series, en varios contextos, repitiendo ideas que se habían normalizado tanto que parecían invisibles. Volvemos a 'Friends', pero también a lo que se decía sobre Mauri y Fernando en 'Aquí no hay quien viva' o sobre Fidel en 'Aída'.
Relaciones entre adultos y adolescentes tratadas con demasiada ligereza
Otra trama que ha envejecido especialmente mal es la de relaciones con una diferencia de edad clarísima, sobre todo cuando una de las partes era menor o muy joven, y la ficción decidía contarlo como algo sofisticado, prohibido o emocionante. La relación profesor-alumna tuvo su cosa en 'Dawson crece', por ejemplo, en 'Friends' (no se libra de una) y hasta en 'Pretty little liars'.

Joey liándose con su profe en 'Dawson crece' no te lo viste venir / Warner Bross.
En muchas series y películas se trataban vínculos profundamente desequilibrados como si fueran romances escandalosos pero atractivos, sin detenerse demasiado en el abuso de poder, la manipulación o la inmadurez de base. Hoy esas historias se leen con muchísima más incomodidad. Y es lógico.
Sin embargo, esto no significa que ya no podamos disfrutar de esas series o películas. Significa que las vemos con más distancia, más contexto y bastante más criterio. Y eso también tiene algo muy satisfactorio.
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